miércoles, 24 de septiembre de 2008

Cuando no hay imposibles
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Jueves 18 de septiembre de 2008
Es una hormiguita, con propulsión a chorro. Alegre, inquieta, vital. Su presencia y compañía no pasan inadvertidas. Lectora voraz, creativa, amorosa y organizada al 200 por ciento.
Marta Leonor Ramírez es una colega periodista que además de una importante trayectoria en los medios regionales, se ganó el respeto de la gente por su trabajo juicioso, su dedicación y responsabilidad.
Para Martica no hay imposibles. Hace un poco más de veinte años, acababa de terminar sus estudios de periodismo en Bogotá y estaba repartiendo hojas de vida. Por aquellas cosas del azar, y durante una breve visita a Bucaramanga, se enteró que había una vacante en el periódico La Tarde de Pereira, que ya para entonces formaba parte del grupo nacional de medios que lidera Vanguardia Liberal.
Sin pensarlo dos veces y como si fuera una vieja amiga de la casa, Martica fue y pidió cita con el presidente del grupo empresarial, Alejandro Galvis Ramírez. Cuando le dijeron que se demoraba un poco porque estaba ocupado, ella dijo que esperaba. Tomó una revista y no se movió, ni siquiera cuando las personas del periódico salieron a almorzar. Siete u ocho horas después, y tal vez, entre curioso y sorprendido por la perseverancia de la jovencita, Galvis la hizo pasar. Cuál no sería su sorpresa, cuando se enteró que iba por la vacante en el periódico de Pereira.
Después de semejante muestra de decisión y constancia el puesto fue suyo.Cuándo llegó a Pereira, ciudad que solo conocía por referencias, se encontró con varios compañeros de la universidad y empezó a mostrar sus capacidades profesionales y su talento.
Pasó por diferentes medios de radio, prensa y televisión, fue asesora de varias entidades y Secretaria de Comunicaciones de la Gobernación de Risaralda, en los tiempos del “Rostro Humano y social con igualdad de oportunidades”.
Hoy, más allá de sus logros y trayectoria periodística, Marta Ramírez es una batalladora.
Desde hace más de un año lucha contra una enfermedad, que no ha podido quitarle su sonrisa y su entusiasmo.Cuando vemos, con su cabello corto y cenizo, a esta mujer valiente que irradia optimismo, sentimos que la vida nos cuenta una historia al oído y nos llama a exprimirle a cada día hasta la última gota.
Aquella Martica que durante veinte años nos regaló noticias, entrevistas y reportajes; hoy nos transmite fortaleza, decisión y valor, en AM, en FM y en Estéreo.
Los honorables honorarios

Por Juan Antonio Ruiz Romero
Jueves 11 de septiembre

Las nuevas generaciones deben desconocer que existió una época, no muy lejana, en la cual a los concejales no les pagaban honorarios. En su espíritu, la norma consideraba que la labor de los cabildantes era cívica y por tal motivo, no recibían remuneración económica.

Sin embargo, en el ejercicio cotidiano, esa “labor cívica, desprevenida y buscando el interés colectivo”, se transformó en la oportunidad para que numerosos concejales aprovecharan su curul para conseguir puestos en la administración municipal y para pedir comisiones por los contratos y por “las gestiones” adelantadas ante las distintas dependencias. O sea, lo mismo que ahora.

Sin embargo, para limpiar un poco la mala imagen de los desprestigiados dirigentes, que no percibían un peso por su trabajo, pero se gastaban millones en las campañas para llegar al Concejo; el gobierno y el Congreso colombiano establecieron en el Estatuto de Régimen municipal, el pago de honorarios, por sesión, a los “padres del municipio”. Con ello se buscaba dignificar el ejercicio de dicha actividad con un ingreso, que permitiera alejar las tentaciones de arañar y embolsillarse los recursos del erario.

Los concejales fueron reconocidos como “servidores públicos”, sin relación laboral con el municipio, y a quienes, por cada sesión, se les reconocen honorarios equivalentes a un día del salario del alcalde, según la categoría asignada a cada ciudad o localidad.

