Por Juan Antonio Ruiz Romero, noviembre 6 de 2008
Hay situaciones irremediables. Una de ellas es que cuando una persona o una marca se ponen de moda, de inmediato, empiezan a bautizar a los pobres recién nacidos con el famoso apelativo.
Hoy, a pesar de todo el desarrollo de las tecnologías, muy pocos se acuerdan de quién fue Diana Frances Spencer. Eso sí, cualquiera, sin consultar internet, sabe que fue la responsable directa de que en la década de los ochenta, a millones de tiernas y desprotegidas niñitas en distintos rincones del mundo, las bautizaran “Leidydís”.
Tal vez, sin quererlo, sus amorosos pero faltos de imaginación padres y madres, querían que las criaturitas se convirtieran en dulces aprendices de princesas contemporáneas, aunque el príncipe fuera feo, torpe e infiel.
Así como en marzo de 2003, a propósito de la intervención norteamericana en Iraq, a un par de mellizos nacidos en Buenaventura los bautizaron: George Bush y Sadam Hussein, desde ahora advierto lo que nos espera.
El problema es que solo a un economista negro, nacido en Kenia y a una antropóloga blanca, oriunda de Wichita, Kansas, se les podía ocurrir bautizar a su hijo único: Barack Hussein. Ellos son los verdaderos culpables.
Hace unos días, en las elecciones municipales de Brasil se presentaron los primeros síntomas de la epidemia que se avecina. Ya que la legislación electoral brasileña permite que candidatos incorporen sus apodos en el tarjetón, numerosos aspirantes recurrieron a la popularidad de Barack Obama para impulsar sus campañas.
En el estado de Minas Gerais, Davi Cardoso, se bautizó el Obama del Asentamiento; en Petrolina, Alexandre Nunes Jacinto, cambió su nombre por el de Alexandre Barack Obama; mientras que en las afueras de Rio de Janeiro, el aspirante a la alcaldía, Claudio Henrique dos Anjos, se autodenominó el Barack Obama de Belford Roxo.
La epidemia de los nombres famosos es tal que uno de los candidatos al Senado de los Estados Unidos por el estado de Louisiana fue John Kennedy. La única diferencia, es que el asesinado ex presidente de los años sesenta era del Partido demócrata, mientras que el nuevo Kennedy es republicano y se declara conservador coherente y metodista, con lo cual toma distancia del travieso y mujeriego ex senador de Massachusetts.
En contraste, otro Nixon brilla en el panorama político estadounidense. Luego del escándalo del Watergate, que obligó en agosto de 1974, a la renuncia del ex presidente republicano Richard Nixon, el Estado de Missouri está estrenando gobernador electo. Se trata del ex fiscal general Jay Nixon, quién, a diferencia del ex mandatario, pertenece al Partido demócrata.
Claro que, sin ir más lejos, en la reciente consulta interna del 26 de octubre, se inscribió como candidato al directorio municipal conservador de Pereira, un joven con un nombre bastante político, ciertamente, pero desde la otra orilla: César Gaviria.
Preparémonos pues. En pocos días, tendremos entre nosotros a Yeison “Barack” Tapasco; Yulián “Obama” Mejía, “Barack Hussein” Hinestroza; “Biden Obama” Arroyave y sus variantes femeninas de Primera Dama electa e hijas: Michelle Obama Ramírez; Malia Ann Vélez, y, para no desentonar: “Lady Natasha” Jaramillo.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Columna en blanco y negro
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 30 de 2008
Más allá de los resultados que arrojen las elecciones del próximo 4 de noviembre en los Estados Unidos, tengo el convencimiento de que muchos medios de comunicación van a titular: “Martes Negro”.
Los unos, sin lugar a dudas, buscarán destacar con esa noticia, la llegada a la Casa Blanca de un afroamericano, por primera vez, en los 232 años de Independencia de ese país. Obama, nacido en Honolulú, Hawai, hijo de un keniano y una estadounidense, fue el primer senador negro del Partido demócrata y el quinto de origen afro en llegar al Capitolio en Washington.
Los otros medios informativos, por el contrario, podrían sintetizar en esas dos palabras: “Martes negro”, el revés electoral del candidato demócrata Barack Obama y la victoria de su contrincante, el senador republicano John McCain.
Y aunque para los votantes gringos será una elección en blanco y negro, el propósito de esta columna es revisar algunos de esos términos que utilizamos a diario, a veces sin darnos cuenta de sus significados y connotaciones.
Cuándo uno le pregunta a alguien: -¿Cómo estás?-, más de una vez nos han respondido: “-Trabajando como negro para ganar como blanco”. ¿Que diría Obama de esa frase?
Aún recuerdo el enérgico debate que lideró hace algunos años el entonces diputado risaraldense Atilano Córdoba Maturana, quién con un amplio soporte académico y en nombre de las negritudes, le exigió al director de la CARDER modificar de su lenguaje y de las comunicados institucionales la utilización de la frase “aguas negras” y, a cambio, referirse a “aguas servidas”, “aguas residuales” o “aguas del sistema de alcantarillado”.
