En un rincón del alma
Las asimetrías regionales
Por Juan Antonio Ruiz Romero
En un comentado pronunciamiento del año pasado sobre la situación social, la Conferencia Episcopal Colombiana llamó la atención sobre la necesidad de reducir las agudas diferencias existentes en el país, las cuales sintetizó en lo que representa vivir en el exclusivo barrio bogotano del Chicó o en el deprimido departamento del Chocó.
En esta sociedad capitalista, neoliberal y salvaje, cada quién subsiste según sus ingresos. En el Chicó o en los barrios elegantes de Medellín y Cali, hay personas que pagan entre tres y cuatro millones de pesos de arrendamiento. O sea el equivalente a diez salarios mínimos mensuales. Son los mismos que se movilizan en una camioneta blindada de 150 o 200 millones de pesos.
Sin ir más lejos, el mismo esquema de inequidad se reproduce entre Pereira y los municipios del departamento. Hay condominios en la capital risaraldense en donde se paga, sólo por administración, un millón de pesos. En Apía, se consigue una casa con cuatro alcobas, sala-comedor, cocina y baño por 150 mil pesos mensuales y en Quinchía o Marsella, si consigue porque están escasas, el precio puede estar entre 200 y 250 mil pesos.
El precio de las comidas también tiene sus estratos. En algunos sitios de Bogotá, un almuerzo para cuatro personas puede costar un millón de pesos. En un buen restaurante de Pereira, los mismos comensales pueden almorzar por 150 mil pesos, incluyendo copa de vino y postre. En Mistrató, usted consigue, un plato de sanchocho con espinazo, hecho en leña, por 2.500 pesos, e incluye un vaso de gaseosa. O sea, que cuatro personas pagan 10 mil pesos. Cien veces menos que en el restaurante bogotano.
Y ni hablar del café. Un tinto en el Hotel de Pereira vale 2.500 pesos más Iva. En la Tienda Juan Valdéz, se lo preparan fuerte, moderado o suave, por 1.300 pesos, mientras que en la plaza principal de Mistrató vale 300 pesos, un tinto doble en pocillo grande,
En el sector de la Circunvalar, un helado de fruta o un cucurucho sencillo, vale en promedio 2.500 pesos. En Mistrató, los helados más ricos del mundo cuestan 500 pesos la unidad.
Y hablando de asimetrías, mientras el Concejo de Pereira acaba de establecer en 7 millones 758 mil 602 pesos, el salario mensual del alcalde, el contralor y el personero municipal; en el corregimiento de Santana en Guática, a los cortadores de caña panelera y a quienes trabajan en la molienda les pagan, a destajo, mil pesos la hora. Eso quiere decir que si trabajan 8 horas diarias, reciben 40 mil pesos semanales y 160 mil al mes. Ni siquiera la mitad del salario mínimo mensual. Y con un desempleo del 15,8%: tómelo o déjelo.
En materia de proyectos macro, indicadores y referentes siempre miramos hacia otros horizontes. Es como si nos diera miedo mirarnos de frente, en nuestros pequeños espejos locales y regionales. O quizás, por temor de que el espejo tenga lente de aumento y nos muestre todas nuestras inequidades.
ruizromeroja@hotmail.com
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