miércoles, 28 de abril de 2010

El Top de los mal queridos

Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 22 de abril

Hay situaciones, que por donde uno las mire, carecen de una explicación lógica. El ejercicio de la política, con las simpatías y desafectos que genera, es una de ellas. Me explico. La gran mayoría de los ciudadanos tiene un mal concepto de los dirigentes políticos, habla “pestes” de ellos, dice que “no los quiere ver ni en pintura”, pero cuándo se los encuentra, todo el discurso se silencia, se acerca, les sonríe, les saluda y, si alcanza, les da palmaditas en la espalda.

De alguna manera, quiénes escogen la política como una opción de vida saben a qué atenerse. Conocen que es una profesión desprestigiada, con muchas sombras y sospechas. Pero algo tendrá como retribución, directa o indirecta, en la medida en que se mantienen por ese camino.

En el caso de la dirigencia política risaraldense hay tres casos en la actualidad, tal vez los más visibles, en donde los odios y resentimientos que acumulan son proporcionales al poder que alcanzan.

El Top de los Mal queridos lo encabeza por estrecho margen, el ex congresista revocado Octavio Carmona Salazar. Sagaz, con profundo olfato, hábil en la componenda. Aunque ni él ni su esposa trabajan, la política les genera ingresos para vivir y para invertir millonarias sumas en campañas. Hoy, la sociedad con el gobernador Tamayo y un buen número de alcaldes, mantiene a Carmona vigente, aunque muchos le hagan el feo y quieran, desde tiempo atrás, sacarlo del escenario político regional.

En la segunda casilla, aparece el reelegido representante a la Cámara Diego Patiño Amariles, a quién la virulencia de la pasada campaña electoral, de seguro también le aumentó el número de no simpatizantes. Aunque el dirigente liberal, de recordada trayectoria como gobernante no convence como congresista, tiene el reto de reorganizar su partido en Risaralda, fracturado por los personalismos y sin yeso a la vista. En sus manos de ingeniero, está la oportunidad de ser constructor de unidad o ser recordado, simplemente, como el “Rey de los Escombros”.

El tercer clasificado en el Top de los Mal queridos es el senador electo Carlos Enrique Soto Jaramillo. Él, que siendo el presidente departamental del Partido de La U., tuvo que luchar contra encopetados pereiranos que, a sus espaldas en Bogotá, trataron de moverle la silla y buscar candidatos alternos “más representativos”. A Soto le coquetean, lo buscan para alianzas y se lo aguantan por el poder político y burocrático que acumula, pero no lo quieren con sinceridad.

Las razones del podio de los Mal queridos pueden ser muchas. Una puede ser sin duda el agotamiento de los votantes con los nombres de Carmona, Patiño y Soto que desde hace 20 años son protagonistas de la vida política regional. Otra, el origen popular de los tres dirigentes, que, desde luego, genera algunas prevenciones en los tradicionales círculos de poder.

Y la tercera explicación, podría ser que, con excepción de Patiño, los otros dos miembros del ranking, a pesar de su falta de estudios profesionales, se convirtieron en “doctores” de la política y alcanzaron curules en el Congreso, meta vedada a muchos no tan hábiles, pero si más preparados.

A diferencia del maestro Echandía que se preguntaba: ¿El Poder para qué?, Carmona, Patiño y Soto si conocen la respuesta: para repartirlo con sus amigos, aunque tengan que cantar a dúo con Javier Solís: “Ay que agonía, pobre de mi ser malquerido, aun asi de noche y día (la política) vive conmigo”.

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