Por Juan Antonio Ruiz Romero,jueves 17 de diciembre de 2009
A propósito del hecho reportado esta semana en la iglesia del barrio Samaria de Pereira, en donde cuatro jóvenes fueron excomulgados por guardar las hostias en una servilleta, me puse a pensar si nuestros jerarcas católicos actúan siempre con la misma diligencia.
Hasta la fecha, desconozco cuáles son las medidas adoptadas por nuestros arzobispos, obispos y sacerdotes, para “excomulgar” a aquellos dirigentes políticos y gubernamentales que, aunque desfilen en las procesiones de Semana Santa y asistan, en primera fila, a las fiestas patronales, se han adueñado de dineros públicos y no precisamente envueltos en una servilleta. Tengo entendido en mi desconocimiento teológico que el octavo mandamiento sigue siendo “No robarás” y apropiarse de los recursos para la educación, la salud y el desarrollo social es un pecado tan grave, como guardarse la hostia en el bolsillo.
Tal vez la memoria me falle, pero no recuerdo aún el pronunciamiento del Episcopado colombiano excomulgando a los jefes paramilitares y guerrilleros bautizados, responsables de centenares de masacres, fosas comunes y desplazamiento forzoso. Ni tampoco la sanción ejemplar del Obispo castrense a los miembros de la fuerza pública que mancharon su hoja de vida, negociando “falsos positivos” a cambio de condecoraciones y ascensos.
Profanar los sacramentos e irrespetar la eucaristía es tan grave para los católicos, como quién, desde el Ministerio de Agricultura profana la confianza de los colombianos y decide regalarle a los más ricos terratenientes del país el dinero de los impuestos, que debía ser para reducir la pobreza y promover la equidad social. El ex ministro Andrés Felipe Arias debería ser excomulgado, por su soberbia y cinismo, y no bendecido con una precandidatura presidencial.
Hace solo unas semanas, el Ministro de Justicia irlandés Dermot Ahern reveló un informe según el cual “la comunidad eclesiástica de Irlanda gozó de inmunidad para encubrir las violaciones cometidas por sacerdotes de la Arquidiócesis de Dublín entre 1975 y 2004”. Según el informe “la complicidad entre la jerarquía eclesiástica y las autoridades del Estado, sirvió para encubrir los esfuerzos de cuatro obispos dublineses por mantener el "prestigio de la iglesia, proteger a los pederastas y los bienes de la Iglesia y evitar escándalos”.
Y aunque el viernes pasado, el Papa Benedicto XVI dijo sentir “rabia y vergüenza” por los casos de pederastia en la Iglesia católica irlandesa durante varias décadas, hasta el momento no se ha excomulgado a ninguno de los 46 sacerdotes denunciados.
En el caso de los jóvenes de Samaria, yo me pregunto: ¿Se les respetó el debido proceso? ¿Se escucharon sus explicaciones, así fuera en secreto de confesión? ¿Qué tal que fuera verdad que quisieran guardar la hostia como amuleto? ¿Es verdad que sólo la Santa Sede les levantará el castigo?
Con riesgo de irme al infierno, creo que por aquí magnificaron demasiado el hecho y que El Vaticano tiene problemas, un poquito más graves, en que preocuparse.
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