En concepto del Departamento Administrativo de la Función Pública “el tope máximo de los honorarios de los Concejales es el 100% del salario diario de los Alcaldes y por concepto de salario estos funcionarios perciben única y exclusivamente asignación básica y gastos de representación. Por lo tanto, en criterio de esta Oficina, serán estos los beneficios que se tienen en cuenta como base de liquidación de los honorarios respectivos”.

Sin embargo, esta semana, un fallo del Tribunal de lo Contencioso Administrativo del Quindío abrió un boquete para las arcas municipales de todo el país, al considerar los magistrados que los concejales tienen derecho proporcional al pago de prestaciones legales y extralegales.

Los concejales demandantes, basados en el decreto ley 1042 de junio de 1978, firmado por el entonces presidente Alfonso López Michelsen, aspiran que dentro de sus honorarios se incluyan otros factores de salario del alcalde como son los incrementos por antigüedad; los gastos de representación; los auxilios de alimentación y de transporte; la bonificación por servicios prestados y los viáticos.

En medio de la inseguridad jurídica y choque de trenes que se vive en el país, en dónde el Consejo de Estado autoriza tutelas que ya había negado la Corte Constitucional; en donde las altas cortes ya no están en el Palacio de Justicia sino en un cuadrilátero esquivando golpes y pronunciamientos del Ejecutivo; en dónde las órdenes médicas y los exámenes los expiden los jueces y en donde a través de tutelas y acciones populares se busca segundo calificador de un examen de la universidad y suspender el cambio de rutas de buses en un municipio, es apenas comprensible, el fallo sobre los derechos salariales y prestacionales de los concejales.

De mantenerse en firme esa decisión, los Concejos van a aprobar, sin ningún reparo, los viajes, ojalá bien frecuentes, de los alcaldes al exterior. Al fin y al cabo, las sesiones se las van a pagar, incluyendo en la liquidación, los viáticos en euros o en dólares del mandatario municipal.
Faltan 5 años
y tres días…

Por Juan Antonio Ruiz Romero
Jueves 28 de agosto de 2008

El éxito contundente de los Juegos Olímpicos de Beijing y la imagen espectacular que China proyectó al mundo, durante dos semanas, demostraron los resultados de una planeación minuciosa, un trabajo impecable y metas exigentes, buscando la perfección.

De esa impresionante experiencia de organización, con visión de futuro, tenemos que aprender en Pereira, con miras a dos momentos que, bien manejados, se pueden convertir en propulsores de interesantes procesos de desarrollo humano y económico de nuestra ciudad.

Dentro de tres años, o sea en 1.095 días, se celebrará en Colombia el Mundial de Fútbol sub 20, en donde Pereira, Armenia, Manizales, Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla y Cartagena serán subsedes del certamen mundial.

Pero sobre todo, en 5 años y tres días, es decir dentro de 1828 días, incluyendo el 29 de febrero de 2012, Pereira celebrará sus 150 años de fundación. Y nos complace saber que por iniciativa del actual mandatario ya se empezó a trabajar en el sesquicentenario y se puso al frente del proyecto al dos veces ex alcalde Gustavo Orozco Restrepo, quién, como dirían en el ámbito político, “está por encima del bien y del mal”.

Después de sucesivas reuniones con “los distintos actores sociales” (¿que diría Fanny Mikey de esa frase tan usada en los últimos tiempos?), el ingeniero Orozco tiene esbozadas varias iniciativas que podrían convertir ese aniversario de Pereira, en una excusa para proyectar la ciudad hacia las próximas décadas.

Además de la prospectiva a mediano y largo plazo, el buen juicio del ingeniero lo ha llevado a recoger buena parte de las experiencias, proyectos e inversiones que se han ejecutado en los últimos años en aspectos de saneamiento básico, renovación urbana, equipamientos educativos, viales, recreativos, culturales y comunales, para tratar de articularlos en iniciativas de gran calado y que, a la vez, nos permitan enfrentar al mundo globalizado, sin perder nuestra razón de ser y esencia pereirana.

