La Ciudad Fragmentada
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Desde mediados del siglo XX, investigadores sociales, urbanistas y expertos en los temas de ciudad acunaron la frase: Ciudad fragmentada, para identificar las estructuras arquitectónicas, cada vez más cerradas y excluyentes, que hemos construido en América Latina.
Los muros y rejas que separan a unidades residenciales y condominios del resto del entorno. Las calles y bahías de parqueo taponadas “por seguridad”, por los organismos del estado. Los carriles sólo bus del transporte masivo utilizados por patrullas policiales, guardas de tránsito, vigilantes privados, motociclistas y hasta microbuses de transporte escolar. Ciudades con normas, pero sin quién las haga cumplir y peor aún, ciudadanos que juegan a violarlas, en la medida en que no ven a una autoridad. Ciudades a la deriva.
Centros comerciales y grandes superficies para que las personas caminen sin mayores preocupaciones, pero en donde se invierten millones de pesos en seguridad privada, dispositivos electrónicos y vigilancia mediante circuito cerrado de televisión, porque si se descuidan algo me les llevo. Ciudades de mentira.
Cuando un hotel, que dice ser de Pereira, utiliza las cabinas telefónicas del centro de la ciudad para promover un espectáculo del día del padre; cuando un almacén instala bafles hacia la calle para vender calzones, cacharros o calzado; cuando los vendedores ambulantes arrojan al piso las cajas de cartón del almuerzo que acaban de comer; cuando los vasos de plástico, los chicles y las colillas de cigarrillos se convierten en parte del decorado de los pisos de plazas y parques; cuando un automóvil parquea en el carril izquierdo para comprar aguacates o CD piratas; cuando los taxistas se escudan en un pagaré social para evadir su responsabilidad con la movilidad; cuando un monumento de la ciudad se vuelve el antejardín de negocios nocturnos y el parqueadero en discoteca, y cuando una administración es complaciente con los almacenes ruidosos, los vendedores ambulantes, los infractores de tránsito, los ciudadanos que ensucian las calles, los constructores que irrespetan las normas patrimoniales y los empresarios de taxis rebeldes, el mensaje es sencillo: Aquí cada quién puede hacer lo que le dé la gana.
Ciudad de nadie. Ciudad de todos…contra todos. Calles de supervivencia, donde prima la ley del más fuerte, del que más grite o el que esté armado.
La ciudad está fragmentada porque, en lugar de pensar en una visión compartida, soñada, colectiva, nos encontramos con dirigentes políticos, gremiales, empresariales, académicos, periodistas, líderes comunales, gestores sociales y culturales, defendiendo sus pequeños espacios de poder, de presión, de negociación, de beneficio personal. Ciudad parcela.
El arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia Alexander Vallejo asegura que “Al pensar la ciudad, nos estamos construyendo nosotros mismos”. Y eso lo hemos olvidado.Porque aunque tengamos Plan de desarrollo y aspiremos a una Pereira Humana, Amable, Emprendedora y Segura, una ciudad de nadie, no puede ser Región de Oportunidades.

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