Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 13 de mayo
En los distintos sitios a los que uno asiste como periodista o como ciudadano, el tema de discusión es: ¿Qué está pasando con Pereira?
A diferencia de otros momentos, en los que los comentarios se referían a los nuevos proyectos en construcción, a las obras del Sistema de Transporte Masivo; a los componentes de renovación urbana; los alcances de la educación gratuita; lo que se percibe en las últimas semanas es un tono de preocupación y angustia. El mismo que han exteriorizado los editorialistas de La Tarde y de El Diario del Otún, dirigentes políticos y gremiales, e incluso, copartidarios del señor alcalde.
Cualquiera podría decir que en la actualidad se están ejecutando obras: La glorieta de la calle 50 con Avenida de las Américas; las vías por valorización; los colegios por concesión; la primera fase del anillo longitudinal; la Ciudadela El Remanso; la Avenida San Mateo, la ampliación del estadio Hernán Ramírez Villegas…
Pero, creo que los comentarios y la percepción, así sea parcial e incompleta, sobre la gestión de la administración municipal van más allá de las inversiones y las obras. Es una sensación de agotamiento, de desazón, de desesperanza…se perdió la confianza en quienes están al frente de nuestra ciudad. Una ciudad que vemos descolorida, sucia, descuidada, como si no tuviera dolientes. Y eso también, en parte, es culpa nuestra.
Nadie duda de la capacidad de convocatoria del alcalde. Lo que pasa es que no la aprovecha para potenciar soluciones a los temas de ciudad, sino solo para apagar incendios mediáticos y dolores de cabeza temporales. Como el del desempleo y los homicidios, que regresan cada mes recargados, con las cifras del Dane y del Consejo de Seguridad.
El gran problema y él lo sabe desde el principio, es que se encuentra muy solo. Un gabinete de muy bajo perfil, en donde varios están pensando más en su futuro personal que en el presente de la ciudad y unos asesores, más acostumbrados a elogiar que a corregir.
Hace unas semanas, el alcalde de Cali preguntó en un Consejo de Gobierno a sus colaboradores quienes se iban a postular para las elecciones del año entrante, con el fin de saber con quién cuenta hasta el final.
Aquí, el alcalde de Pereira debería hacer lo mismo. Pero, además, pedirles la renuncia lo más pronto posible y efectuar los ajustes para el año y medio de gobierno que queda, a ver si logran dar un “timonazo” a la administración y recobra la confianza que le brindaron los pereiranos en las urnas. Hay decisiones que pueden ser impopulares, pero hay que tomarlas y pronto.
El líder, y mucho más cuando es político, tiene que saber escuchar, pedir consejo, construir soluciones y ante todo, aplicar correctivos. Yo quisiera seguir creyendo en el alcalde de Pereira, a pesar de que el tiempo se le está acabando.
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