Por Juan Antonio Ruiz Romero, 24 de marzo de 2010
Más allá de las consideraciones jurídicas, uno de los más valiosos aportes del fallo de la Corte Constitucional sobre el referendo reeleccionista fue que, por fin, permitió visibilizar a las personas, que desean suceder al presidente Uribe.
El primer debate televisivo de esta semana, a pesar de las restricciones de tiempo, de temas y a la dificultad de profundizar sobre las propuestas de cada uno, nos permitió a los colombianos trasnochadores formarnos una idea más clara de lo que son y lo que representan los distintos aspirantes presidenciales.
La oferta es variada: desde académicos que incursionaron en la política como Mockus y Fajardo; veteranos del servicio público como Santos y Noemí y exitosos políticos de carrera como Vargas Lleras, Pardo y Petro.
Es claro que unos son más telegénicos (atractivos ante la pantalla televisiva) que otros: Fajardo registra bien, es desenvuelto, con poder de síntesis y sabe manejar el tiempo a la perfección. Noemí resplandece ante las cámaras y proyecta simpatía, aunque se le notan vacíos conceptuales, producto de sus años en las embajadas de Colombia en Europa. Pardo, tan gris y poco carismático con la gente, lució seguro, claro y espontáneo. Mockus, haciendo un gran esfuerzo intelectual, trató de condensar en un minuto, tesis sobre lo que deben ser políticas públicas y consensos nacionales frente al narcotráfico, la presencia norteamericana en bases colombianas y la necesidad de darle valor agregado de conocimiento y tecnología a las exportaciones colombianas.
Vargas Lleras, que trató de ser simpático, a pesar de su rostro adusto, demuestra dominio de los temas, ganas y deseo de gustar. Petro logró lo imposible: que los televidentes, antes de fijarse en el cuello desarreglado de su camisa, se concentraran en sus tesis sobre equidad social, soberanía y redistribución de tierras, como requisito para superar el conflicto armado. Santos cumpliendo su libreto: “Uribe fue muy bueno y yo puedo reemplazarlo porque fui periodista, fui Ministro de Comercio Exterior, Ministro de Hacienda, Ministro de Defensa, fui, fui, fui…”
Aunque el debate demoró más de dos horas, vale la pena destacar el ambiente tranquilo y de respeto que caracterizó la jornada, en donde, incluso, hubo tiempo para el humor: Noemí confesó que era muy creyente, pero Santos no era de su devoción. Pardo le dijo “anticuado” a Vargas Lleras por entregarle un portafolio impreso y no digital. A propósito de la pregunta de si le habían “chuzado” sus conversaciones, Petro dijo que “habría que preguntarle a Juan Manuel”. Fajardo confundió referendo con consulta Caribe y el candidato de La U. aseguró que cuando estuvo en la Armada, los costeños le enseñaron a bailar.
Luego de este primer cara a cara entre los aspirantes presidenciales, uno como ciudadano, quisiera que cada semana o cada quince días, durante los dos meses que restan para las elecciones, se repitieran este tipo de debates televisados, para conocer en detalle la propuesta programática de cada partido y cada candidato, ya que por tiempo, horarios y desplazamientos va a ser muy difícil verlos a todos en persona.
Por lo pronto, y aunque la sombra del presidente Uribe sigue gravitando sobre la actual campaña electoral, los televidentes vimos que en quienes aspiran a sucederlo hay inteligencia, criterio, compromiso, formación académica, experiencia e ideas, para emprender el camino hacia un nuevo Bicentenario.
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