miércoles, 18 de febrero de 2009

Tecnología y letra menuda

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Con mucho tino, un experto en multimedia aseguraba que “colgar la información personal en una red social como Facebook, era similar a ubicar una valla con todos tus datos en la mitad de una gigantesca autopista”.

El auge desbordado en internet de “redes sociales”, como han terminado denominándolas, llevó a que miles de personas se registraran porque “•está de moda”, “facilita la comunicación” o “porque todo el mundo habla de eso y uno no se puede quedar atrás”.

El gran inconveniente es que, en el momento del registro nadie lee las cláusulas ni la letra pequeña del contrato. Ahora resulta que distintas organizaciones de consumidores reaccionaron indignadas porque “Facebook adquiría el derecho a usar libremente todo lo publicado por sus miembros, incluso cuando éstos ya se han dado de baja”.

La razón es apenas lógica: todos sus datos personales, familiares, fotografías, videos, comentarios y hasta sus romances, coqueteos y desilusiones, se convierten en parte de la base de datos de la red, la cual ya tiene 175 millones de usuarios en el mundo y se reserva el derecho de utilizarlos, como a bien tenga y en cualquier momento.

Vale la pena recordar que en este mundo no hay nada gratuito. La fortaleza de una red social, de un motor de búsqueda, de una página web o de un proveedor de correo electrónico es el número de usuarios. Esa base de datos, con edades, sexo, perfiles del usuario, formación académica, actividad laboral, nivel de ingresos y capacidad adqui$itiva vale una fortuna.

Mientras usted navega inocentemente, chatea con sus amigos aquí y allá, responde un e-mail, ingresa a una página web de noticias o deportes, paga los servicios públicos, cuelga las fotos de sus vacaciones, escribe comentarios sobre el presidente de su país, está dejando en la red su “huella digital virtual” de gustos, tendencias y afinidades, que son materia prima para agencias publicitarias, proveedores de bienes y servicios y hasta campañas políticas.

Y como si fuera poco, aparece “Latitude” el nuevo servicio de Google “que permite localizar, con el GPS de su teléfono móvil y cartografía digital, a los contactos suyos en todo momento”. Para algunos padres de familia sobreprotectores y novios celosos, la nueva herramienta parecería perfecta. Sin embargo, como ya se ha visto en otros casos, podría tener usos nefastos para facilitar el seguimiento de una persona, secuestrarla y hasta para atentar contra ella.

Alonso Hurtado, un abogado español experto en nuevas tecnologías, asegura que Latitude tendrá muchos más usos en un futuro: "Servirá para hacer una publicidad más localizada, relacionada con el sitio en dónde estemos".

Como quién dice, si saben que voy por la avenida Circunvalar, me llegan al celular, mensajes y ofertas promocionales de los restaurantes y negocios de ese sector.

Ya que la tecnología entró sin preguntar a nuestras vidas, bien vale que vayamos pensando cómo la utilizamos mejor, antes de que ella nos siga utilizando a su antojo.

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