Y sobre esos insumos, surgen dos componentes que podrían darle un vuelco a Pereira y a sus ciudadanos. De una parte, y como resultado de las inversiones que se ejecutan con recursos del BID en el saneamiento y recuperación de los ríos Otún y Consota, se propone retomarlos como Ejes Vitales de la ciudad y convertirlos en instrumentos de identidad cultural, protección ambiental, generación de empleo y corredores deportivos y recreativos.

El río Otún, en su trayecto urbano desde Colpapel hasta Turín, se convertiría en un gran malecón peatonal y con cicloruta, en donde se ubicarían mojones con algunos de los hitos y momentos de nuestra historia. A lo largo del trayecto, pequeños negocios de refrescos, alimentos y cafés, atendidos por personas residentes en el sector; guías ambientales y culturales acompañando el recorrido y los guardianes del río, una mezcla de patrulleros ciudadanos y ecológicos, también con habitantes de la zona ribereña.

Y sobre el río Consota, un gran corredor ambiental, educativo, recreativo, de ciencia, tecnología y conocimiento, que se extendería desde el Jardín Botánico de la Universidad Tecnológica de Pereira hasta el parque Temático de Flora y Fauna, en Galicia, pasando por el Parque Arqueológico de El Salado; el colegio de Las Franciscanas en Mundo Nuevo, las instituciones educativas La Julita, Técnico Superior, las Universidades Cooperativa y Antonio Nariño; los colegios Deogracias Cardona, INEM Felipe Pérez, Calasanz, Normal Superior, la Carder, la Universidad Católica, la Villa Olímpica, Expofuturo y Unilibre.

El proyecto del sesquicentenario ya cuenta con respaldos y solidaridades de los pereiranos residentes en Bogotá y de los andariegos que se encuentran alrededor del mundo. Pereira, 150 años, debe ser nuestro gran reto y la cuenta regresiva ya empezó…

La reina que monta
en Megabús

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Si en el Concurso Nacional de la Belleza que se celebra cada año en Cartagena, la inteligencia de las participantes fuera uno de los principales requisitos, Risaralda, con seguridad, tendría este año la corona.

A sus 21 años, recién cumplidos, Jenny Guzmán Tamayo, es una estudiante de cuarto año de Derecho de la Universidad Libre de Pereira, a quién el tiempo le ha rendido, tanto para su preparación intelectual y profesional, como en el aspecto físico.

Entre los 7 y los 14 años, practicó natación, voleibol y aeróbicos y representó a su colegio y a Pereira en distintos torneos nacionales. Su rendimiento académico y liderazgo le permitieron en 2004, ser elegida Personera estudiantil en el Gimnasio Pereira. Allí trabajó en proyectos de emprendimiento escolar y logró que las niñas de primaria también tuvieran acceso a la emisora del colegio.

Esa primera experiencia política le quedó gustando y, por ello, decidió estudiar derecho. Pero no es cualquier estudiante. Su promedio en los cuatro años es de 4,5. Integró el Semillero de Derechos Humanos de la Universidad, trabajó con las comunidades indígenas y negras de Pueblo Rico y efectuó su práctica del Consultorio Jurídico en el Tribunal de lo Contencioso Administrativo de Risaralda. Por culpa del reinado, no podrá representar, con una ponencia, a la seccional de Unilibre en el Congreso Internacional de Derecho procesal, que se cumplirá en los próximos días en Medellín.

Pero además de sus formación académica, Jenny Guzmán ha participado activamente como conferencista de la Fundación “Yo creo en Colombia” y de los cursos de capacitación de la Fundación “Juan Alejandro Sanz Sanz” Líderes por Colombia. Habla con seguridad de la producción cafetera de Colombia, de la biodiversidad, de los atractivos turísticos y paisajísticos del Eje Cafetero y de los municipios de Risaralda.

