miércoles, 14 de abril de 2010

Hacia la legalidad democrática

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Más allá de las frases cortas, llamativas y efectistas que marcan la actual campaña electoral, una de las reflexiones más interesantes la hizo el profesor Antanas Mockus, al referirse al daño que el narcotráfico y la “cultura de la trampa” le están haciendo al país.

El ex alcalde de Bogotá considera que los colombianos debemos decantar una posición frente al narcotráfico. Mientras un porcentaje, así sea pequeño, de la población lo avala, lo justifica, lo encuentra razonable e incluso vota por personajes que han tenido vínculos con el crimen organizado, es claro que somos víctimas de una flexibilidad moral que afecta a la sociedad en su conjunto.

Al considerar que debemos pasar de la “seguridad democrática” a la legalidad democrática, Mockus asegura que esa política implica un no al crimen, a la corrupción, al atajo y a la trampa.

De acuerdo con Administrador Cultural de la Universidad Javeriana y magister en Estudios Culturales Oscar Hernández Salgar: “El narcotráfico ha potenciado en Colombia una cultura en la que es justificable salirse de la ley -por ejemplo usando la violencia- para adquirir poder. Esa cultura es algo que tienen en común los guerrilleros de las Farc, “Los Rastrojos”, los políticos del PIN, y algunos niños que desde las comunas de Medellín aspiran a ser otro Pablo Escobar, otro Chupeta, otro Don Berna. Pero la cultura del narcotráfico no se ha limitado a los círculos cercanos de los narcotraficantes. La cultura mafiosa ha terminado haciendo cada vez más débiles los límites morales, legales y culturales de grandes sectores de la población. A muchos no les parece grave evadir uno que otro impuesto de vez en cuando, o saltarse la letra pequeña cada cierto tiempo - "¡Pero si yo no le hago daño a nadie. El estado no siente!"-. Estamos más acostumbrados que otras sociedades a darnos permisos, a forzar los límites y a usar atajos para "facilitar las cosas". No es que todo esto sea un fruto del narcotráfico, pero nadie puede desconocer que el narcotráfico ha logrado sacar lo peor de muchos colombianos. Y una de esas peores cosas es la cultura de la trampa y el atajo.”

Cuándo revisamos en la vida diaria esos conceptos son más cercanos para nosotros de lo que pensamos. Con la experiencia que le da su labor, el comandante de la Regional de la Policía Nacional en el Eje Cafetero, general José David Guzmán concluye que el microtráfico de drogas es un factor de gran incidencia en la seguridad ciudadana y el responsable de numerosas muertes violentas, por venganzas y ajustes de cuentas.

Esa situación se refleja, no solo en las cifras de homicidios, sino en hechos dolorosos vividos en Pereira en los últimos meses como balaceras en centros comerciales, en los barriosvías y hasta en el campus de la principal universidad pública de la ciudad. Es cierto que durante 2009, se lograron reducir de 734 a 591 los homicidios en el departamento de Risaralda y que en Pereira se bajó de 400 muertes violentas a 297. El problema es que la causa estructural se mantiene, se muta y se transforma.

Quizás, tras ocho años de multimillonarios presupuestos para la guerra, es el momento de redireccionar la visión de país y regresar a lo básico: pensar que en Colombia todos tengamos derecho a la vida, porque es sagrada.

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