Por Juan Antonio Ruiz Romero
Quizás por los afanes para que el gobierno nacional lo incluyera en el Plan Nacional de Desarrollo y aprobara los recursos para su ejecución, el Sistema Integrado de Transporte Masivo, Megabús, se fundamentó en cifras muy optimistas, que hoy juegan en su contra.
De acuerdo con los pliegos de la convocatoria a los operadores del recaudo y de las cuencas de Pereira y Dosquebradas, 142 mil personas se movilizarían, cada día, en los buses articulados y en los alimentadores.
Sin embargo, aunque Megabús reporta alrededor de 115 mil pasajeros diarios de lunes a viernes, los recaudos hablan de un promedio de 96 mil usuarios día, por la disminución de viajeros el fin de semana. Eso quiere decir, un desfase entre 25 y 46 mil pasajeros diarios, lo cual desequilibra las finanzas de cualquier empresa, hasta el punto de atrasarse en el pago de salarios, seguridad social e intereses a las cesantías, como ocurrió con Promasivo. Por ese mismo desfase, Recisa, el operador de recaudo, acumula 17 mil millones de pesos en pérdidas en los 5 años de servicio.
Entre tanto, el sistema complementario de busetas anaranjadas atiende 150 mil pasajeros diarios y explota rutas muy rentables como las de la UTP, El Poblado, Ciudadela del Café, Kennedy y Villa Santana, por mencionar solo algunas; recorre trayectos compartidos con Megabús por las rutas troncales y de alimentadores; aprovecha los 5 años infructuosos que llevan hablando de integración y la incapacidad política manifiesta para ampliar las rutas del Transporte Masivo a la UTP, La Virginia y Puerto Caldas. Y en medio de la desidia oficial, aumenta el transporte pirata que mueve la poco despreciable de 3 mil millones de pesos al año y, por economía, miles de personas optan por la motocicleta como medio de transporte, aunque le limiten el parrillero hombre.
Si bien el gobierno nacional aportó el 70% de los dineros para la infraestructura del sistema, el gran problema es que Megabús carece de fuentes de financiación distintas a la tarifa, ya de por sí alta para 17 kilómetros de rutas troncales: $1.800 pesos y que se iguala al pasaje de Trasmilenio en Bogotá, en donde la oferta de rutas es muy superior. Esa debilidad concreta y el panorama general del Sistema llevan al juicioso concejal de Pereira Juan Carlos Reinales a advertir que el paro de ayer de los conductores de Promasivo, podría ser el primer paso del colapso de Megabús.
Y razón debe tener. Aunque contrataron parte de las obras para conectar la Avenida San Mateo, entre las Avenidas 30 de Agosto y Las Américas, Megabús carece de la totalidad de recursos para dicha obra. Así mismo, acaba de recibir el lote para el intercambiador de Dosquebradas, pero depende de las transferencias del gobierno nacional, porque hay poco flujo de caja. Esa falta de liquidez de Megabús se refleja en la falta de mantenimiento de intercambiadores, estaciones, andenes y señalización que se encuentran bastante descuidadas. Ojalá, mañana, la junta directiva de Megabús nos cuente que opina de estos temas y cómo piensa enfrentarlos.
miércoles, 7 de marzo de 2012
60 días de actitud y voluntad
Por Juan Antonio Ruiz Romero, marzo 1 de 2012
En los primeros dos meses de gestión, el alcalde de Pereira Enrique Vásquez Zuleta está demostrando talante, independencia y capacidad para tomar decisiones, incluso aquellas que pisen callos entre sus copartidarios o su antecesor.
Según se lo ha confesado a algunas personas cercanas, Vásquez quiere aprovechar la oportunidad política que tiene para convertirse en un mandatario, no solo recordado, sino admirado por los ciudadanos.
A diferencia de lo ocurrido en el cuatrienio anterior, las quejas de los gremios sobre clientelismo y la excluyente contratación en Aguas y Aguas y la dramática situación financiera de la ESE Salud Pereira, fueron enfrentadas con verticalidad, sin adornos ni excusas, tomando el toro por los cuernos.
