Por Juan Antonio Ruiz Romero
Dice el adagio popular que “en abril aguas mil”. Pero, este año, ni siquiera los más expertos meteorólogos pudieron pronosticar las tormentas políticas y escándalos que cayeron durante los días de abril sobre algunos de los presidentes del continente americano.
Más allá de los debates en la Cumbre de las Américas, el mandatario paraguayo Fernando Lugo no olvidará este mes, porque fue en el cual “le recordaron” algunas de sus travesuras sexuales como obispo, de las cuales quedaron, hasta hoy, tres hijos sin apellido, en una demostración de que no solo es prolífico en sus discursos.
Al presidente peruano Alan García, que estaba subiendo en las encuestas, con la perspectiva de que su país tendrá en 2009 el mayor crecimiento económico de la región y el anuncio de la Walt Disney Corporation de que construirá cerca de Lima, el primer parque temático para Latinoamérica, abril le trajo una nube negra y dolorosa, con la reactivación del grupo terrorista Sendero Luminoso que dejó, en dos emboscadas, 14 militares muertos.
En Argentina, la tormenta del cuarto mes del año también causó destrozos. En medio de un intenso debate sobre el incremento de la inseguridad en esa nación austral, los amigos de la ajeno se robaron, de la mismísima Casa Rosada -sede del gobierno- la banda presidencial y el bastón de mando que pertenecieron al ex mandatario argentino Arturo Frondizi. El hurto fue tan contundente que la presidenta Cristina Fernández, en este caso, no pudo culpar a los medios de comunicación de ser los causantes de “esa sensación de inseguridad” que agobia a los compatriotas de Maradona.
El ciudadano presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que cada vez se consolida como ciudadano dictador, mostró en abril el cobre y sus cartas para eliminar a la oposición. Ante la derrota chavista en las urnas en la alcaldía de Caracas, le nombró jefa al mandatario electo Antonio Ledezma. Al mismo tiempo, se expidieron órdenes de captura contra el ex ministro de Defensa y ex compañero de Chavéz, Raúl Isaías Baduel, y contra el ex gobernador de Zulia y alcalde de Maracaibo Manuel Rosales, quién logró huir del país y pedir asilo político en Lima.
Hasta el carismático presidente de Estados Unidos sufrió los efectos de abril. A pesar de las evidencias de violación a los derechos humanos por parte de agentes de la CIA, en la denominada “guerra contra el terrorismo” de Bush, Obama resolvió no procesar a los culpables. De inmediato el relator de Naciones Unidas Manfred Nowak le recordó que esa decisión es una violación del derecho internacional y de la convención de la ONU contra la tortura, que obliga a los gobiernos a realizar investigaciones criminales y a llevar ante un tribunal a todos los responsables.
Y si por el vecindario llueve en abril, en Colombia no escampa. Las denuncias sobre los jugosos beneficios económicos obtenidos por los hijos del presidente Álvaro Uribe Vélez con el cambio de uso del suelo de lotes agrícolas que se volvieron zona franca en Mosquera, Cundinamarca, tomaron por sorpresa al gobierno, que como estrategia para poner a la gente a hablar de otra cosa modificó, de un día para otro, su política frente al precio de la gasolina y anunció una rebaja de 400 pesos el galón, a partir de mayo.
Al fin y al cabo, esas noticias sobre Tomás y Jerónimo pueden hacerle daño a la confianza inversionista de quienes no son hijos del presidente, ni pueden acceder a información privilegiada, ni tienen amigos en los Ministerios de Hacienda, Comercio Exterior, Planeación Nacional y la Dian. Para esas tormentas de favoritismo y tráfico de influencias, los paraguas no son suficientes.
Por ausencia del autor esta columna no será publicada en las próximas semanas.
miércoles, 22 de abril de 2009
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