En un rincón del alma
Vanidades automovilísticas
Por Juan Antonio Ruiz Romero
La imagen era tan sorprendente como inolvidable. En una plácida y tibia mañana decembrina, los últimos modelos de la fábrica de autos Ferrari aparecieron estacionados con sus vistosos colores en todo el centro de la emblemática Plaza de San Pedro, corazón del Estado Vaticano, en donde recibieron la bendición del papa Benedicto XVI.
Días antes, el 5 de Diciembre de 2005, el Pontífice recibió en audiencia a Luca Cordero di Montezemolo, Presidente de Ferrari y Fiat; quien obsequió al Papa un volante del monoplaza F 2004 perteneciente al entonces piloto alemán Michael Schumacher, con la dedicatoria "Su Santidad Benedicto XVI, piloto de la cristiandad". También, el empresario le entregó un cheque por 950 mil euros recaudados en la subasta de un auto de carreras, que fue donado a Juan Pablo II, para apoyar al programa Cáritas.
Por eso, quedé de una pieza esta semana, cuando en un interesante documento titulado “Orientaciones para la pastoral de la carretera”, el Vaticano expresa su preocupación “porque a muchas personas cuando conducen les aflora el instinto de dominio, prepotencia y poder y el automóvil lo usan como objeto de ostentación de si mismos, para eclipsar a los demás y suscitar envidias”. En eso tienen toda la razón. El único inconveniente es que el ejemplo debe entrar por casa y, en este caso, por el garaje.
En los parqueaderos vaticanos descansa una flotilla de automóviles: Dos papamóvil, marca Mercedes Benz para los desplazamientos en espacio abierto del Pontífice. Por lo menos, cinco "BMW": un 525ix, un 740-i, algunos C1 y el modelo X5 que obsequiaron al nuevo Papa del 5 de Octubre del 2005. Al lado de esos autos, tan alemanes como Ratzinger, la fábrica germana Wolkswagen le entregó a su compatriota una limosina "Phaeton", de color negro, especialmente equipada para la comodidad, privacidad y seguridad del Papa y le ofreció durante sus visitas a Alemania, los modelos Touareg y Phanton para un nuevo papamóvil.
También en el Vati-parqueadero, están guardados el Range Rover descubierto, en el cual se movilizaba Juan Pablo II el día del atentado, el 13 de mayo de 1981 y el Fiat blanco deportivo sin capota, en el cual Benedicto XVI apareció en su primera salida el 24 de abril de 2005.
Ante esa avalancha tecnológica automotriz alemana e italiana, la firma sueca "Volvo" le regaló al Pontífice un vehículo especial, modelo "FL", producido en Bélgica y el cual es utilizado dentro de la Ciudad del Vaticano para la remoción de autos y los traslados del Papamóvil hacia otros destinos europeos.
Son tantos los automóviles regalados a la Santa Sede, que el Volkswagen Golf gris metalizado modelo 1999 que perteneció al cardenal Ratzinger, antes de ser elegido Papa, lo vendieron en una subasta por 62.500 euros, porque tal vez no había espacio donde estacionarlo. O lo sucedido, en 1999, cuando la Fiat italiana regaló un Lancia valorado en 150.000 euros a Juan Pablo II y él lo rechazó por su alto precio.
Al reconocer el valor del documento pontificio, elaborado como una reflexión, luego de que en el siglo XX murieran 35 millones de personas en accidentes de tránsito en el mundo, habrá que esperar la opinión de los grandes fabricantes y concesionarios automovilísticos sobre todo de aquel mandamiento en dónde pide que “El automóvil no sea para ti expresión de poder y dominio y ocasión de pecado”. Al fin y al cabo, el tamaño del pecado, depende del precio, el modelo, la marca, los accesorios, la compañía y las travesuras que haga con el automóvil.
ruizromeroja@hotmail.com
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario