lunes, 3 de diciembre de 2007

En un rincón del alma

La importancia de no llamarse…

Por Juan Antonio Ruiz Romero

En 1895 y para burlarse de la hipocresía de las costumbres de la época victoriana en el Reino Unido, el dramaturgo irlandés Oscar Wilde escribió una comedia titulada: “La importancia de llamarse Ernesto”.

Cien años más tarde, en una nación suramericana, por tratar de ser importante y convertirse en presidente, otro Ernesto cohonestó el concubinato entre política y los carteles del narcotráfico. A partir de ese momento, diminuyeron en forma dramática los bautizos de niños llamados Ernesto. Pero también los Horacios y los Fernanditos. Más adelante, por otras razones, se volvieron impopulares los Andresitos, los Manuelitos, Víctor G. y otras especies.

Con un ánimo preventivo, nos permitimos advertir a nuestros lectores algunos de esos nombres que, por obvias razones, no son recomendables por estos tiempos.

Es inconveniente, por ejemplo, denominar a sus hijos, sobrinos o amigos con apelativos cariñosos tales como Gordolindo, Berna, Mellizo, Macaco, Pupo, Vecino, Vanoy, o Jojoy. Y aunque tenga un tío en Italia, no se le ocurra llamar a su primogénito Salvatore y así su hijo sea el cuadragésimo en la sucesión familiar, no lo bautice Jorge… 40.

No importa que usted sea católico, tenga una fe muy fuerte, quiera edificar una familia en valores y rendirle homenaje al primer discípulo de Cristo; por favor, olvídese de bautizar a su hijo Petro. El sentido común y la antipatía de las fuerzas uribistas desbordadas le darán la razón. Eso si tampoco se vaya al extremo de pensar que sus hijos son unos Santos: con el vicepresidente y el Ministro de Defensa, ya tenemos suficientes.

Por piedad y por salud mental, ni se le ocurra que su hijita lleve el nombre de la controvertida, peleona y deslenguada senadora antioqueña. Cuándo ella crezca, nos referimos a la niña, se lo agradecerá.

Es probable que a usted le encanten los felinos y acostumbre jugar chance. Pero una indefensa bebita sería asaltada en su propia cuna, si la bautiza Enilse o Eleonora.


También pedimos cautela debido a que las recientes visitas de los presidentes de Estados Unidos, Alemania y Microsoft a Colombia pueden ocasionar serios traumatismos en registradurías, notarías e iglesias y generar una epidemia de George Walter, Helmut and Bill. Así como las docenas de Usnavys que bautizaron en Buenaventura, luego de ver los gigantescos buques de la armada norteamericana atracados en el puerto.

No quisiera imaginarme a un tierno George Walter Buriticá; a un Helmut Leonardo Guacaneme o a Billgates Benítez. Y eso sin contar las posibles combinaciones: Álvaro George Ortiz o Telecé Contreras. Mejor consulte el santoral.

ruizromeroja@hotmail.com

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