Por Juan Antonio Ruiz Romero
Por aquellas vueltas del destino y quizás un poco cansados de hablar de la reelección, las cifras de desempleo, la desaceleración de la economía y las salvaguardas cambiarias de Ecuador, durante la última semana las noticias con mayor despliegue mediático han sido la cacería de hipopótamos por el Magdalena Medio, avalada por el Ministerio de Ambiente, y la “pelotera” que se armó con la Corporación Pro Reinados alrededor de la designación de la candidata de Risaralda al Concurso de Cartagena.
En cualquier país del mundo, el Ministro de Ambiente no solo habría sido removido, sino lanzado al agua, con los propios hipopótamos. Aquí, por aquello de la “seguridad democrática”, se autoriza el tiro al blanco y además los soldados se toman foto con el trofeo de caza.
La otra noticia parece del Medioevo. Un caballero feudal, que en nombre de los más altos intereses (¿de quién, o de quiénes?) se convierte en el guardián de la moral, la decencia y las buenas costumbres.
El caballero de marras, quién aparece como representante de la empresa unipersonal Corporación pro Reinados de Risaralda, recibió el favor del Rey Raimundo El Heroico, para buscar, escoger, vetar, recomponer, hacer y deshacer, y garantizar el envío a los festejos novembrinos de una joven Dulcinea del villorio risaraldense.
En su cacería, ya no de hipopótamos, sino de bellas aspirantes, en edad de merecer la designación, el osado caballero el feudo de Pueblo Rico, emprendió, como sus antepasados de los Siglos XI y XIII, una nueva cruzada en contra de las herejes que se atreven a tener novio, viajar con él y “quién sabe que cosas más”.
El nuevo paladín de la virginidad risaraldense se opuso a que la encantadora Violette llegara con su belleza fresca e independiente a la ciudad amurallada. Aunque en la época del Medioevo no había Facebook, al lado de “Un millón de voces contra las Farc” y las fotos de Liliana Ibarra con Johnny Rivera, aparece un nuevo grupo denominado “Queremos que Violette Struvay sea la señorita Risaralda 2009-2010”.
Ante tal situación de desazón colectiva y la protesta generalizada contra la institución monárquica de la comarca, el Príncipe Víctor Manuel-que es un verdadero príncipe de la política- con gran olfato e inteligencia, evitó firmar un decreto que le había llevado el caballero feudal para oficializar sus vetos y demostrar su poderío.
“No comparto que se asuman posturas para sacar del camino a una niña determinada, creo que debe hacerse con más respeto para poder procurar que Risaralda quede bien representada”, dijo el noble señor provincial.
Ante tal desautorización principesca, el encuadrado caballero deberá recoger sus bártulos reales y dirigir hacia otros destinos su cruzada moralizadora. Quizás podría encargarse de cuidar, las bellísimas estatuas virginales que decoran con su señorío y significación algunos templos. O, simplemente, irse a cazar o a fotografiar hipopótamos.
miércoles, 15 de julio de 2009
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