miércoles, 28 de mayo de 2008

Hablando francamente…

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Recuerdo que hace un par de décadas, la Fundación para el Desarrollo de Risaralda, en ese momento dirigida por Ana Milena Muñoz de Gaviria, promovió el proyecto del Parque Industrial para Pereira. Era un extenso territorio, bien ubicado, con facilidad de acceso de servicios, que, ante la falta de inversionistas, se convirtió en un atractivo sector de expansión urbana, en donde se construyeron, primero, Ciudad Boquía y luego, otros proyectos de vivienda, en la que hoy se conoce como Comuna del Café.

Cada cierto tiempo y de acuerdo con las distintas tendencias: apertura económica, globalización, “glásnot”, “perestroika”, capitalismo salvaje, socialdemocracia, desarrollismo, planeación estratégica o centro centrismo moderado, vuelve a plantearse la necesidad de construir zonas francas, parques industriales, puertos secos, terminales de contenedores y demás iniciativas dirigidas al fortalecimiento del sector productivo y de las economías regionales.

Por eso complace que, más allá de la “botadera de corriente” del ex director del Área Metropolitana Luis Arturo Arroyave que demoró cuatro años hablando de la zona franca de Pereira y del Teleférico del Alto del Nudo sin ningún resultado concreto, aparezca un proyecto de zona franca juicioso, bien pensado, con un diseño creativo y un grupo de empresarios interesados en vincularse.

Pasar del estudio de Araújo Ibarra & Asociados, en donde se planteaban 19 lotes posibles, a cuatro o cinco proyectos viables, en proceso de formulación y diseño y con posibles inversionistas, es una demostración del ambiente favorable y de un interés que no se puede desconocer.

De ahí, el reto para el Comité Técnico de Zonas Francas y para los gobiernos de Pereira y Dosquebradas de establecer reglas del juego claras para los distintos actores, en donde se brinden las mismas oportunidades a todos y en donde primen los méritos y las ventajas del proyecto, antes que los padrinos políticos.

Porque también es bueno decirlo: Esos proyectos, además del componente industrial y comercial, tienen un significativo componente inmobiliario y allí aparecen destacados intermediarios, que ofrecen sus servicios para la concreción de los proyectos.

El proyecto de Zona Franca de La Virginia o Puerto Caldas, que se volvió poco viable por el costo de los terrenos y de la cual tanto se habló y se habló y se habló… en la pasada administración, tuvo como gestor al ex alcalde César Castillo.

La iniciativa de Zona Franca en la finca Portugal, entre Cerritos y Cartago, del arquitecto Juan Carlos Gaviria, cuenta con el apoyo del senador Germán Aguirre, que encargó a uno de sus asistentes parlamentarios a averiguar los requisitos del caso ante la Carder, el Área Metropolitana y Planeación municipal.

Y la Zona Franca de Pereira, de la Unión Ejecutora de Proyectos Unepro S.A. cuenta como socio y uno de los promotores del proyecto, al ex congresista Guillermo Botero Mejía, hombre de larga trayectoria en la política y el sector público.

En el sector de La Romelia, en Dosquebradas, la firma Conconcreto también estudia la posibilidad de una zona franca o parque industrial. Pero carece de padrino político.

Aunque sea un negocio privado, en la medida en que piden el aval del municipio y deben ajustarse al Plan de Ordenamiento Territorial y a las disposiciones sobre Uso del Suelo, es importante que primen las características del proyecto, sobre la habilidad de los padrinos para moverse en aguas cenagosas. Porque desde la imparcialidad y el buen criterio de esas decisiones, también se construye una verdadera “zona franca”.

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