jueves, 14 de febrero de 2008

“A calificar servicios…”

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Por aquellas sinuosidades intrínsecas de la política, se ha generalizado la creencia de que los abusos de poder, los manejos amañados y el interés personal sobre el general, son defectos exclusivos del servicio público.

Sin embargo, en el sector privado se agazapan aventajados exponentes de las más ancestrales y reprobables costumbres politiqueras, que podrían ofrecer, con lujo de detalles, una especialización a algunos directorios partidistas.

Hoy me voy a referir al caso de Comfamiliar Risaralda. Del consejo directivo de la Caja de Compensación Familiar hacen parte tres personas: Ciro Medina Echeverri, Diego Maya Salazar y Diego Cataño Céspedes, quienes, por su habilidad para recaudar poderes entre empresas y afiliados, se convirtieron en miembros vitalicios del organismo rector de la entidad. El ingeniero Medina cumple 37 años como consejero, el licenciado Cataño veinte y el contador Maya, 18 años.

A lo largo de las últimas décadas, los tres han hecho una particular coalición de fuerzas, que les permite contar con una poderosa “maquinaria” para las labores de barrido, recolección y disposición final de los poderes, con los cuales se perpetúan en el poder.

Aunque la próxima Asamblea General de afiliados es en mayo próximo, desde el año pasado, estos connotados dirigentes pusieron en marcha desde sus oficinas el operativo de consecución de poderes, entre las empresas que no tienen tiempo o no les interesa asistir a la asamblea de la Caja. El objetivo es sumar votos y asegurar una presencia permanente en el Consejo directivo. Mucho más, cuando el año entrante, los consejeros deberán elegir al sucesor de Maurier Valencia Hernández en la dirección administrativa de Comfamiliar Risaralda.

Sobre la maestría en el manejo de los poderes, las autenticaciones a distancia y las representaciones en la Asamblea, incluso a nombre de personas que no asistieron, hay quejas, como la del empresario Jorge Hoyos, sobre las cuales no se hizo suficiente claridad en la pasada elección.

En meses recientes, se evidenció una fractura en la memorable alianza, que llevó a Cataño a distanciarse de la “tenaza” Medina-Maya, lo que fue considerado casi como una traición y una conspiración por dicho binomio.

¿Y qué es lo que defienden con tanto interés y vehemencia?

En la página 225 del libro Comfamiliar 50 años se afirma: “En especial, cabe destacar que, en su condición de ingeniero, el señor Medina lideró buena parte de los proyectos relacionados con la consolidación de Comfamiliar Risaralda en materia de obras de infraestructura”.

Cuándo una empresa maneja más de 100 mil millones de pesos al año y cuenta con mil empleados, son innumerables las inversiones, los contratos y los cargos que se manejan. Las obras en la clínica, el futuro Parque de Aguas, los desarrollos hoteleros, turísticos y deportivos en el Parque Recreacional de Galicia, los contratos para el programa de Atención Integral a la niñez, las Jornadas escolares complementarias en 7 municipios del departamento, la amplificación de sonido en distintos eventos artísticos y culturales, los juegos interempresariales y las capacitaciones plantean un escenario bastante atractivo para las recomendaciones, sugerencias y toma de decisiones.
Creemos que “los generales” Medina, Maya y Cataño ya cumplieron con su ciclo y su aporte a la Caja y deben ser llamados a “calificar servicios” por discrecionalidad de los afiliados. Ahora que tanto se habla de reingeniería, certificación a la calidad, modernización y renovación institucional, es bueno que soplen nuevos vientos en el Consejo directivo de Comfamiliar Risaralda. No importa que esos vientos terminen con una multitudinaria lluvia de poderes secuestrados volando por las ventanas.

1 comentario:

Eduardo Cardona Mora dijo...

JUAN,siempre es muy agradable leerte,por la buena factura de tus escritos y un delicioso tono hiper-realista.te invito a otear.http://eduardocardona.blogspot.com/