Por Juan Antonio Ruiz Romero
Cuándo el sábado 25 de julio de 2009, comience a sonar la música en el Centro de Convenciones de West Palm Beach, Florida, (EE.UU.) en el escenario no solo estará la “Invasión Reggaetón”.
Al lado de Zion y Lennox; de Jowel y Randy, estarán otros dos dúos, quizás menos conocidos, pero capaces de construir realidades y de mover montañas. Son los duetos de Josh y Juan y de Silvia y Clara.
Josh Llanos y Juan David Santamaría fueron hermanos. No importa que uno naciera en Colombia y el otro fuera hijo de puertorriqueños. No importa que sus apellidos fueran distintos. La amistad, la vida y la juventud los unieron y juntos compartieron los momentos más importantes. Desde su encuentro en el colegio de secundaria de Palm Beach Gardens, ambos se volvieron inseparables y trazaron sus metas profesionales alrededor de la música y de la industria del entretenimiento.
Cuándo ellos se fueron, surgió un valeroso y fortalecido dueto: Silvia Canales y Clara Santamaría, quienes, a pesar del dolor, asumieron el reto de concretar el sueño empresarial de Josh y Juan, de ser “Nitefinders”: buscadores de la noche, para llenarla de ritmo, sabor y alegría.
Con la capacidad administrativa innata de las mujeres, un poco de la intuición de madres y un empeño, a prueba de todo, Silvia y Clara pusieron en marcha un engranaje de más de un centenar de personas, a las que contagiaron de su arranque y entusiasmo.
Aunque no son empresarias de espectáculos, lograron lo que nadie había conseguido: llevar a West Palm Beach a grandes figuras de la música latina, como tributo a Josh y a Juan, los buscadores de la noche.
Por eso, cuándo, a las 8 de la noche, se apaguen las luces y a través de los altavoces del Centro de Convenciones se anuncie el inicio de la Invasión Reggaetón, sobre el escenario, además de los artistas, coros y canciones éxito, habrá una explosión de amor, una invasión de sentimientos y la sensación de que los sueños siempre se pueden lograr.
sábado, 25 de julio de 2009
Livianitos y desconectados
Por Juan Antonio Ruiz Romero
En febrero pasado, durante su permanencia en Pereira, el director de la Policía Nacional, general Oscar Naranjo advirtió, en una charla privada, que, en su mayoría, la dirigencia risaraldense era bastante liviana. Se refería a esa dificultad inmensa de pensar en grande, de asociarse, de trascender las rivalidades personales, de buscar propósitos colectivos.
Las cifras de desempleo y la compleja situación económica regional sirvieron, en su momento, para que el alcalde de Pereira Israel Londoño asumiera el liderazgo de movilizar al sector gremial y empresarial, los congresistas, las universidades, las administraciones públicas, en la elaboración de un documento, que permitiera visualizar salidas a corto, mediano y largo plazo.
Sin embargo, no fue suficiente. La presentación de dicha propuesta al presidente Uribe fue un auténtico caos. Un par de días antes, el gobernador Tamayo, pidió que incluyeran la cadena forestal “que es muy promisoria”, desconociendo que los cultivos de árboles requieren entre 10 y 20 años para madurar. La senadora María Isabel Mejía, quién acababa de llegar de Europa y desconocía el esfuerzo previo para la elaboración del documento, pedía 20 mil millones para el Parque de Flora y Fauna, como si estuviera en una subasta y diciéndole al presidente “que no fuera malito”. La senadora Cifuentes peleando, casi sola, por los recursos para la renovación del centro y la reorganización del espacio público de Pereira.
El denominado “Consultorio Empresarial” se volvió otro Consejo Comunitario, en el cual, al final, cada uno siguió pidiendo lo suyo, no lo de todos. Y, luego, nos quejamos de que en Caldas hayan aprobado documento Conpes con nombre propio, que autoricen vigencias futuras por 105 mil millones de pesos para el Aeropuerto de Palestina, que lo declaren proyecto estratégico nacional y que el gobierno central diga que carece de los 44 mil millones que necesita Matecaña.
