¡A remodelar la casa!
Por Juan Antonio Ruiz Romero
En una sociedad capitalista como la nuestra, en dónde lo más importante es el consumo de los ciudadanos, así sea de artículos que no necesiten, nos encontramos con todo tipo de sugestivas invitaciones:
Por Juan Antonio Ruiz Romero
En una sociedad capitalista como la nuestra, en dónde lo más importante es el consumo de los ciudadanos, así sea de artículos que no necesiten, nos encontramos con todo tipo de sugestivas invitaciones:
“¿Necesitas remodelar tu casa? Tus proyectos no tienen por qué seguir esperando. Puedes diferir tus compras hasta en 48 cuotas mensuales. Las cuotas son fijas, por eso siempre pagas lo mismo.”
Las opciones de pago son múltiples: cheques posfechados hasta 12 meses y los tres primeros meses sin intereses o tarjetas de crédito que amplían sus cupos por arte de magia para que usted se antoje y se endeude.
Incluso, por aquello de las migraciones y los miles de compatriotas andariegos en el exterior, una oferta irresistible:
“Remodela en Colombia. Desde cualquier parte del mundo, puedes comprar una remodelación en Colombia para la persona que más quieres.”
Frente a tanta motivación y facilidades de pago, tomé la decisión de invitar a los lectores a que le saquemos un tiempito y a pesar de la incomodidad que pueda generar, pensemos seriamente en remodelar nuestras casas.
Sería maravilloso derrumbar las paredes que dificultan la comunicación con nuestras parejas e hijos y construir un espacio abierto, un “loft” dirían los expertos, en donde floten las ideas y opiniones de todos, en donde se delibere, se discuta y se respeten las diferencias. También es importante, abrirle puertas y ventanas al hogar para que circulen la tolerancia, el reconocimiento y la autoestima, ya sea en galones, cuartos o cuñetes.
Luego tenemos que reformar la cocina. Debemos convertirla en un sitio en donde quepan hombres y mujeres. Un mesón grande y amplio, lleno de sabores gratos, con la dulzura del afecto y la sal la vida. Una estufa inmensa en donde se cocinen, a fuego lento, las ilusiones; se pongan a suavizar las angustias a la parrilla; se friten los fracasos y se horneen las esperanzas, con salsa de chocolate.
También hay que renovar el baño. Es necesario escoger una cerámica en la que reboten los malos pensamientos y sifones que se lleven los temores y dudas. Además, una ducha refrescante de buenas sensaciones, con sentimientos claros y fluidos.
Y ya entrados en gastos, y en la onda remodeladora, les recomiendo darle una repintadita a su hogar, para que “le pongan color a sus ideas”. Se imagina, encima de su cama, un color azul amor, ideal para interior y exterior, lavable y anticorrosivo para la rutina. O en el cuarto de los hijos, un verde comprensión, con olor a chicle y ternura. Y en la sala-comedor, un amarillo concordia, sin televisor, en donde la comida solo sea la excusa para compartir con la familia.
Y que tal un mueble de arriba abajo, en una de las paredes, donde se junten en filas bien organizadas y por tamaños, los deseos comunes, los sueños de todos, las caricias acumuladas, los libros inolvidables, los poemas cotidianos, las canciones del alma. Creo que vale la pena una inversión de esas. Estoy seguro de que no nos vamos a arrepentir. ¡Vamos todos a remodelar lo que no nos gusta, no nos sirve o nos hace daño!
Eso si, es vida para su hogar.

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