miércoles, 12 de noviembre de 2008

¿El menos malo de los dos?

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Según los pactos políticos suscritos a principios de este año, al Partido Liberal le corresponderá la presidencia del Concejo municipal de Pereira durante 2009. De acuerdo con las versiones de prensa, el liberalismo, que es la bancada mayoritaria en esa corporación, postuló para esa dignidad a los concejales Hernando Arcila y Peterson Lopera.

De inmediato, me acordé como, por estas calendas, hace dos años, se daba como un hecho la elección en la presidencia del Cabildo pereirano, de una concejala que tenía detenido a su esposo por posesión ilegal de armas de fuego y cuyo proceso penal derivó en una condena de 30 meses de cárcel a dicho ciudadano.

Si bien era cierto que la concejala en mención no estuvo vinculada con la investigación, era evidente que para “la junta directiva del municipio”, no era de buena presentación que ella apareciera como cabeza visible de la entidad coadministradora.

Ahora, aunque la situación es diferente, porque no hay procesos penales de por medio, uno como pereirano del montón se pregunta, quién de los dos postulados por el liberalismo es la persona más adecuada para ocupar la presidencia de la corporación.

El concejal Hernando Arcila, de quién ya perdimos la cuenta del número de años que lleva en la corporación, ha sido una figura fantasmagórica e invisible. Su curul está intacta, sin siquiera un rayón. Y no porque sea en extremo cuidadoso, sino porque casi nunca está. Durante algún tiempo, fue el campeón del ausentismo en el Concejo, al cual solo asistía para responder a lista y, al menor descuido, se fugaba del recinto. Cuándo la directiva del momento y varios concejales le llamaron la atención, en lugar de un acto de contrición y enmienda; se dedicó, con ánimo vengativo, a llevar un cuidadoso registro de cada movimiento de sus compañeros, sus horas de llegada y el tiempo de permanencia en comisión o en plenaria. Luego lo hizo público, para que dejaran de meterse con él. Ahora, como toman lista al inicio y al cierre de la sesión, el candidato uno a presidente del Concejo se da sus mañas para aparecer a tiempo y lograr que le paguen la sesión.

En la última década, el único debate que promovió el concejal Arcila fue contra la creación de la empresa Biorgánicos del Otún, pero la gasolina, quizás por el alto precio de los combustibles, se le acabó prontico. Por lo demás, es gobiernista por convicción y a cambio de su participación burocrática, no pregunta, no debate, no dice nada. Solo vota positivo, para complacencia de la administración.

El otro postulado a la presidencia del Concejo siempre lo llamaban sus amigos de barrio y colegio Peterson, pero desde que, en 2003, fue elegido “el concejal de Juan Manuel”, sus asesores decidieron que mejor se llamaría “Piterson”, que es mucho más internacional y hasta con sabor a marca de Cholao, de esos que venden en el sector de La Rebeca y anuncian en la televisión.

Peterson o Piterson, es contador público, andaba con guayaberas y bluyines y desde que el año pasado lo convencieron que podría ser precandidato a la alcaldía, anda con elegantes trajes de marca, corbata a la moda y zapatos importados.
Sin embargo, el problema es que durante sus cinco años de concejal NUNCA ha hecho un debate importante ni presentado un proyecto de acuerdo a favor de la ciudad. Un par de intervenciones para contrastar con el silencio sepulcral de Arcila hacen la diferencia.

Pero la bancada liberal nunca fue capaz de explicar ni disculparse con los ciudadanos por la reunión que Lopera y su padre tuvieron con la gerente del Aeropuerto, a quién le pidieron que les entregara a título personal y a dedo, el manejo del parqueadero del terminal aéreo. ¿Tan aviones, cierto?

Creo, como otras personas, que la presidencia del Concejo de Pereira debe ser para alguien con méritos, formación, estatura moral e inteligencia, o por lo menos, deseo de servicio. La opción de hoy es escoger entre un mediocre y un avivato. ¿Será que no hay nadie más y qué como decía algún concejal tocará escoger entre el menos malo de los dos? En mi concepto, ni la ciudad ni el Concejo se merecen a ninguno de ellos.