Se fue... con sus
zapatos de pom pom
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 31 de julio
En un momento en que la música en el hemisferio norte estaba cruzada por Los Beatles, Elvis Presley y The Monkees; y en los países de habla hispana por Enrique Guzmán, Sandro de América, Marisol, Raphael, el Dúo Dinámico y Fórmula V, incursionaron tímidamente unas voces colombianas que también querían ser oídas.
La radio era la gran compañía de aquellos días, en donde la televisión era en blanco y negro, con solo tres canales y unas pocas horas diarias de emisión. En esas ondas radiales, al lado de Kalimán -que también despidió hace algunas semanas de la vida terrena a Gaspar Ospina, quién le diera vida con su voz- surgieron esos cantantes colombianos, que siguiendo las tendencias internacionales, empezaron a mostrar su talento e inquietudes artísticas.
Eran los días en los cuales Pablus Gallinazus salía siempre a caminar, en busca de una flor para mascar; en que Angela y Consuelo “Las Hermanitas Singer” nos decían que “Usted abusó, sacó provecho de mí, abusó”; en que el barranquillero Luis Gabriel advertía que “esto de ser artista es mejor que trabajar, aunque a veces pasen cosas que no deben pasar” y cuando el intérprete sanandresano Christopher nos contaba que “Sobre la cima, de una montaña, un hombre grita cosas extrañas”…
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 31 de julio
En un momento en que la música en el hemisferio norte estaba cruzada por Los Beatles, Elvis Presley y The Monkees; y en los países de habla hispana por Enrique Guzmán, Sandro de América, Marisol, Raphael, el Dúo Dinámico y Fórmula V, incursionaron tímidamente unas voces colombianas que también querían ser oídas.
La radio era la gran compañía de aquellos días, en donde la televisión era en blanco y negro, con solo tres canales y unas pocas horas diarias de emisión. En esas ondas radiales, al lado de Kalimán -que también despidió hace algunas semanas de la vida terrena a Gaspar Ospina, quién le diera vida con su voz- surgieron esos cantantes colombianos, que siguiendo las tendencias internacionales, empezaron a mostrar su talento e inquietudes artísticas.
Eran los días en los cuales Pablus Gallinazus salía siempre a caminar, en busca de una flor para mascar; en que Angela y Consuelo “Las Hermanitas Singer” nos decían que “Usted abusó, sacó provecho de mí, abusó”; en que el barranquillero Luis Gabriel advertía que “esto de ser artista es mejor que trabajar, aunque a veces pasen cosas que no deben pasar” y cuando el intérprete sanandresano Christopher nos contaba que “Sobre la cima, de una montaña, un hombre grita cosas extrañas”…
En medio de ese variado panorama musical, Ana y Jaime sorprendían con su música protesta y esos versos, en su momento contestatarios y todavía tan actuales: “Tu patria es mi patria, tu problema es mi problema; gente gente; tu bandera es mi bandera: amarillo, oro; azul, mar azul y el pobre rojo, sangra que sangra que sangra que sangra…”
Y entre todas esas voces, una figura engominada, camisa de terlenka, con pantalones bota de campana y zapatos de plataforma que imitaba los movimientos de cadera de Elvis y Sandro: Oscar Golden, un artista que interpretaba letras entre sencillas y provocadoras, en una época bastante pudorosa: “Que sea mi cuerpo alegre carrilera por la que corran tus manitas frías, que pasen palmo a palmo por mi tierra, hasta que se confundan con las mías”.
Algunos puristas dicen que esa música no decía nada y tratan de deslegitimar las letras y a los artistas indicando que no eran profundos. Sin embargo, fueron el resultado de un entorno y lo mismo podría decirse de muchas bandas y grupos en español o en otros idiomas, en donde las letras son simples y repetitivas.
Incluso, el reconocido profesor universitario y columnista Edison Marulanda nos recuerda que desde la filosofía, hay juiciosos tratados académicos en donde se menciona que “a través de las baladas, toda una generación aprendió de las alegrías y dolores del amor”.
Un aprendizaje del amor, en ocasiones machista, imponente y dominador como el de “El romance del cacique y la cautiva”: “Reclina niña tu frente sobre mí que aquí reina un fresco ambiente y en las montañas se siente un perfume de alelí. Reclinada y ya cautiva, amorosa y sensitiva, en brazos de Amoremí, quien te ama con ansia ardiente, reclina niña tu frente sobre mí. Qué más quieres mi cristiana para ti…”
O esas letras sin pretensiones, escritas para rimar y bailar con la música: “Está latiendo mi corazón ay, otra vez me vuelve a suceder; es que a mi chica la tengo que ver y viene con zapatos de pom pom. Pom pom pom pom pom pom pom pom arde mi corazón”.
Seguro muchos de nosotros, desde hace tiempo, olvidamos las canciones de Oscar Golden, pero, a todos, de alguna manera, nos retumbó la memoria y tarareamos, con algo de nostalgia: “Soy como tú ya lo sabes, amante latino. Ay, vivo de las mujeres, la noche y el vino. Pero si quieres, mi vida, te llevo conmigo, hasta donde Dios diría tendrás mi cariño…” Adiós a Oscar Golden y a sus zapatos de pom pom.

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