A pesar de las restricciones de tiempo y de que puede estar en la mañana en Bogotá; en la tarde, con directivos, docentes, padres de familia y estudiantes de un colegio; más tarde, en una de las mesas del Plan de Desarrollo y en la noche, reunido con la junta de acción comunal de un corregimiento; Vásquez Zuleta ensanchó la agenda para presidir las juntas directivas de las empresas de servicios domiciliarios, enterarse de primera mano de lo que allí ocurre y explicar lo que espera de cada negocio.
Sin temores, el alcalde reconoce que no se las sabe todas, sabe escuchar a los dirigentes gremiales y empresariales, se ha rodeado de profesionales competentes como Carlos Arturo Caro; Juan David González; Adriana Vallejo, Beatriz Ramírez, Jorge Iván Arango o Diego Barragán, y asesores de la talla de Gabriel Jaime Vallejo, Hernán Roberto Meneses y Jhon Jairo Velásquez.
Además, Vásquez cuenta con una persona comprometida y voluntariosa en la Secretaría de Gobierno como Juan Carlos Valencia, a quien le tocó guerrear con uno de los despachos más complicados, por la gran cantidad de temas que maneja: espacio público, contaminación auditiva; explotación sexual infantil; habitantes de la calle, control físico, invasiones, expendios de droga, inseguridad, gestión del riesgo; pero además por la permisividad y la falta de autoridad de la pasada administración.
Como hasta ahora están comenzando, esperemos que el gobierno municipal logre un buen engranaje y que las acciones efectuadas durante los primeros 60 días sean solo un anticipo del esfuerzo institucional “Por una Pereira Mejor”.
Decían los abuelos que “desde el desayuno se sabe cómo va a ser el almuerzo” y por ahora, el alcalde Vásquez y su equipo empezaron el año con buenas calificaciones. Ojalá les duren las ganas, el impulso y la gasolina.
En los primeros dos meses de gestión, el alcalde de Pereira Enrique Vásquez Zuleta está demostrando talante, independencia y capacidad para tomar decisiones, incluso aquellas que pisen callos entre sus copartidarios o su antecesor.
Según se lo ha confesado a algunas personas cercanas, Vásquez quiere aprovechar la oportunidad política que tiene para convertirse en un mandatario, no solo recordado, sino admirado por los ciudadanos.
A diferencia de lo ocurrido en el cuatrienio anterior, las quejas de los gremios sobre clientelismo y la excluyente contratación en Aguas y Aguas y la dramática situación financiera de la ESE Salud Pereira, fueron enfrentadas con verticalidad, sin adornos ni excusas, tomando el toro por los cuernos.
A pesar de las restricciones de tiempo y de que puede estar en la mañana en Bogotá; en la tarde, con directivos, docentes, padres de familia y estudiantes de un colegio; más tarde, en una de las mesas del Plan de Desarrollo y en la noche, reunido con la junta de acción comunal de un corregimiento; Vásquez Zuleta ensanchó la agenda para presidir las juntas directivas de las empresas de servicios domiciliarios, enterarse de primera mano de lo que allí ocurre y explicar lo que espera de cada negocio.
Sin temores, el alcalde reconoce que no se las sabe todas, sabe escuchar a los dirigentes gremiales y empresariales, se ha rodeado de profesionales competentes como Carlos Arturo Caro; Juan David González; Adriana Vallejo, Beatriz Ramírez, Jorge Iván Arango o Diego Barragán, y asesores de la talla de Gabriel Jaime Vallejo, Hernán Roberto Meneses y Jhon Jairo Velásquez.
Además, Vásquez cuenta con una persona comprometida y voluntariosa en la Secretaría de Gobierno como Juan Carlos Valencia, a quien le tocó guerrear con uno de los despachos más complicados, por la gran cantidad de temas que maneja: espacio público, contaminación auditiva; explotación sexual infantil; habitantes de la calle, control físico, invasiones, expendios de droga, inseguridad, gestión del riesgo; pero además por la permisividad y la falta de autoridad de la pasada administración.
Como hasta ahora están comenzando, esperemos que el gobierno municipal logre un buen engranaje y que las acciones efectuadas durante los primeros 60 días sean solo un anticipo del esfuerzo institucional “Por una Pereira Mejor”.
Decían los abuelos que “desde el desayuno se sabe cómo va a ser el almuerzo” y por ahora, el alcalde Vásquez y su equipo empezaron el año con buenas calificaciones. Ojalá les duren las ganas, el impulso y la gasolina.
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