La joven candidata, sencilla y desenvuelta, reconoce la influencia de sus padres, el médico Néstor Guzmán, “amoroso, pero exigente”; de su mamá, la economista Maria Esneda Tamayo, “trabajadora, orgullosa y comprometida” y de su hermana Natalia, una médica de la UTP, graduada con honores y que es su amiga y ejemplo más cercano.

La Señorita Risaralda 2008, considera que “las leyes son para ayudar a la gente”. Por eso, no nos debe extrañar que en Cartagena hable sobre los derechos de la mujer, de salud sexual y reproductiva; de la dimensión integral del ser humano, los Objetivos del Milenio y los retos de la pobreza, la insalubridad y la inequidad social.

La candidata asegura que las ciencias jurídicas le entregan una universalidad y conocimientos para entender e interpretar las realidades de ese país, que está más allá de los desfiles, las lentejuelas y los diseñadores famosos.

Esperemos que con su inteligencia y decisión, la representante de Risaralda supere la frivolidad de un concurso -de naturaleza comercial- que ni siquiera se suspendió cuándo el holocausto del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero enlutaron a los colombianos.

Sin embargo, el sueño de Jenny está más allá de la ciudad amurallada. Quiere, en primera instancia, ser magistrada del Consejo de Estado o de la Corte Suprema de Justicia, pero sólo como parte de su preparación y fundamentación para ser magistrada de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en San José de Costa Rica. Pero, mientras llega ese momento, seguirá con su preparación y montando en Megabús.
El Síndrome del "deje así"
Por Juan Antonio Ruiz Romero,
jueves 14 de agosto de 2008
Para cualquier persona racional del mundo, los hechos cotidianos que suceden en Colombia son inexplicables. La primera página de ayer del periódico La tarde, es un buen ejemplo de las historias imposibles, descabelladas e inexplicables que forman parte de nuestro diario acontecer.
El título lo resumía todo: “Día movido en la Corte”. Primero fue el respaldo total dado por la Corte Suprema de Justicia al magistrado Iván Velásquez, en quien reposa todo el proceso de la ‘parapolítica’; después la Sala Penal del máximo tribunal abrió una investigación preliminar en contra del senador del Polo Democrático Alternativo Gustavo Petro, por haber supuestamente manipulado testigos y haber interferido en la justicia. Más tarde hizo lo mismo con la senadora Piedad Córdoba”.
Pero además de ese desenfreno informativo y judicial, el general Mario Montoya, comandante del Ejército fue acusado por un paramilitar desmovilizado de entregarle a las AUC “una camioneta provista con una caleta donde fueron ocultados siete fusiles, como regalo al desaparecido comandante del Bloque Metro de las Autodefensas, Carlos Mauricio García Fernández, también conocido como ‘Doble Cero’ o ‘Rodrigo’”.
Y como si fuera poco, la Fiscalía General de la Nación consideró que las pruebas de los posibles nexos del ex presidente del Senado Luis Humberto Gómez Gallo con el Bloque Tolima de las AUC no “eran suficientemente contundentes” para seguir con la investigación en su contra y ordenó su libertad.
No sé porqué todos estos hechos recientes, sumados a las grabaciones de la ex presidenta del Senado Nancy Patricia Gutiérrez que comprometían con actuaciones indebidas al magistrado Iván Velásquez; las declaraciones del nuevo presidente del Congreso Hernán Andrade de que existe un “cartel del falso testimonio” y que el mismo presidente Uribe volviera a arremeter contra las altas cortes, al asegurar que existe un “roscograma en la justicia colombiana”; se terminan pareciendo cada vez más a la inolvidable canción “Burundanga” de la “Guarachera de Cuba, Celia Cruz:
“Songo le dio a borondongo, borondongo le dio a BernabéBernabé le pegó a muchilanga; le echó a burundangales hinchan los pies, Monina….”
