Entre gustos si hay disgustos
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Como ciudadano colombiano, mayor de 18 años, residente en Pereira, periodista en ejercicio y columnista de La Tarde, me permito compartir con los lectores las razones que me llevan a admirar al presidente Álvaro Uribe y aquellas que me disgustan.
Me gusta el Álvaro Uribe trabajador, incansable, dedicado, que le entrega todo su tiempo y fuerzas a la función para la cual fue elegido ampliamente por sus compatriotas. Me disgusta el Álvaro Uribe que hizo a un lado a su esposa Lina y a sus hijos, porque el sabor del poder es más grato que el calor hogareño.
Me gusta el presidente cercano a las comunidades, sensible a sus necesidades, creativo en las soluciones. Me disgusta el presidente que promete y se compromete y carece de un equipo ejecutivo que cumpla lo prometido. Me gusta un presidente de alto vuelo; pero, me disgusta un gabinete ministerial y funcionarios del gobierno de tan bajo perfil.
Me gusta el Uribe valeroso, decidido, firme en sus convicciones. Pero me disgusta, el Uribe que ordena la captura del secretario de gobierno de Buenaventura por sospecha y la destitución de una funcionaria del ICBF en Magdalena, sin el debido proceso.
Me gusta el presidente que cree en las personas y confía en la buena fe de sus amigos. Sin embargo, me disgusta el presidente que “metió las manos al fuego” por la inocencia del ex director del Das Jorge Noguera y defendió, hasta último momento, a su primo, el ex frustrado asilado político, Mario Uribe.
Me gusta el mandatario que habla directo, de frente y sin tapujos. Pero, me disgusta cuándo se le va la lengua y ofende. Me gusta el presidente que recita las poesías de Jorge Robledo Ortiz, pero no el que regaña en público a su hijo, porque tiene las manos en el bolsillo y luego se excusa, con un mensaje de texto al teléfono celular.
Me gusta el presidente que hace yoga y toma goticas para la paciencia y no el mandatario explosivo que califica a la oposición de “guerrilleros de saco y corbata” y el que asegura que los magistrados de la Corte Suprema “cohonestan el terrorismo”.
Me gusta un Jefe de Estado, que a pesar de sus posiciones o precisamente por ellas, es respetado por la comunidad internacional. Me disgusta y me preocupa un Jefe de Estado que a todos los delincuentes: narcotraficantes, paramilitares y guerrilleros, los extradita a Estados Unidos.
Me gusta el presidente inteligente y audaz que, en la Cumbre del Grupo de Río, desarmó a Chávez, Correa y Ortega, cuando fue a saludarlos y a estrecharles la mano. Me disgusta el presidente convencido de ser una “inteligencia superior”, como lo calificó su aconductado asesor José Obdulio Gaviria.
Me gustaba el candidato Uribe que se comprometió a luchar contra “el clientelismo y la politiquería”. Me disgusta el presidente-candidato que tuvo que renunciar a esos propósitos en eras de lograr la primera reelección.
Me gusta el Uribe que, con su política de Seguridad Democrática, le permitió a millones de personas volver a viajar por las carreteras colombianas y modificar la percepción de seguridad y de confianza en el país. Me disgusta el Uribe que, cabalgando en el agreste potro de la Seguridad Democrática, cambia articulitos en la Constitución y promueve referendos para perpetuarse en el gobierno.
En fin, me gusta que los colombianos analicen, discutan, controviertan los logros y desaciertos de nuestro presidente. Lo que me disgusta es que evitemos el debate porque Uribe tenga un 91% de favorabilidad en las encuestas.

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