miércoles, 5 de agosto de 2009

Vivir, vivir y vivir…

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Durante los siete años de mandato uribista, los colombianos hemos escuchado, en muchas formas y presentaciones, que la razón de ser del señor presidente se reduce a un estribillo de campaña: “Trabajar, trabajar y trabajar”. Quizás por ello, una elección no fue suficiente, ni dos tampoco y, a pesar de sus encrucijadas, quiere una tercera.

Mientras el mandatario justifica en el trabajo su existencia, hay otros colombianos que, por falta de un empleo, se dedican a duras penas a “sobrevivir, sobrevivir y sobrevivir”.

Yo sinceramente creo que -como decía Aristóteles- hay que optar por el equilibrio entre dos extremos viciosos, lo que denomina “el justo medio".

Así como no tiene sentido que los sueños, las expectativas, los esfuerzos y la lucha de una persona giren alrededor del trabajo, tampoco es aceptable que usted no pueda vivir, por estar pensando en subsistir.

Con su desenfado tradicional, el músico John Lennon aseguraba que “la vida es aquello que te va sucediendo, mientras te empeñas en hacer otros planes”.

Sin dudas, en algún momento, a todos se nos acaban las excusas que no dejan vivir plenamente. Nos preocupa demasiado la estabilidad económica, porque permanecemos endeudados a 36, 48 o 60 meses, y gastamos más de lo que tenemos.

Condicionamos la vida a los ingresos que recibamos. Sin embargo, dejamos a un lado, los abrazos, los besos, las miradas, las caricias y las sonrisas que pueden llenarnos el alma del combustible afectivo, que nos estimula en la batalla de cada día.

Casi siempre estamos de afán, a las carreras, porque vamos a una cita, nos cierran el banco o “tengo un negocio pendiente”. Y si usted se para en la calle a conversar con un amigo, a reírse un rato o a tomarse un café, es un desocupado, “está matando tiempo” o es empleado público.

Cuántas personas y cuántas parejas dedican todos sus esfuerzos y se sacrifican durante varias décadas por “sacar adelante” a los hijos y, de pronto, se dan cuenta que ellos ya emprendieron su camino y, a estos, la vida les quedó vacía y sin razones.

Nos angustia profundamente qué va a ser de nosotros en el futuro, “cuándo estemos viejos” y se nos olvida disfrutar con intensidad el presente, que es lo único realmente cierto.

Dejamos ciertas decisiones, gustos y placeres, para más adelante, cuándo quizás ya no tengamos capacidad física y la disposición de disfrutarlos. O, caemos en los extremos, de tomarnos “todos los tragos” en una noche, así quedemos con “guayabo terciario”.

El justo medio debería servirnos para vivir: con intensidad y responsabilidad; con amoroso desprendimiento; con vocación de goce y alegría irrenunciable.

Ahí si, estaremos construyendo una verdadera hoja de vida porque como lo dijo el célebre filósofo Will Smith, en su papel de “Hitch”: "La vida no se mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento".

No hay comentarios: