miércoles, 13 de enero de 2010

Nuestros propios Avatares

Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 14 de enero de 2010

El castellano ha tomado (a través del francés) la palabra sánscrita avatar (pluralizada como en español: “avatares”) con el significado de ‘fases‘, ‘vicisitudes’ o ‘cambios’.

Comienza un nuevo día en Pandora. Los destellos matinales resaltan los colores de los esbeltos habitantes azules y la diversa flora rosada de este inigualable sitio, una de las lunas del planeta Polythemis.

En todas partes del Universo, se sabe de la biodiversidad prodigiosa de Pandora y de cómo los Na`vi viven en total comunión con su ecosistema. Sin embargo los riesgos existen.

Debajo del Árbol Madre de la Constitución del 91, se encuentra escondida una gigantesca veta del magnético elemento: “unobtainium reeleccionarium”. La existencia de dicha sustancia ha llevado a una empresa a crear un proyecto de explotación de dichos recursos, con el fin de seguir detentando el poder, la burocracia, la contratación, en pocas palabras, lo que ahora se conoce como la “meritocracia”.

La empresa para adueñarse del poderoso elemento cuenta con un director ideológico: José Obdulio Selfridge y por el ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos Quaritch en lo militar, quienes quieren poner en jaque al Clan de los Omaticaya, defensores a ultranza del espíritu democrático de los constituyentes, que reposa en el Árbol de las Almas y que esa sagrado para los Na`vi.

Incluso, dentro de las tropas de la corporación reeleccionista, se propone al “coronel” Santos Quaritch para que asuma el control del operativo, en caso de que se frustre la llegada del General AUV.

El gran problema para los reeleccionistas corporativos, en donde hay humanoides de todos los colores y vínculos, es que la atmósfera de Pandora es “tóxica para los anti demócratas y para quienes desean cambiar la Constitución para sus fines personales”.

Por ello, lanzaron una nave nodriza, piloteada por Alej Andro Ordonez, quién lanzó las primeras bombas contra el Árbol Madre, al considerar que “los vicios de forma que tuvo el Referendo reeleccionista no deben tenerse en cuenta porque el proyecto es de iniciativa popular”.

De inmediato, Mo’at, la líder espiritual de los Na`vi, consideró que “en cualquier Estado social de Derecho -así sea en películas de ciencia ficción- la democracia tiene reglas y la voluntad del pueblo tiene límites”.

En la película de “Avatar”, los habitantes de Pandora logran rechazar el ataque contra su mundo y sus instituciones. Aquí, seguimos creyendo que eso solo sucede en la fantasía.

¿Concursos o incursos?

Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 7 de enero de 2010

Perdidos en la sombra del tiempo quedaron algunos concursos televisivos que motivaron, en su momento, la movilización de miles de ciudadanos colombianos. Eran las épocas en que solo había dos canales y en donde los domingos, en Animalandia, el polifacético Pacheco recibía a centenares de personas con una lora, confiados en que el animalito repitiera al aire la frase ganadora: “A mi Gel Hada, o nada”.

Años más tarde, para sintonizarnos con generaciones más recientes, nos encontramos con los Concursos para escoger la réplica, en miniatura, del Chavo del Ocho, aquel memorable personaje del mexicano Roberto Gómez Bolaños, que parece sacado de un barrio popular nuestro y no desde un lejano vecindario del Distrito Federal.

Por aquellos días inolvidables en que la Selección Colombia de mayores clasificó a tres mundiales de fútbol consecutivos, los patrocinadores del equipo se dieron a la tarea de escoger a los pequeños clones del “Pibe Valderrama”, que con su crespa y dorada cabellera fue símbolo de un país que necesitaba razones para creer en sí mismo.

Quizás los concursos van cambiando con las modas y con los intereses económicos de los canales y patrocinadores. Sólo así un televidente raso puede entender el sentido, si es que tiene alguno, de la búsqueda emprendida por el canal RCN de una jovencita para representar a la cantante Marbelle, cuya historia personal se convertirá en melodrama.

Por alguna razón, seguramente de índole comercial, en algunos medios informativos se han vuelto laxos y complacientes en la escogencia de sus personajes. El canal en mención convirtió a una artista, vinculada a un proceso de lavado de activos y enriquecimiento ilícito con su entonces marido el coronel de la Policía Royne Chávez, en jurado del Factor X y ahora, en protagonista de un dramatizado sobre sus orígenes.

