miércoles, 28 de mayo de 2008

Estratos torre, nube y cielo

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Con su visión y olfato empresarial, el presidente de la junta directiva de Camacol Risaralda Luis Fernando Ossa ha repetido en varias oportunidades su advertencia acerca de que el “boom” inmobiliario en Pereira y Dosquebradas puede terminar ocasionándoles dolores de cabeza y saldos en rojo a los mismos constructores. Hay experiencias que lo recuerdan, pero parece que ya se les olvidaron.

En la reciente publicación de la revista “Donde Vivir”, editada por el gremio de la construcción, el lector desprevenido puede sumergirse en un océano de proyectos, que muestran, por un lado, las tendencias, gustos y sueños de vivienda de unas personas; los costos de unos predios que superan, con largueza, los actuales estratos 5 y 6; y también, el perfil arribista y desbordado de algunos de los potenciales compradores.

Hay de todo. Ofertas de empresas buenas, regulares y de las otras. Eso sí, la mayoría de apartamentos, incluyendo los aparta-estudios, de más 100 millones de pesos, con metro cuadrado a casi 2 millones. O sea, precios similares a Bogotá y Medellín. Parcelaciones de 1.200 y 1.500 metros cuadrados, en donde sólo el lote vale entre 100 y 140 millones de pesos. Y casas, que se acercan con holgura, a los 200 millones.

Sorprenden las ofertas de “casas con arquitectura mexicana contemporánea”, con equinovía y caballerizas (¿será para evitar los trancones?); las casas inteligentes con chimenea y sendero ecológico; la “exclusiva torre de apartamentos de estilo minimalista y moderno” y proyectos arquitectónicos que, con el auge de las cirugías de todo tipo, ya no solo le venden a los médicos los consultorios, sino también los quirófanos.

Hay proyectos en dónde lo que no le venden a usted en metros cuadrados en su vivienda, lo quieren compensar con “amplias zonas verdes”, salón social, “servicios comunales”, piscina, canchas deportivas, terraza y hasta “lavandería”, cuando la verdad lo que ofrecen es un lavadero sencillo, de esos que antes tenían todas las casas. O los que ofrecen “apartamentos 100% terminados”, con lo que recuerdan a aquellas firmas constructoras que venden ciento por ciento a medias.

Un recorrido por los nombres de esos proyectos nos lleva al reencuentro con las raíces indígenas perdidas: Tanambí, Tacaragua, y Ocarí; otros tienen denominaciones sonoras y creativas: Bambusa, Atardeceres de Jaibaná, Olivar de los Vientos y Arco Iris de la Colina; mientras que unos más nos llevan a latitudes lejanas, llenas de colombianos que devengan en euros: Paseo de la Castellana, La Castilla, Villas de la Madrid, Rincón de Andalucía y hasta un condominio de estrato celestial: San Miguel Arcángel.

Y cómo no mencionar a los que quieren vender bodegas y locales, por analogía y sin pagar derechos de autor, usando el mismo nombre de afamados centros comerciales y de negocios del país.

En medio de esa explosión inmobiliaria, uno se pregunta qué tanto está preparada la ciudad para asumir centenares de nuevas viviendas, con uno y dos parqueaderos para cada casa, pero sin vías internas, y sobre las principales avenidas. Y que decir de las dinámicas y flujos vehiculares de los nuevos centros comerciales.

No quisiera imaginarme el trancón que se va a generar sobre la Avenida 30 de agosto una vez abra sus puertas el Centro Comercial Unicentro y se ocupen las casas y apartamentos que se construyen bajo su sombra protectora.
O lo que serán los conflictos viales en el Complex Circunvalar de la calle 14, en donde anuncian “amplias zonas de parqueaderos” o en el Centro Comercial Alameda, que publicita, sin recato, que tendrá capacidad para dos mil automóviles.
En esos temas, el municipio y las curadurías no pueden quedarse sólo otorgando licencias y aplaudiendo las inversiones del capital privado. Hay que fijar directrices y hacerlas cumplir, para que no se repita lo del Centro Comercial Bolívar Plaza, que prefirió construir almacenes hasta el borde de los andenes, en lugar de bahías para los taxis, que hoy bloquean el tráfico por la octava y la novena.

Como advertía Lucas Ossa, prudencia, señores constructores, porque de pronto el “boom” les hace “pum”.
Día de pujas y pujos

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Pujar: Dícese de la acción de un licitador de aumentar el precio de una cosa que revende o arrienda.// Pugnar, hacer fuerza.// Verbo intransitivo: Experimentar dificultad en expresarse. // Vacilar en una cosa. // Figurado: Hacer pucheros al llorar.// Americanismo: Pujar para dentro, aguantar sin chistar.

Puja: Acción de pujar en una subasta.// Cantidad en que se puja: una puja elevada. Figurado y familiar: Sacar de la puja a uno, excederle, vencerle o sacarle de apuros.

Pujido: Americanismo: Pujo, lamento, queja.

Pujo: Sensación penosa que consiste en una gana frecuente y dolorosa de evacuar el cuerpo. Figurativo: Deseo grande de una cosa.
Diccionario Pequeño Larousse 1992, página 850.
El día llegó. Luego de varias acciones populares, en juzgados diferentes, pero con los mismos argumentos y de las tímidas reacciones de rechazo de los últimos días, para hoy está prevista la audiencia pública para la “capitalización”, decía el ex alcalde Juan Manuel Arango, “salvamento”, asegura el alcalde Israel Londoño, de la empresa de Energía de Pereira.

Una decisión que, a unos despierta pujidos y pujos y, a las tres firmas interesadas, deseos de pujar para asumir el control administrativo de la empresa.

Revisemos las acepciones gramaticales que la jornada de hoy tiene para cada uno de sus protagonistas: Al actual mandatario Israel Londoño le tocó Pujar para dentro y aguantarse sin chistar la decisión que había tomado su antecesor. Aunque el alcalde de los 89 mil 045 votos anunció en campaña que iba a convocar un amplio debate con todos los actores sociales y analizar opciones diferentes a la capitalización, terminó acogiendo en todas sus partes el mecanismo y oferentes de la anterior administración.

A los trabajadores y al sindicato Sintraemdes, los “sacaron de la puja” con el anuncio de que el nuevo socio estratégico de la Empresa de Energía deberá ampliar la vigencia de la convención colectiva hasta el 31 de diciembre de 2011.

Para la banca de inversión y sus allegados, los pujidos por las medidas cautelares dictadas por el juez segundo Administrativo de Pereira que suspendió dos veces el proceso, se convertirán en un gran pujo figurativo:“El Deseo grande de una cosa”: la comisión de éxito que es del 2 por ciento y en un negocio de 100 mil millones de pesos como precio base, representa por lo menos dos mil millones de pesos libres, contantes y sonantes.

Para los concejales Molina, Gallo, Cardona, Londoño y Reinales, que pidieron suspender el proceso para que pase primero por el cabildo, su pujar es doloroso y como Verbo intransitivo, ya que “experimentaron dificultad y demora en expresarse” y vacilaron demasiado antes de pronunciarse sobre la capitalización de la empresa.

Para la Procuradora Provincial Liliana Giraldo y la gerente de la empresa de Energía Ly Giraldo, la subasta de hoy las dejó con el sentido figurado de pujar: “Hacer pucheros al llorar”, porqué ni las recomendaciones, ni las declaraciones, ni las buenas intenciones les sirvieron para suspender el proceso.

Y para los demás ciudadanos que no sabemos que es el patrimonio público ni conocemos de pujas, subastas, audiencias públicas, bancas de inversión ni comisiones de éxito, hoy tendremos esa “Sensación penosa que consiste en una gana frecuente y dolorosa…” que los letrados llaman pujo y los demás indiferencia.
Hablando francamente…

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Recuerdo que hace un par de décadas, la Fundación para el Desarrollo de Risaralda, en ese momento dirigida por Ana Milena Muñoz de Gaviria, promovió el proyecto del Parque Industrial para Pereira. Era un extenso territorio, bien ubicado, con facilidad de acceso de servicios, que, ante la falta de inversionistas, se convirtió en un atractivo sector de expansión urbana, en donde se construyeron, primero, Ciudad Boquía y luego, otros proyectos de vivienda, en la que hoy se conoce como Comuna del Café.

Cada cierto tiempo y de acuerdo con las distintas tendencias: apertura económica, globalización, “glásnot”, “perestroika”, capitalismo salvaje, socialdemocracia, desarrollismo, planeación estratégica o centro centrismo moderado, vuelve a plantearse la necesidad de construir zonas francas, parques industriales, puertos secos, terminales de contenedores y demás iniciativas dirigidas al fortalecimiento del sector productivo y de las economías regionales.

Por eso complace que, más allá de la “botadera de corriente” del ex director del Área Metropolitana Luis Arturo Arroyave que demoró cuatro años hablando de la zona franca de Pereira y del Teleférico del Alto del Nudo sin ningún resultado concreto, aparezca un proyecto de zona franca juicioso, bien pensado, con un diseño creativo y un grupo de empresarios interesados en vincularse.

Pasar del estudio de Araújo Ibarra & Asociados, en donde se planteaban 19 lotes posibles, a cuatro o cinco proyectos viables, en proceso de formulación y diseño y con posibles inversionistas, es una demostración del ambiente favorable y de un interés que no se puede desconocer.

De ahí, el reto para el Comité Técnico de Zonas Francas y para los gobiernos de Pereira y Dosquebradas de establecer reglas del juego claras para los distintos actores, en donde se brinden las mismas oportunidades a todos y en donde primen los méritos y las ventajas del proyecto, antes que los padrinos políticos.

Porque también es bueno decirlo: Esos proyectos, además del componente industrial y comercial, tienen un significativo componente inmobiliario y allí aparecen destacados intermediarios, que ofrecen sus servicios para la concreción de los proyectos.

El proyecto de Zona Franca de La Virginia o Puerto Caldas, que se volvió poco viable por el costo de los terrenos y de la cual tanto se habló y se habló y se habló… en la pasada administración, tuvo como gestor al ex alcalde César Castillo.

La iniciativa de Zona Franca en la finca Portugal, entre Cerritos y Cartago, del arquitecto Juan Carlos Gaviria, cuenta con el apoyo del senador Germán Aguirre, que encargó a uno de sus asistentes parlamentarios a averiguar los requisitos del caso ante la Carder, el Área Metropolitana y Planeación municipal.

Y la Zona Franca de Pereira, de la Unión Ejecutora de Proyectos Unepro S.A. cuenta como socio y uno de los promotores del proyecto, al ex congresista Guillermo Botero Mejía, hombre de larga trayectoria en la política y el sector público.

En el sector de La Romelia, en Dosquebradas, la firma Conconcreto también estudia la posibilidad de una zona franca o parque industrial. Pero carece de padrino político.

Aunque sea un negocio privado, en la medida en que piden el aval del municipio y deben ajustarse al Plan de Ordenamiento Territorial y a las disposiciones sobre Uso del Suelo, es importante que primen las características del proyecto, sobre la habilidad de los padrinos para moverse en aguas cenagosas. Porque desde la imparcialidad y el buen criterio de esas decisiones, también se construye una verdadera “zona franca”.