Por Juan Antonio Ruiz Romero
En una columna reciente asegurábamos que, en el caso de los candidatos presidenciales colombianos: “Si hay con quién”, teniendo en cuenta su formación, estilo, trayectoria y propuestas políticas, en dónde hay para todos los gustos.
Más allá de cualquier consideración partidista o de las mismas encuestas, nadie niega el brillo intelectual de Rafael Pardo; la claridad conceptual de Gustavo Petro; la preparación de Germán Vargas Lleras; el entusiasmo de Noemí Sanín; la honestidad e inteligencia de Antanas Mockus y la formación académica de Juan Manuel Santos.
La decisión de los votantes sobre quién será el nuevo presidente o presidenta, implicará desde los ejercicios mentales y muy racionales, hasta los emocionales, en donde primarán las simpatías, los desafectos y lo que los analistas llaman “el voto útil”, entre quienes encabezan los sondeos de opinión. Algunos compararán entre lo hecho y lo dejado de hacer por los aspirantes. La conformación de sus equipos de trabajo y las sombras en su pasado de figuras públicas. Unos votarán por la continuidad de la guerra y otros le apostarán a la educación y a la cultura ciudadana, como fórmula para reconstruir la esperanza.
Y mientras avanza la campaña presidencial, empiezan, en forma paralela, los preparativos, visitas y acercamientos de quienes aspiran a suceder a Israel Londoño en la alcaldía de Pereira. A uno le podría parecer un poco prematuro, teniendo en cuenta que las elecciones son en octubre del año entrante. Pero si tenemos en cuenta que la mayoría de aspirantes son funcionarios públicos que deben renunciar, y que en febrero o marzo del año entrante deberán efectuarse consultas internas de los partidos para elegir sus candidatos, entendemos los cronogramas tan anticipados.
Por ello, apenas acabe la contienda presidencial, tendremos que abrir un debate en Pereira para analizar cuál es el tipo de mandatarios que esperamos para los primeros cargos del municipio y del departamento. Si es suficiente para un candidato ser el ahijado del senador o del representante a la Cámara; si queremos un alcalde, manejado a control remoto, desde un directorio político o desde el exterior; si la capacidad de una persona como administrador se mide por los cargos que ocupó en nombre de su jefe político o si seguimos creyendo que el alcalde debe ser un todero, que se encargue de todos los problemas del municipio, desde la pobreza y el desempleo hasta la tapada de huecos, el traslado de un maestro, el estímulo al emprendimiento y la construcción de unas huellas veredales. O incluso, si a esos cargos debe volver un repitente.
Lo primero que deben hacer los interesados en postularse a la Alcaldía de Pereira y a la Gobernación y que son funcionarios públicos es renunciar. Nos parece que no tiene presentación que secretarios de despacho y asesores, vayan por ahí, en ejercicio de sus cargos, ambientando sus candidaturas y buscando respaldos. Todos tienen derecho a aspirar, pero también tienen que ponerse la mano en el corazón y preguntarse, con toda sinceridad, si están lo suficientemente calificados para asumir el manejo de la ciudad.
En Pereira, necesitamos un alcalde que no solo tenga respaldo político, sino sobre todo reconocimiento y respeto ciudadano. Y eso no se compra, sino se gana. Por eso, aún estamos a tiempo, ya que no podemos equivocarnos.
miércoles, 5 de mayo de 2010
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