Caso similar ocurre con otras personas como el cantante vallenato Diomedes Díaz, referente para miles de colombianos y a quien pareciera que con sus ventas millonarias de discos le perdonan el mal comportamiento público, la condena por homicidio y el incumplimiento permanente de sus contratos.

O el caso del ex gobernador del Valle, Gustavo Álvarez Gardeazábal, condenado en el proceso 8000 por sus vínculos con el Cartel de Cali y quién ahora, desde una tribuna radial, pontifica sobre la moral, lo ético y lo legal.

Hasta donde conozco, sobre la vida personal y obra creativa del Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, o sobre el médico Camilo Llinás, o sobre nuestros más grandes políticos, intelectuales y deportistas, ningún canal prepara un seriado ni mucho menos una película de cine, como la que acaba de estrenarse en Brasil sobre el presidente Lula Da Silva.

Al paso que vamos, la próxima convocatoria de nuestros canales de televisión será para escoger “Los Émulos del Capo”; “La nueva Generación del Cartel de los Sapos”; “Las hermanitas menores de Las Muñecas de la Mafia” y los herederos de los sicarios televisivos “Uña y Mugre”.

Excomulgaos los unos a los otros

Por Juan Antonio Ruiz Romero,jueves 17 de diciembre de 2009

A propósito del hecho reportado esta semana en la iglesia del barrio Samaria de Pereira, en donde cuatro jóvenes fueron excomulgados por guardar las hostias en una servilleta, me puse a pensar si nuestros jerarcas católicos actúan siempre con la misma diligencia.

Hasta la fecha, desconozco cuáles son las medidas adoptadas por nuestros arzobispos, obispos y sacerdotes, para “excomulgar” a aquellos dirigentes políticos y gubernamentales que, aunque desfilen en las procesiones de Semana Santa y asistan, en primera fila, a las fiestas patronales, se han adueñado de dineros públicos y no precisamente envueltos en una servilleta. Tengo entendido en mi desconocimiento teológico que el octavo mandamiento sigue siendo “No robarás” y apropiarse de los recursos para la educación, la salud y el desarrollo social es un pecado tan grave, como guardarse la hostia en el bolsillo.

Tal vez la memoria me falle, pero no recuerdo aún el pronunciamiento del Episcopado colombiano excomulgando a los jefes paramilitares y guerrilleros bautizados, responsables de centenares de masacres, fosas comunes y desplazamiento forzoso. Ni tampoco la sanción ejemplar del Obispo castrense a los miembros de la fuerza pública que mancharon su hoja de vida, negociando “falsos positivos” a cambio de condecoraciones y ascensos.

Profanar los sacramentos e irrespetar la eucaristía es tan grave para los católicos, como quién, desde el Ministerio de Agricultura profana la confianza de los colombianos y decide regalarle a los más ricos terratenientes del país el dinero de los impuestos, que debía ser para reducir la pobreza y promover la equidad social. El ex ministro Andrés Felipe Arias debería ser excomulgado, por su soberbia y cinismo, y no bendecido con una precandidatura presidencial.

Hace solo unas semanas, el Ministro de Justicia irlandés Dermot Ahern reveló un informe según el cual “la comunidad eclesiástica de Irlanda gozó de inmunidad para encubrir las violaciones cometidas por sacerdotes de la Arquidiócesis de Dublín entre 1975 y 2004”. Según el informe “la complicidad entre la jerarquía eclesiástica y las autoridades del Estado, sirvió para encubrir los esfuerzos de cuatro obispos dublineses por mantener el "prestigio de la iglesia, proteger a los pederastas y los bienes de la Iglesia y evitar escándalos”.

Y aunque el viernes pasado, el Papa Benedicto XVI dijo sentir “rabia y vergüenza” por los casos de pederastia en la Iglesia católica irlandesa durante varias décadas, hasta el momento no se ha excomulgado a ninguno de los 46 sacerdotes denunciados.

En el caso de los jóvenes de Samaria, yo me pregunto: ¿Se les respetó el debido proceso? ¿Se escucharon sus explicaciones, así fuera en secreto de confesión? ¿Qué tal que fuera verdad que quisieran guardar la hostia como amuleto? ¿Es verdad que sólo la Santa Sede les levantará el castigo?

Con riesgo de irme al infierno, creo que por aquí magnificaron demasiado el hecho y que El Vaticano tiene problemas, un poquito más graves, en que preocuparse.