Son tal livianitos nuestros voceros políticos, que le tocó al presidente de la ANDI, Luis Carlos Villegas, ese sí, literalmente, un peso pesado, convertirse en relator, facilitador y componedor del acta y de los compromisos del gobierno.
Pero además de livianitos, los funcionarios del departamento y nuestros municipios están tan desconectados, como los famosos conciertos del canal MTV. La promocionada “Llave de oro” de Israel y Víctor Manuel se trabó en la cerradura de la política menuda, en los mercados sociales que cada uno reparte por su lado y en los compromisos burocráticos y contractuales con sus aliados.
En una versión corregida y aumentada del Instituto de Lenguas Extranjeras; en el municipio de Pereira, en temas como el Fondo Pensional; la movilidad; el espacio público, el alcalde habla castizo; el gerente de la Promotora en rumano; el secretario de Hacienda en croata; el gerente del Área Metropolitana en suahili y el secretario de Gobierno en jerga parcera: ¿Qué hubo, papito? Y eso que todos son del Partido de La U. Lo que pasa es que están pensando más en la próxima campaña, que en el día y día de la ciudad.
Razón tenía, el general Naranjo.
En febrero pasado, durante su permanencia en Pereira, el director de la Policía Nacional, general Oscar Naranjo advirtió, en una charla privada, que, en su mayoría, la dirigencia risaraldense era bastante liviana. Se refería a esa dificultad inmensa de pensar en grande, de asociarse, de trascender las rivalidades personales, de buscar propósitos colectivos.
Las cifras de desempleo y la compleja situación económica regional sirvieron, en su momento, para que el alcalde de Pereira Israel Londoño asumiera el liderazgo de movilizar al sector gremial y empresarial, los congresistas, las universidades, las administraciones públicas, en la elaboración de un documento, que permitiera visualizar salidas a corto, mediano y largo plazo.
Sin embargo, no fue suficiente. La presentación de dicha propuesta al presidente Uribe fue un auténtico caos. Un par de días antes, el gobernador Tamayo, pidió que incluyeran la cadena forestal “que es muy promisoria”, desconociendo que los cultivos de árboles requieren entre 10 y 20 años para madurar. La senadora María Isabel Mejía, quién acababa de llegar de Europa y desconocía el esfuerzo previo para la elaboración del documento, pedía 20 mil millones para el Parque de Flora y Fauna, como si estuviera en una subasta y diciéndole al presidente “que no fuera malito”. La senadora Cifuentes peleando, casi sola, por los recursos para la renovación del centro y la reorganización del espacio público de Pereira.
El denominado “Consultorio Empresarial” se volvió otro Consejo Comunitario, en el cual, al final, cada uno siguió pidiendo lo suyo, no lo de todos. Y, luego, nos quejamos de que en Caldas hayan aprobado documento Conpes con nombre propio, que autoricen vigencias futuras por 105 mil millones de pesos para el Aeropuerto de Palestina, que lo declaren proyecto estratégico nacional y que el gobierno central diga que carece de los 44 mil millones que necesita Matecaña.
Son tal livianitos nuestros voceros políticos, que le tocó al presidente de la ANDI, Luis Carlos Villegas, ese sí, literalmente, un peso pesado, convertirse en relator, facilitador y componedor del acta y de los compromisos del gobierno.
Pero además de livianitos, los funcionarios del departamento y nuestros municipios están tan desconectados, como los famosos conciertos del canal MTV. La promocionada “Llave de oro” de Israel y Víctor Manuel se trabó en la cerradura de la política menuda, en los mercados sociales que cada uno reparte por su lado y en los compromisos burocráticos y contractuales con sus aliados.
En una versión corregida y aumentada del Instituto de Lenguas Extranjeras; en el municipio de Pereira, en temas como el Fondo Pensional; la movilidad; el espacio público, el alcalde habla castizo; el gerente de la Promotora en rumano; el secretario de Hacienda en croata; el gerente del Área Metropolitana en suahili y el secretario de Gobierno en jerga parcera: ¿Qué hubo, papito? Y eso que todos son del Partido de La U. Lo que pasa es que están pensando más en la próxima campaña, que en el día y día de la ciudad.
Razón tenía, el general Naranjo.
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