miércoles, 12 de marzo de 2008

Farc…alfabetización

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Cuando uno escucha las precarias declaraciones de las personas que han pertenecido a un grupo armado ilegal, se da cuenta de la importancia de la educación en el proceso de construir un país diferente.

El comandante de las FARC, Manuel Marulanda, confesó en el discurso que mandó a leer en San Vicente del Caguán, que decidió volverse guerrillero porque, en mayo de 1964, en la toma de Marquetalia, por el Ejército Nacional, le bombardearon las matas de plátano y le mataron sus marranos y gallinas.

Aunque podría parecer un hecho insignificante frente a las muertes de miles de seres humanos que ha dejado el conflicto interno en los últimos 45 años, es la mejor demostración de la falta de reconocimiento de los sucesivos gobiernos a las entonces pequeñas reivindicaciones de un grupo de campesinos del Tolima y Huila.

¿Se imaginan lo que hubiera pasado si en lugar de perseguir a sangre y fuego a ese grupo de 48 rebeldes, el gobierno los hubiera escuchado y discutido con ellos sus propuestas?

Tal como lo menciona el Informe Nacional de Desarrollo Humano, efectuado en 2003, por el programa de las Naciones Unidas “la guerrilla no ha podido triunfar, porque no hay condiciones para que lo haga, y el Estado no ha podido derrotarla ni negociar con ella, porque por años se desentendió del conflicto. Entretanto, el precio pagado en opciones de vida, educación y bienestar truncadas ha sido tremendo”.

Hace algunas días, a raíz de la propuesta del presidente Chávez de reconocer la beligerancia como actores armados a las FARC y al ELN, la revista Semana contó una anécdota del ex comisionado de Paz Camilo Gómez. “En 2001, durante el proceso de paz del Caguán, en una discusión sobre el acuerdo humanitario, el jefe de las Farc dijo que la guerrilla era una fuerza beligerante. Gómez le contestó que la beligerancia implicaba cumplir con el DIH. A esto ‘Tirofijo’ preguntó: “¿Y eso qué es?” El Comisionado le respondió: “Es Derecho Internacional Humanitario, cuyas normas están en los Protocolos de Ginebra”. Marulanda afirmó que él no cumplía “eso” porque nadie lo había invitado a la firma de tales papeles.”

¿Se imaginan quién sería Manuel Marulanda si hubiera tenido la oportunidad de culminar sus estudios de primaria, secundaria y de nivel técnico o profesional? Por lo menos sería un interlocutor con mucha más capacidad ideológica y argumentativa. De hecho, el ascenso vertiginoso de Raúl Reyes en las FARC y su ingreso al secretariado fue por su formación sindical y en cuadros directivos comunistas, primero en Rusia y luego en la entonces Alemania Oriental.

Y acercándonos más a la región cafetera, en entrevista a LA TARDE el miércoles 12 de marzo, Pablo de Jesús Montoya, alias “Rojas”, verdugo del jefe guerrillero Iván Ríos, asegura que no es un asesino. “El asesino es la persona que mata por sueldo, me imagino yo”. A alias “Rojas” le deben pagar la recompensa y mandarlo fuera del país, no por la muerte de uno de los integrantes del secretariado de las FARC, sino porque es de una ingenuidad sublime.

Aunque existe un principio universal del derecho: “el desconocimiento de la ley no sirve de excusa”, a los jurisconsultos colombianos les va a tocar mandar a la selva copias de la Constitución, los códigos penales y las más elementales normas de convivencia para empezar a FARC…alfabetizar a los guerrilleros y facilitarles el acceso al conocimiento para que dejen de estar al margen de la ley… al margen de la educación, al margen del croquis colombiano.



martes, 11 de marzo de 2008

Tiempo de camuflados

Por Juan Antonio Ruiz Romero

La muerte reciente del guerrillero Raúl Reyes y las reacciones de los gobiernos de Ecuador y Venezuela, nos recordaron a los colombianos que estamos en guerra. Una larga y extenuante guerra de más de 40 años, en donde perdimos la cuenta de las bajas de lado y lado y en la cual, además de la guerrilla y la fuerza pública, han participado otros actores armados, como narcotraficantes y paramilitares. Un conflicto con víctimas de carne y hueso, de la sociedad civil, tan colombianos como nosotros.

Y ante la guerra, interna o externa, tenemos que prepararnos. Por eso, esta semana, con ese humor devastador con el cual tratamos de bajarle temperatura a todos nuestros problemas, las personas se saludaban y de inmediato preguntaban: ¿Ya compró su camuflado?

Y no se referían a los campamentos camuflados en países vecinos; ni a la gestión humanitaria camuflada de intereses políticos protagónicos; ni del guerrillero colombiano, camuflado como héroe de guerra en Venezuela; ni de la senadora camuflada como mano derecha de Chávez; ni de las declaraciones, con sabor a desquite, camufladas en denuncia ante la Corte Penal Internacional.

Ni siquiera se trataba de los pronunciamientos gremiales, camuflados de tranquilidad, a pesar del incierto panorama de las exportaciones colombianas; ni de las fiestas de stripper, camufladas de celebraciones del Día Internacional de la mujer; ni de las excusas camufladas de que ya marcharon en febrero, para no participar en la jornada por las víctimas de la violencia de este jueves 6 de marzo.

En realidad se referían al camuflado o traje de fatiga que utilizan las fuerzas militares. Y uno se imagina de pronto, como se verían, elegantes ejecutivos y destacadas mujeres de la economía, los negocios y la política, cambiando su vestuario cotidiano para ir a defender las fronteras. Sin dudas, sería una imagen muy particular. Tropas gomelas con gafas oscuras y marco que haga juego con el uniforme; bloqueador solar número 40, i-pod último modelo con audífonos para recibir las instrucciones; traje de combate con repelente de insectos incluido; celular de última generación, con Internet y cámara de video para que los vean en la casa desde el campo de batalla.

Además como requisito para “ir a defender el honor de la patria”, la exigencia al Ejército colombiano de tener valores agregados como masajista y médico deportólogo, para orientar el adiestramiento y la práctica militar enfocada a reducir colesterol y triglicéridos. Además la necesidad de peluqueros y chef. “-Es que, se imaginan, una acabada de levantar, con el pelo todo revolcado o peor, recién lavado y sin podérselo secar? Qué boleta… Ni siquiera el casco lo disimula…”
“-Además, si a uno lo incorporan, que por lo menos le garanticen una comida mejor que la de la casa. O sino pierden el tiempo. Porque agua de panela y enlatados, no pega…”

Y el horario de trabajo, debe acordarse entre las partes. “- Ojalá una jornada continua, por ahí desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde, porque ¡qué mamera! madrugar y menos trabajar hasta tarde. Puede que sea guerra, pero eso de horario extendido, nada que ver… Además, la noche es para unos chorros con los amigos, para mandarles mensajitos a las niñas por el bluetooth y ver que plan resulta. Además si lo que quieren es que uno vigile, mejor “hacemos vaca” y contratamos un celador…”

Así que, antes de enlistarse en las fuerzas de la reserva, piénselo bien y prepare su camuflado. Recuerde que en la frontera no lo puede comprar.