Y el tema se complica mucho más porque lo que están logrando, unos y otros, en los continuos escándalos sobre los cada vez más visibles e inocultables nexos de grupos armados ilegales con la política colombiana, no es que los ciudadanos cuestionen, protesten, controvierten, se expresen y exijan respuestas como en la canción:
“¿Por qué fue que songo le dio a borondongoporque borondongo le dio a bernabépor qué bernabé le pegó a muchilangapor qué muchilanga le echó a burundangaporque burundanga le hinchan los pies?
Todo lo contrario. Es tal el desbarajuste institucional, la radicalización de las posiciones en el gobierno, en las cortes, en los columnistas de los medios informativos; el uso político de la justicia y el ataque a la justicia como medio político; que, en últimas, los colombianos de a pie, están cansados de unas peleas que ni siquiera entienden y están concluyendo, a priori, que todos están salpicados, que todos son corruptos y que nadie se salva de esta hecatombe.
Y el riesgo es que “como todos están untados”, mejor dejemos así las cosas y no removamos demasiado lo que pasó. ¿Será que las víctimas del conflicto estarán de acuerdo con ese borrón y cuenta nueva, porque aquí no ha pasado nada?
Para cualquier persona racional del mundo, los hechos cotidianos que suceden en Colombia son inexplicables. La primera página de ayer del periódico La tarde, es un buen ejemplo de las historias imposibles, descabelladas e inexplicables que forman parte de nuestro diario acontecer.El título lo resumía todo: “Día movido en la Corte”. Primero fue el respaldo total dado por la Corte Suprema de Justicia al magistrado Iván Velásquez, en quien reposa todo el proceso de la ‘parapolítica’; después la Sala Penal del máximo tribunal abrió una investigación preliminar en contra del senador del Polo Democrático Alternativo Gustavo Petro, por haber supuestamente manipulado testigos y haber interferido en la justicia. Más tarde hizo lo mismo con la senadora Piedad Córdoba”.Pero además de ese desenfreno informativo y judicial, el general Mario Montoya, comandante del Ejército fue acusado por un paramilitar desmovilizado de entregarle a las AUC “una camioneta provista con una caleta donde fueron ocultados siete fusiles, como regalo al desaparecido comandante del Bloque Metro de las Autodefensas, Carlos Mauricio García Fernández, también conocido como ‘Doble Cero’ o ‘Rodrigo’”.Y como si fuera poco, la Fiscalía General de la Nación consideró que las pruebas de los posibles nexos del ex presidente del Senado Luis Humberto Gómez Gallo con el Bloque Tolima de las AUC no “eran suficientemente contundentes” para seguir con la investigación en su contra y ordenó su libertad.No sé porqué todos estos hechos recientes, sumados a las grabaciones de la ex presidenta del Senado Nancy Patricia Gutiérrez que comprometían con actuaciones indebidas al magistrado Iván Velásquez; las declaraciones del nuevo presidente del Congreso Hernán Andrade de que existe un “cartel del falso testimonio” y que el mismo presidente Uribe volviera a arremeter contra las altas cortes, al asegurar que existe un “roscograma en la justicia colombiana”; se terminan pareciendo cada vez más a la inolvidable canción “Burundanga” de la “Guarachera de Cuba, Celia Cruz:“Songo le dio a borondongo, borondongo le dio a BernabéBernabé le pegó a muchilanga; le echó a burundangales hinchan los pies, Monina….”Y el tema se complica mucho más porque lo que están logrando, unos y otros, en los continuos escándalos sobre los cada vez más visibles e inocultables nexos de grupos armados ilegales con la política colombiana, no es que los ciudadanos cuestionen, protesten, controvierten, se expresen y exijan respuestas como en la canción:“¿Por qué fue que songo le dio a borondongoporque borondongo le dio a bernabépor qué bernabé le pegó a muchilangapor qué muchilanga le echó a burundangaporque burundanga le hinchan los pies? Todo lo contrario. Es tal el desbarajuste institucional, la radicalización de las posiciones en el gobierno, en las cortes, en los columnistas de los medios informativos; el uso político de la justicia y el ataque a la justicia como medio político; que, en últimas, los colombianos de a pie, están cansados de unas peleas que ni siquiera entienden y están concluyendo, a priori, que todos están salpicados, que todos son corruptos y que nadie se salva de esta hecatombe. Y el riesgo es que “como todos están untados”, mejor dejemos así las cosas y no removamos demasiado lo que pasó. ¿Será que las víctimas del conflicto estarán de acuerdo con ese borrón y cuenta nueva, porque aquí no ha pasado nada?
