domingo, 27 de julio de 2008

A romper los diques

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Cuándo se produjo el terremoto del 25 de enero de 1999 en la zona cafetera colombiana, una de las situaciones que más me conmovió fue escuchar a cientos de personas quejarse “porque no habían alcanzado a despedirse de sus seres queridos”.

Hombres curtidos por el sol y las adversidades que lloraban desconsolados porque la muerte se les llevó a los hijos y dejó heridas y diferencias sin resolver.

Mujeres adoloridas, que entre los escombros de la casa, se lamentaban porque no pudieron reconciliarse con sus padres o hermanos y darían lo que fuera por una nueva oportunidad de verlos.

“Ojalá le hubiera dicho cuánto me importaba”… “La verdad discutimos por una tontería, pero nos dejamos de hablar”…“Si yo supiera lo que iba a pasar…” fueron algunas de las frases recurrentes después de la tragedia.

A veces pensamos que “las cosas malas” solo les pasan a los demás y a nosotros no. Y por ello, como si los afectos fueran una lavadora o un carro, los controlamos y los entregamos a pedacitos, a mediano y largo plazo, en cómodas cuotas mensuales a 36, 48 o 60 meses, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo disponible.

Volvemos el amor, la ternura, la amistad, la solidaridad una transacción más. Cómo este me quiere, yo le devuelvo cincuenta gramos de cariño. Cómo esta me miró mal, que sufra con un litro de mi indiferencia. Como estos son buena gente, se ganaron el derecho a un abrazo y dos palmaditas en la espalda. Como aquellos me simpatizan, los recompenso con una sonrisa y tres cuartos, a la semana. Pero no más…

Para algunos es más fácil prestarle dinero al otro que escucharlo. Y es que, en general, nos da un temor enorme expresar los sentimientos. “–Es que se aprovechan de mí”.“-Ya viví experiencias muy dolorosas, por eso me tengo que cuidar…” dicen.

Incluso, el cantante vallenato Jorge Celedón, que se veía muy raro de saco y corbata en la Casa Blanca, asegura en una de sus canciones que: “Uno quiere pa' que lo quieran; uno ama pa' que lo amen; uno no da la vida entera pa' que lo engañen, pa' que lo engañen…”

Por ese temor, al desamor, a sufrir, a la tristeza, dosificamos los afectos y los repartimos como pastillitas de chicle: para dar un poquito de sabor, a unos cuántos, porque no alcanzan para todos.

Hay que romper los diques y permitir que el amor se desborde e inunde nuestras vidas. Y ojalá no sea demasiado tarde.

El Nobel de Literatura Vicente Aleixandre dijo que “la vida era un relámpago entre dos oscuridades”. Calderón de la Barca se preguntaba: “¿Qué es la vida? Un frenesí”. Y se volvía a preguntar: “¿Qué es la vida? Una ilusión; una sombra, una ficción…”

Que no se nos olvide, la filosofía del cantor popular antioqueño que nos recuerda cada día que: “La vida… es un ratico”.
Avisos provocativos

Por Juan Antonio Ruiz Romero

De alguna manera, los avisos clasificados de los periódicos de una ciudad muestran las tendencias del mercado, gustos ciudadanos, altibajos de la economía y particularidades en la demanda y en la oferta de servicios.

Por eso, con cierto deleite malsano y aprovechando algunas horas libres, me dediqué a indagar sobre lo que ofrecen dichos anuncios.
El primero que me llamó la atención fue uno que necesitaba “Banqueras: Contrato con todas las garantías de ley, además de comisiones. Disponibilidad inmediata y experiencia comercial”. Lo que el aviso no mencionaba era el banco que hacía la oferta laboral, ni si las comisiones eran en dólares, en euros o en revaluados pesos.
Seguí revisando, entre curioso e inquieto, y me encontré con quienes ofrecen préstamos, en 4 horas, a los jubilados, empleados de empresas del estado, miembros del magisterio y de la fuerza pública, “a bajos intereses”, con cómodos descuentos por nómina o en hipotecas. Mejor dicho, otra variedad de “banqueros”.
Luego, al ver un aviso en que ofrecían 60 puestos, pensé que era una vajilla para una familia grande. O para esas gerentes de empresas de telecomunicaciones que hace 5 años compraron, con plata oficial, vajillas chinas de 100 millones de pesos. Pero no, eran 60 puestos para “personal ambos sexos”. ¿Estarían buscando hermafroditas? Por eso, tal vez, había tantos cargos disponibles.
Y si fuera por los clasificados, uno pensaría que las cifras de colombianos en el exterior, se multiplicarían por cien. Cantidad de avisos con la frase: “Motivo viaje vendo…casas, carros, motos, electrodomésticos recién estrenados o negocios bien acreditados.”A pesar de la letra pequeñita de los avisos, el ejercicio estaba resultando bastante simpático.
De pronto me encontré con uno, que pensé era una invitación para ir al gimnasio, para rebajar barriga, con novedosas técnicas reductoras. Sin embargo, descubrí que estaba equivocado cuando me enteré que “las masajistas” eran “lindas niñas universitarias que te ofrecen compañía” y “preciosas chicas, seductoras, provocativas. 24 horas”.
Preferí evitarme problemas, aunque todavía me pregunto como será aquello de permanecer 24 horas en la plenitud de la seducción y la provocación, cuando uno duerme una siesta y se levanta despeinado, barbado y urgido de enjuague bucal.Por eso, mientras hacía gárgaras refrescantes, casi me trago el agua cuando leí: “Club Swinger invita gran fiesta, sexo en vivo, shows, videos, full intercambio, chica sorpresa” y otro en donde se ofrecen “la seducción y la sexualidad en vivo, lindas modelos play boy te seducirán al ritmo de la música y algo más.”
De inmediato, me entró el interés por saber con qué música seducen a sus visitantes. Porque si es con “Soy un hombre soltero” de Johnny Rivera o “La Batidora” de Don Omar, de seguro, que no serán muchos los clientes.
Cuando ya iba a dejar el periódico a un lado me encontré con el más insinuante, atrevido y pecaminoso de los anuncios. Tenía un dibujo y el sello de “La Original”. Su invitación directa y sin palabras rimbombantes: “Deliciosos perniles. No contiene hueso ni grasa”. Es el aviso de una venta de lechona tolimense, que me solucionó el almuerzo de hoy.