Y es que a raíz de la crisis financiera mundial y la caída de las bolsas de valores, desde hace algunos días, quizás por facilismo, quizás por tradición, o quizás porqué allá no hay diputados acuciosos, nos encontramos con frecuencia noticias que registran el “Lunes negro”, “Día negro en Wall Street”, “Negro panorama económico”, entre otros. Por ello, esta semana, me puse a revisar documentos sobre el origen “oscuro” de este adjetivo y me encontré con más significados de los imaginados.
Me topé con galaxias llenas de enigmáticos y sorprendentes agujeros negros. Comedias plagadas de humor negro. Grandes compositores e intérpretes de lo que se llamó durante algún tiempo música negra, que incluso tuvo en Motown, el sello disquero para editar los éxitos del jazz, el blues, el soul, el pop y la música disco.
Me enteré de negocios del mercado negro y las economías subterráneas, que se convierten en negros nubarrones para los negocios formales, que “la están viendo negra”.
Pero también descubrí a los ladrones y a los corruptos de cuello blanco, a personas bien intencionadas que son blancos de críticas; a los que firman pagarés sociales y cheques en blanco; a los vicepresidentes que ofrecen bandera blanca, en medio de las guerras verbales, y a quienes asesinan con arma blanca a los que están en la lista negra.
Conocí las piyamas blancas de las ovejas negras. Y aún me pregunto si las cebras son blancas con rayas negras o negras con rayas blancas.
Mientras llega el “martes negro”, escucho a Juanes cantando “Tengo la camisa negra”; mientras disfruto, con la mente en blanco y sin cargo de conciencia, de una reconfortante porción de manjar blanco.
Más allá de los resultados que arrojen las elecciones del próximo 4 de noviembre en los Estados Unidos, tengo el convencimiento de que muchos medios de comunicación van a titular: “Martes Negro”.
Los unos, sin lugar a dudas, buscarán destacar con esa noticia, la llegada a la Casa Blanca de un afroamericano, por primera vez, en los 232 años de Independencia de ese país. Obama, nacido en Honolulú, Hawai, hijo de un keniano y una estadounidense, fue el primer senador negro del Partido demócrata y el quinto de origen afro en llegar al Capitolio en Washington.
Los otros medios informativos, por el contrario, podrían sintetizar en esas dos palabras: “Martes negro”, el revés electoral del candidato demócrata Barack Obama y la victoria de su contrincante, el senador republicano John McCain.
Y aunque para los votantes gringos será una elección en blanco y negro, el propósito de esta columna es revisar algunos de esos términos que utilizamos a diario, a veces sin darnos cuenta de sus significados y connotaciones.
Cuándo uno le pregunta a alguien: -¿Cómo estás?-, más de una vez nos han respondido: “-Trabajando como negro para ganar como blanco”. ¿Que diría Obama de esa frase?
Aún recuerdo el enérgico debate que lideró hace algunos años el entonces diputado risaraldense Atilano Córdoba Maturana, quién con un amplio soporte académico y en nombre de las negritudes, le exigió al director de la CARDER modificar de su lenguaje y de las comunicados institucionales la utilización de la frase “aguas negras” y, a cambio, referirse a “aguas servidas”, “aguas residuales” o “aguas del sistema de alcantarillado”.
Y es que a raíz de la crisis financiera mundial y la caída de las bolsas de valores, desde hace algunos días, quizás por facilismo, quizás por tradición, o quizás porqué allá no hay diputados acuciosos, nos encontramos con frecuencia noticias que registran el “Lunes negro”, “Día negro en Wall Street”, “Negro panorama económico”, entre otros. Por ello, esta semana, me puse a revisar documentos sobre el origen “oscuro” de este adjetivo y me encontré con más significados de los imaginados.
Me topé con galaxias llenas de enigmáticos y sorprendentes agujeros negros. Comedias plagadas de humor negro. Grandes compositores e intérpretes de lo que se llamó durante algún tiempo música negra, que incluso tuvo en Motown, el sello disquero para editar los éxitos del jazz, el blues, el soul, el pop y la música disco.
Me enteré de negocios del mercado negro y las economías subterráneas, que se convierten en negros nubarrones para los negocios formales, que “la están viendo negra”.
Pero también descubrí a los ladrones y a los corruptos de cuello blanco, a personas bien intencionadas que son blancos de críticas; a los que firman pagarés sociales y cheques en blanco; a los vicepresidentes que ofrecen bandera blanca, en medio de las guerras verbales, y a quienes asesinan con arma blanca a los que están en la lista negra.
Conocí las piyamas blancas de las ovejas negras. Y aún me pregunto si las cebras son blancas con rayas negras o negras con rayas blancas.
Mientras llega el “martes negro”, escucho a Juanes cantando “Tengo la camisa negra”; mientras disfruto, con la mente en blanco y sin cargo de conciencia, de una reconfortante porción de manjar blanco.
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