viernes, 22 de febrero de 2008

Perdón, más no olvido

Por Juan Antonio Ruiz Romero
Febrero 21 de 2008

Un municipio con 52 pandillas juveniles, niños sicarios, lucha territorial por los expendios de droga, homicidios en aumento, cartera vencida de servicios públicos por 4 mil 500 millones de pesos, con la malla vial destruida, crecimiento urbanístico desordenado y una clase política mediocre, que se la ha pasado “dejando huella” de incapacidad, indiferencia y, en numerosas ocasiones de corrupción, es un verdadero coctel explosivo, que impide la meta de volver a Dosquebradas Digna.

Nadie se explica que, de las mismas calles polvorientas que recorren jovencitos armados y con un futuro incierto, hayan salido también los ex gobernadores Diego Patiño Amariles, Roberto Gálvez Montealegre y Carlos Alberto Botero; el dos veces alcalde y hoy senador Germán Aguirre Muñoz, el diputado y ex candidato a la Gobernación Mario Marín Hincapié, y varios otros dirigentes como el ex alcalde Uberney Marín y el ex gerente de Serviciudad Guillermo Pérez, quienes hace poco anunciaron sus candidaturas a la Cámara de Representantes.

Lo que no parece ser proporcional a las curules en el Congreso, Asamblea y a los cargos de elección popular que ha conseguido el partido Liberal con los votos de sus seguidores en Dosquebradas, es la exclusión social evidente en amplios sectores del municipio, la miseria sin freno, la falta de oportunidades y, lo peor, la desesperanza que acompaña a cientos de miles de ciudadanos.

Por ello no deben sorprender las declaraciones del diputado Ernesto Zuluaga Ramírez, según las cuales, pidió perdón por las actuaciones de los alcaldes liberales en Dosquebradas y confesó que siente vergüenza “de pertenecer a un partido que no ha estado a la altura de ese municipio”.

De inmediato, el representante Juan Carlos Valencia, en su habitual tono conciliador, aseguró que “ha (sic) habido desaciertos, pero también hay que decir que hay aciertos importantes y que el Partido Liberal ha estado ligado al desarrollo de Dosquebradas”.

Unos días más tarde, el ex alcalde, ex gobernador y hoy representante a la Cámara Diego Patiño dijo que “a pesar de las actuaciones cuestionables de algunos de los gobernantes liberales, nadie puede desconocer la enorme contribución que el Partido Liberal ha hecho al progreso de Dosquebradas mediante un trabajo concertado con las comunidades. Agregó que quienes han incurrido en conductas irregulares, deberán responder por sus actos ante las autoridades competentes, sin que ello implique un juicio de responsabilidades al liberalismo”.

Quién todavía no se pronuncia es el senador Germán Aguirre, quién hace dos años, antes de trastearse para Pereira, pidió que no lo siguieran identificando con Dosquebradas, ya que su curul y proyección política eran nacionales. Tal vez está de campaña política en Boyacá o Cundinamarca.

A estas alturas, cuatro meses después de la aplastante derrota de octubre de 2007, el partido liberal aún no asume el análisis de su fracaso electoral, de la pérdida de la Gobernación de Risaralda y de las alcaldías de Pereira, Dosquebradas, La Virginia, Marsella y Quinchía.

Hasta ahora se quedaron criticando, lanzando piedras y mirando con nostalgia como cogobiernan el senador Habib Merheg y el ex representante Octavio Carmona, quiénes, ahora que caigo en cuenta, empezaron sus exitosas carreras políticas en las filas del liberalismo.