lunes, 3 de diciembre de 2007

En un rincón del alma

Mensajes contradictorios


Por Juan Antonio Ruiz Romero
Un compatriota, como lo llama el presidente Uribe, llega temprano a la DIAN. Hace la fila, reclama una ficha y se sienta a esperar el turno, mientras los funcionarios lo miran como un evasor en potencia, un virtual delincuente de cuello blanco, que trata de eludir sus responsabilidades con el Estado, amparándose en triquiñuelas y en contadores sabihondos.

Otro compatriota, que purgaba pena de cárcel por delitos políticos: sedición, rebelión, asonada, atentados contra la autoridad, sus agentes y funcionarios públicos y tenencia de armas de uso privativo de las fuerzas militares, es conducido, con escolta oficial, a un centro recreacional, en donde en una cabaña y al lado de la piscina, espera que se autorice su libertad.

Luego de varias horas sin poder ir a la oficina, el compatriota es atendido por un funcionario de la DIAN que, luego de mirarlo con desconfianza, le dice que no le puede recibir la declaración en diskete o disco compacto, porque con ello se estaría promoviendo la piratería. Como si los ciudadanos sacaran copias masivas de su declaración de renta o de IVA, para vender a dos mil pesos en las esquinas del centro, allí donde no llegan los miembros de la Policía Fiscal y Aduanera.

Otros compatriotas, miembros de la fuerza pública, que se encontraron una “guaca” de la guerrilla y fueron procesados por el presunto delito de peculado por apropiación, quedan en libertad. Dice la justicia militar que se hallaron irregularidades en el proceso. Pero, uno concluye que si liberan a los de las Farc, porque no, a quienes se encontraron, durante un operativo y en plena selva, una caleta de esa organización.

El compatriota, que no se pierde los Consejos Comunitarios de los sábados, va a misa los domingos y se conoce de memoria el calendario tributario, sale despavorido a la oficina o a un almacén cercano a buscar una memoria USB. El tiempo es su enemigo y si se le vence el plazo debe pagar una multa. Alcanza a regresar y entrega la declaración al funcionario, quien le dice que debe esperar porque se cayó el sistema. Luego de más de media hora de retraso, en una maniobra inesperada, el empleado borra la información. Al ver “la metida de pata” que cometió, lo máximo que se le ocurre decir es: –Vean a ver si pueden recuperar el archivo. Eso si les toca esperar a que desocupen ese computador…

El contribuyente se siente como si fuera reseñado en una cárcel de máxima seguridad. Suda, llora, reniega, protesta y de pronto, cuando levanta la cabeza se encuentra con un afiche y un lema publicitario: “Colombia: un compromiso que no podemos evadir”. Pero nosotros. Porque los demás: guerrilleros, narcotraficantes, contrabandistas, paramilitares y parapolíticos ya se las ingeniaron para evadir hasta la misma justicia.

ruizromeroja@hotmail.com

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