Inteligente, pero triste…
Por Juan Antonio Ruiz Romero, diciembre 6 de 2007.
Cuándo se presentó el proyecto de construcción de la sede de la Telefónica de Pereira en la zona de renovación urbana de Ciudad Victoria, se generaron grandes expectativas y comentarios entre los ciudadanos sobre lo que representaba el nuevo proyecto:
–“Va a ser un nuevo referente arquitectónico para la ciudad”.
–“El arquitecto contratado es el mismo que diseñó el edificio inteligente de Empresas Públicas de Medellín…”
-“La estructura va a contar con vidrios antireflejo y con mecanismos especiales de iluminación, contraincendios y de reaprovechamiento de aguas lluvias…”
- “Eso va a ser una elegancia”, comentaban los muchachos entusiasmados.
En medio de mi ignorancia arquitectónica y de mis pocos conocimientos sobre edificios inteligentes, pues yo creía que los inteligentes eran los seres humanos y no las planchas de concreto, uno se llena de interrogantes al ver la nueva obra.
Primero, se imagina que deberán contratar a un nuevo diseñador de exteriores para que trate de volver amigable y acogedora una estructura que, por donde usted la mire, es poco amable, brusca e inhóspita con el entorno. A pesar de los buenos propósitos de sus gestores, la mole de cinco pisos, que cobija la central telefónica del centro se convirtió en un monumento al concreto: gris, desteñido, frío.
Ni siquiera unas persianas metálicas que están instalando sobre las ventanas y en los accesos, le quitan el aire pétreo, invernal y acongojado. Y hasta los vidrios pálidos y azulados de los pisos más altos, en lugar de contrastar y alegrar el espacio, refuerzan el aplastante impacto visual de la poca agraciada edificación.
Si fuera la bóveda del Banco emisor, el consulado de los Estados Unidos, una cárcel de alta seguridad o la sede de una empresa transportadora de valores, vaya y venga. Pero a uno le duele que sea precisamente, la sede de la empresa de Telecomunicaciones de la ciudad. Porque lo que menos comunica es cercanía, relación, contacto.
Tal vez en estos nuevos tiempos, se le da mayor prelación a las comunicaciones virtuales, por teléfono o Internet, y por eso, muchas empresas, incluyendo las públicas que estrenaron sede en la Torre Central, prefieren a sus clientes a distancia, tras vidrios dobles, con ingreso restringido, con código de barras, a pisos y sitios específicos. Puede ser una mezcla criolla generada entre la paranoia de la guerra contra el terrorismo y la seguridad democrática.
Para acabar de completar, la sede de la Telefónica local debería estar terminada en septiembre y luego de tres meses el contratista aún no termina. Por eso le tocó, a las carreras, destinar personal adicional, con andamios incluidos, para pegar ladrillos, acomodar persianas metálicas y tratar de culminar las obras antes de que empiecen las novenas navideñas.
Cómo ya no hay más plazo, porque el alcalde se va y quiere inaugurar la obra, nos despiertan a los usuarios con llamadas telefónicas pregrabadas a nuestros hogares, un domingo a las ocho de la mañana, anunciando que la sede será inaugurada en este diciembre.
Indudablemente, la animación en tercera dimensión que nos mostraron sobre los diseños del nuevo edificio de la Telefónica superó con creces, creatividad e imaginación, lo que estamos viendo los pereiranos en la carrera 10, entre calles 15 y 16. Quizás la entrada, con ladrillos salientes y grisáceos, como el resto de la fachada, sirva para practicar muro de escalada y motivar los deportes extremos en Parche 3.
El edificio de Telefónica podrá ser inteligente, simpático, bien educado, ahorrador de energía, respetuoso con el medio ambiente, recliclador de aguas lluvias, ecológico, autosostenible, sismorresistente, autocosteable, bilingüe, rendidor y hasta podrá ser muy bonito por dentro. Pero por fuera, les quedó feo, triste y sin sabor. ¡Qué pesar!
ruizromeroja.blogspot.com
–“Va a ser un nuevo referente arquitectónico para la ciudad”.
–“El arquitecto contratado es el mismo que diseñó el edificio inteligente de Empresas Públicas de Medellín…”
-“La estructura va a contar con vidrios antireflejo y con mecanismos especiales de iluminación, contraincendios y de reaprovechamiento de aguas lluvias…”
- “Eso va a ser una elegancia”, comentaban los muchachos entusiasmados.
En medio de mi ignorancia arquitectónica y de mis pocos conocimientos sobre edificios inteligentes, pues yo creía que los inteligentes eran los seres humanos y no las planchas de concreto, uno se llena de interrogantes al ver la nueva obra.
Primero, se imagina que deberán contratar a un nuevo diseñador de exteriores para que trate de volver amigable y acogedora una estructura que, por donde usted la mire, es poco amable, brusca e inhóspita con el entorno. A pesar de los buenos propósitos de sus gestores, la mole de cinco pisos, que cobija la central telefónica del centro se convirtió en un monumento al concreto: gris, desteñido, frío.
Ni siquiera unas persianas metálicas que están instalando sobre las ventanas y en los accesos, le quitan el aire pétreo, invernal y acongojado. Y hasta los vidrios pálidos y azulados de los pisos más altos, en lugar de contrastar y alegrar el espacio, refuerzan el aplastante impacto visual de la poca agraciada edificación.
Si fuera la bóveda del Banco emisor, el consulado de los Estados Unidos, una cárcel de alta seguridad o la sede de una empresa transportadora de valores, vaya y venga. Pero a uno le duele que sea precisamente, la sede de la empresa de Telecomunicaciones de la ciudad. Porque lo que menos comunica es cercanía, relación, contacto.
Tal vez en estos nuevos tiempos, se le da mayor prelación a las comunicaciones virtuales, por teléfono o Internet, y por eso, muchas empresas, incluyendo las públicas que estrenaron sede en la Torre Central, prefieren a sus clientes a distancia, tras vidrios dobles, con ingreso restringido, con código de barras, a pisos y sitios específicos. Puede ser una mezcla criolla generada entre la paranoia de la guerra contra el terrorismo y la seguridad democrática.
Para acabar de completar, la sede de la Telefónica local debería estar terminada en septiembre y luego de tres meses el contratista aún no termina. Por eso le tocó, a las carreras, destinar personal adicional, con andamios incluidos, para pegar ladrillos, acomodar persianas metálicas y tratar de culminar las obras antes de que empiecen las novenas navideñas.
Cómo ya no hay más plazo, porque el alcalde se va y quiere inaugurar la obra, nos despiertan a los usuarios con llamadas telefónicas pregrabadas a nuestros hogares, un domingo a las ocho de la mañana, anunciando que la sede será inaugurada en este diciembre.
Indudablemente, la animación en tercera dimensión que nos mostraron sobre los diseños del nuevo edificio de la Telefónica superó con creces, creatividad e imaginación, lo que estamos viendo los pereiranos en la carrera 10, entre calles 15 y 16. Quizás la entrada, con ladrillos salientes y grisáceos, como el resto de la fachada, sirva para practicar muro de escalada y motivar los deportes extremos en Parche 3.
El edificio de Telefónica podrá ser inteligente, simpático, bien educado, ahorrador de energía, respetuoso con el medio ambiente, recliclador de aguas lluvias, ecológico, autosostenible, sismorresistente, autocosteable, bilingüe, rendidor y hasta podrá ser muy bonito por dentro. Pero por fuera, les quedó feo, triste y sin sabor. ¡Qué pesar!
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