martes, 11 de marzo de 2008

Tiempo de camuflados

Por Juan Antonio Ruiz Romero

La muerte reciente del guerrillero Raúl Reyes y las reacciones de los gobiernos de Ecuador y Venezuela, nos recordaron a los colombianos que estamos en guerra. Una larga y extenuante guerra de más de 40 años, en donde perdimos la cuenta de las bajas de lado y lado y en la cual, además de la guerrilla y la fuerza pública, han participado otros actores armados, como narcotraficantes y paramilitares. Un conflicto con víctimas de carne y hueso, de la sociedad civil, tan colombianos como nosotros.

Y ante la guerra, interna o externa, tenemos que prepararnos. Por eso, esta semana, con ese humor devastador con el cual tratamos de bajarle temperatura a todos nuestros problemas, las personas se saludaban y de inmediato preguntaban: ¿Ya compró su camuflado?

Y no se referían a los campamentos camuflados en países vecinos; ni a la gestión humanitaria camuflada de intereses políticos protagónicos; ni del guerrillero colombiano, camuflado como héroe de guerra en Venezuela; ni de la senadora camuflada como mano derecha de Chávez; ni de las declaraciones, con sabor a desquite, camufladas en denuncia ante la Corte Penal Internacional.

Ni siquiera se trataba de los pronunciamientos gremiales, camuflados de tranquilidad, a pesar del incierto panorama de las exportaciones colombianas; ni de las fiestas de stripper, camufladas de celebraciones del Día Internacional de la mujer; ni de las excusas camufladas de que ya marcharon en febrero, para no participar en la jornada por las víctimas de la violencia de este jueves 6 de marzo.

En realidad se referían al camuflado o traje de fatiga que utilizan las fuerzas militares. Y uno se imagina de pronto, como se verían, elegantes ejecutivos y destacadas mujeres de la economía, los negocios y la política, cambiando su vestuario cotidiano para ir a defender las fronteras. Sin dudas, sería una imagen muy particular. Tropas gomelas con gafas oscuras y marco que haga juego con el uniforme; bloqueador solar número 40, i-pod último modelo con audífonos para recibir las instrucciones; traje de combate con repelente de insectos incluido; celular de última generación, con Internet y cámara de video para que los vean en la casa desde el campo de batalla.

Además como requisito para “ir a defender el honor de la patria”, la exigencia al Ejército colombiano de tener valores agregados como masajista y médico deportólogo, para orientar el adiestramiento y la práctica militar enfocada a reducir colesterol y triglicéridos. Además la necesidad de peluqueros y chef. “-Es que, se imaginan, una acabada de levantar, con el pelo todo revolcado o peor, recién lavado y sin podérselo secar? Qué boleta… Ni siquiera el casco lo disimula…”
“-Además, si a uno lo incorporan, que por lo menos le garanticen una comida mejor que la de la casa. O sino pierden el tiempo. Porque agua de panela y enlatados, no pega…”

Y el horario de trabajo, debe acordarse entre las partes. “- Ojalá una jornada continua, por ahí desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde, porque ¡qué mamera! madrugar y menos trabajar hasta tarde. Puede que sea guerra, pero eso de horario extendido, nada que ver… Además, la noche es para unos chorros con los amigos, para mandarles mensajitos a las niñas por el bluetooth y ver que plan resulta. Además si lo que quieren es que uno vigile, mejor “hacemos vaca” y contratamos un celador…”

Así que, antes de enlistarse en las fuerzas de la reserva, piénselo bien y prepare su camuflado. Recuerde que en la frontera no lo puede comprar.



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