lunes, 3 de diciembre de 2007

En un rincón del alma

“Ya estás grandecito…”

Por Juan Antonio Ruiz Romero


Aunque pareciera imposible, el escritor Fernando Vallejo volvió a escandalizar. En sus libros, columnas de opinión y declaraciones no había dejado títere con cabeza: las mujeres, la Iglesia católica, los antioqueños, los políticos, los pobres, la burocracia estatal fueron objeto de sus dardos envenenados de odio y desprecio.

Ahora, 36 años después de vivir, publicar y criticar desde México, decidió renunciar a su ciudadanía colombiana. “Desde niño sabía que Colombia era un país asesino, el más asesino de la tierra, encabezando año tras año, imbatible, las estadísticas de la infamia. Después, por experiencia propia, fui entendiendo que además de asesino era atropellador y mezquino”.

Vallejo: talentoso, prolífico, provocador, genial, irreverente, desgarrado, visceral, podría editar con sus textos una edición resumida de los epítetos más utilizados en la lengua española. Nacido en la sociedad antioqueña de los años 40, aristocrática, machista y matriarcal, la sombra tutelar de la iglesia y las cargas pecaminosas de su opción sexual le marcaron la personalidad, sueños y producción literaria, la mayoría autobiográfica.

Vallejo: racista, explosivo, vanidoso, contestatario, virulento, resentido, vituperado, pleno de demonios y angustias. Con una mezcla de sarcasmo y convicción, en La Virgen de los Sicarios, se refiere a la pobreza: "Mi fórmula para acabar con ella no es hacerle casa a los que la padecen y se empeñan en no ser ricos: es cianurarles de una vez por todas y listo." Y después de su experiencia como hijo de terrateniente asegura: "No hay plaga mayor sobre el planeta que el campesino colombiano, no hay alimaña más dañina, más mala. Parir y pedir, matar y morir, tal su miserable sino."

Vallejo: escritor con escalpelo, escandaloso, defensor de los perros y contradictor de sus paisanos, ex colombiano: "Esa mala patria de Colombia ya no es la mía y no quiero volver a saber de ella. Lo que me reste de vida lo quiero vivir en México y aquí me pienso morir". La decisión de Vallejo es tan respetable como triste. Ojalá en México logre el exorcismo final de todos sus fantasmas, tan colombianos ellos. Entre tanto, Colombia lo despide al ritmo ranchero y adolorido de su nuevo país adoptivo:

“Cuando estés decidido
a buscar otra vida
pues agarra tu rumbo y vete,
pero no me amenaces, no me amenaces,
ya estás grandecito,
ya entiendes la vida
ya sabes lo que haces.”

ruizromeroja@hotmail.com

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