Por Juan Antonio Ruiz Romero
En la última semana, el nombre más mencionado en internet, en los buscadores de noticias, en los medios de comunicación y en las charlas de esquina ha sido el de Michael Jackson.
Dicen que odiaba a su padre. Que se creía Peter Pan, que nunca maduró, que no lo dejaron ser niño. Dicen que sus matrimonios fueron por conveniencia, golpes publicitarios o por apariencia. Que sus hijos nacieron por inseminación artificial, que alquiló los vientres de las madres y que compró, a cambio de millones de dólares, la custodia de los niños. Que si la madre de los niños llegara a morir, le había pedido a la cantante Diana Ross que se hiciera cargo de ellos.
Dicen que fue el Rey del Pop, un ícono, una leyenda, el cantante más grande de los últimos años. Que rompió la historia de la música en dos y vendió, hasta el día de su muerte, 750 millones de copias de sus discos. Que era un bailarín inolvidable y perfeccionista. Que fue el resultado de un meticuloso proceso de mercadeo mediático, a través de la música y la imagen. Que fue el primer artista negro a quién transmitieron sus videos en el canal MTV.
Dicen que fue un brillante y estratégico empresario, que logró con su carrera activos personales que superan los mil millones de dólares, incluyendo los derechos de la mayoría de las canciones de Los Beatles. (Mil millones de dólares fueron más o menos lo que se invirtió en Colombia durante el proceso de la reconstrucción del Eje Cafetero colombiano, que incluyó la recuperación de 100 mil viviendas, nueva infraestructura educativa, vial, institucional, de salud, de servicios públicos y cultura, en 28 municipios de los departamentos de Quindío, Risaralda, Valle, Tolima y Caldas.)
Dicen que le encantaba comprar propiedades lujosas, objetos exclusivos y que coleccionaba animales exóticos para su zoológico particular, entre ellos el pequeño chimpancé Bubbles, al cual vestían con los mismos trajes del excéntrico personaje.
Dicen que Michael Jackson sentía una atracción sexual primaria hacia los niños, a los cuales invitaba a pesar largas temporadas en su rancho Neverland. Que pagó 24 millones de dólares a la familia de uno de ellos para que retirara los cargos por actos abusivos. Y dicen que logró ser declarado “no culpable”, en 2005, en la corte de Santa María, California, por los presuntos delitos de conspiración, extorsión, secuestro y dar bebidas embriagantes a un menor para cometer abuso sexual.
Dicen que exageraba en el consumo de analgésicos y en los medicamentos para el insomnio. Que en el momento de su muerte pesaba solo 51 kilos y que tenía varias costillas fracturadas por el desesperado intento de reanimación cardiaca. Dicen que, como Elvis Presley, murió de una sobredosis, solo y en su propia casa.
Dicen tantas cosas. Unas ciertas, otras meras especulaciones. Entrevistas exclusivas. Rumores, chismes, teléfono roto, opiniones, condenas, absoluciones y cuestionamientos. Dicen de todo. O bueno, casi de todo. Porque lo único que no sabemos, ni nadie nos lo ha dicho es si Michael Jackson era una persona feliz.
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