Para cualquier persona racional del mundo, los hechos cotidianos que suceden en Colombia son inexplicables. La primera página de ayer del periódico La tarde, es un buen ejemplo de las historias imposibles, descabelladas e inexplicables que forman parte de nuestro diario acontecer.El título lo resumía todo: “Día movido en la Corte”. Primero fue el respaldo total dado por la Corte Suprema de Justicia al magistrado Iván Velásquez, en quien reposa todo el proceso de la ‘parapolítica’; después la Sala Penal del máximo tribunal abrió una investigación preliminar en contra del senador del Polo Democrático Alternativo Gustavo Petro, por haber supuestamente manipulado testigos y haber interferido en la justicia. Más tarde hizo lo mismo con la senadora Piedad Córdoba”.Pero además de ese desenfreno informativo y judicial, el general Mario Montoya, comandante del Ejército fue acusado por un paramilitar desmovilizado de entregarle a las AUC “una camioneta provista con una caleta donde fueron ocultados siete fusiles, como regalo al desaparecido comandante del Bloque Metro de las Autodefensas, Carlos Mauricio García Fernández, también conocido como ‘Doble Cero’ o ‘Rodrigo’”.Y como si fuera poco, la Fiscalía General de la Nación consideró que las pruebas de los posibles nexos del ex presidente del Senado Luis Humberto Gómez Gallo con el Bloque Tolima de las AUC no “eran suficientemente contundentes” para seguir con la investigación en su contra y ordenó su libertad.No sé porqué todos estos hechos recientes, sumados a las grabaciones de la ex presidenta del Senado Nancy Patricia Gutiérrez que comprometían con actuaciones indebidas al magistrado Iván Velásquez; las declaraciones del nuevo presidente del Congreso Hernán Andrade de que existe un “cartel del falso testimonio” y que el mismo presidente Uribe volviera a arremeter contra las altas cortes, al asegurar que existe un “roscograma en la justicia colombiana”; se terminan pareciendo cada vez más a la inolvidable canción “Burundanga” de la “Guarachera de Cuba, Celia Cruz:“Songo le dio a borondongo, borondongo le dio a BernabéBernabé le pegó a muchilanga; le echó a burundangales hinchan los pies, Monina….”Y el tema se complica mucho más porque lo que están logrando, unos y otros, en los continuos escándalos sobre los cada vez más visibles e inocultables nexos de grupos armados ilegales con la política colombiana, no es que los ciudadanos cuestionen, protesten, controvierten, se expresen y exijan respuestas como en la canción:“¿Por qué fue que songo le dio a borondongoporque borondongo le dio a bernabépor qué bernabé le pegó a muchilangapor qué muchilanga le echó a burundangaporque burundanga le hinchan los pies? Todo lo contrario. Es tal el desbarajuste institucional, la radicalización de las posiciones en el gobierno, en las cortes, en los columnistas de los medios informativos; el uso político de la justicia y el ataque a la justicia como medio político; que, en últimas, los colombianos de a pie, están cansados de unas peleas que ni siquiera entienden y están concluyendo, a priori, que todos están salpicados, que todos son corruptos y que nadie se salva de esta hecatombe. Y el riesgo es que “como todos están untados”, mejor dejemos así las cosas y no removamos demasiado lo que pasó. ¿Será que las víctimas del conflicto estarán de acuerdo con ese borrón y cuenta nueva, porque aquí no ha pasado nada?
Se fue... con sus
zapatos de pom pom

Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 31 de julio

En un momento en que la música en el hemisferio norte estaba cruzada por Los Beatles, Elvis Presley y The Monkees; y en los países de habla hispana por Enrique Guzmán, Sandro de América, Marisol, Raphael, el Dúo Dinámico y Fórmula V, incursionaron tímidamente unas voces colombianas que también querían ser oídas.

La radio era la gran compañía de aquellos días, en donde la televisión era en blanco y negro, con solo tres canales y unas pocas horas diarias de emisión. En esas ondas radiales, al lado de Kalimán -que también despidió hace algunas semanas de la vida terrena a Gaspar Ospina, quién le diera vida con su voz- surgieron esos cantantes colombianos, que siguiendo las tendencias internacionales, empezaron a mostrar su talento e inquietudes artísticas.

Eran los días en los cuales Pablus Gallinazus salía siempre a caminar, en busca de una flor para mascar; en que Angela y Consuelo “Las Hermanitas Singer” nos decían que “Usted abusó, sacó provecho de mí, abusó”; en que el barranquillero Luis Gabriel advertía que “esto de ser artista es mejor que trabajar, aunque a veces pasen cosas que no deben pasar” y cuando el intérprete sanandresano Christopher nos contaba que “Sobre la cima, de una montaña, un hombre grita cosas extrañas”…

En medio de ese variado panorama musical, Ana y Jaime sorprendían con su música protesta y esos versos, en su momento contestatarios y todavía tan actuales: “Tu patria es mi patria, tu problema es mi problema; gente gente; tu bandera es mi bandera: amarillo, oro; azul, mar azul y el pobre rojo, sangra que sangra que sangra que sangra…”
Y entre todas esas voces, una figura engominada, camisa de terlenka, con pantalones bota de campana y zapatos de plataforma que imitaba los movimientos de cadera de Elvis y Sandro: Oscar Golden, un artista que interpretaba letras entre sencillas y provocadoras, en una época bastante pudorosa: “Que sea mi cuerpo alegre carrilera por la que corran tus manitas frías, que pasen palmo a palmo por mi tierra, hasta que se confundan con las mías”.
Algunos puristas dicen que esa música no decía nada y tratan de deslegitimar las letras y a los artistas indicando que no eran profundos. Sin embargo, fueron el resultado de un entorno y lo mismo podría decirse de muchas bandas y grupos en español o en otros idiomas, en donde las letras son simples y repetitivas.
Incluso, el reconocido profesor universitario y columnista Edison Marulanda nos recuerda que desde la filosofía, hay juiciosos tratados académicos en donde se menciona que “a través de las baladas, toda una generación aprendió de las alegrías y dolores del amor”.
Un aprendizaje del amor, en ocasiones machista, imponente y dominador como el de “El romance del cacique y la cautiva”: “Reclina niña tu frente sobre mí que aquí reina un fresco ambiente y en las montañas se siente un perfume de alelí. Reclinada y ya cautiva, amorosa y sensitiva, en brazos de Amoremí, quien te ama con ansia ardiente, reclina niña tu frente sobre mí. Qué más quieres mi cristiana para ti…”

O esas letras sin pretensiones, escritas para rimar y bailar con la música: “Está latiendo mi corazón ay, otra vez me vuelve a suceder; es que a mi chica la tengo que ver y viene con zapatos de pom pom. Pom pom pom pom pom pom pom pom arde mi corazón”.

Seguro muchos de nosotros, desde hace tiempo, olvidamos las canciones de Oscar Golden, pero, a todos, de alguna manera, nos retumbó la memoria y tarareamos, con algo de nostalgia: “Soy como tú ya lo sabes, amante latino. Ay, vivo de las mujeres, la noche y el vino. Pero si quieres, mi vida, te llevo conmigo, hasta donde Dios diría tendrás mi cariño…” Adiós a Oscar Golden y a sus zapatos de pom pom.