miércoles, 3 de noviembre de 2010

¿Quiénes serán los herederos?

Por Juan Antonio Ruiz Romero

En medio de los análisis e interpretaciones de nuestra realidad política, la pregunta más repetida durante estos días es si la alianza que resultó ganadora en 2007 podrá conservar la Gobernación de Risaralda y la Alcaldía de Pereira.

Y el interrogante tiene mucha razón de ser. Primero, porque a 14 meses de terminar las actuales administraciones, aún hay deudas pendientes –no de los pagarés sociales que firmaron en campaña- sino de los respectivos planes de Desarrollo y, segundo, porque el panorama para “los herederos” se encuentra bastante nublado.

Durante varios meses y desde los distintos sectores del conservatismo, se pidió con insistencia al Gobernador Víctor Manuel Tamayo que dijera quién era su candidato. Con cierta candidez, conociendo el entorno, el mandatario señaló con su dedo de pontífice al presidente del Directorio municipal de Pereira Alberto Vanegas Tamiz, con quien se identifica en que es reposado, conciliador y buena gente.

¡Pero, quién dijo miedo! Las mismas personas que le pidieron celeridad en la toma de decisiones, consideraron inconsulta e inconveniente la postulación del disciplinado dirigente. El representante Diego Naranjo se apresuró a tomar distancia y asegura que él debe ofrecerle igualdad de garantías a cada uno de los precandidatos.

El senador Sammy Merheg considera que se deben escuchar nuevos nombres, a la vez que expresa su respaldo a la candidatura a la alcaldía de Pereira, del ex mandatario Juan Manuel Arango, con lo cual se rompería la alianza de los partidos conservador y de La U. El representante Ricardo Valencia condiciona su apoyo a cualquier candidato a la Gobernación, a los convenios que le permitan a él y a su esposa, conservar la Alcaldía de Dosquebradas. Como si fuera una finca.

Así que Alberto Vanegas quedó en el centro de la foto, mientras los demás se hicieron a un lado. Entre tanto, el único que puede apoyarlo, no puede salir en la foto porque sería “participación indebida en política”.

En el caso de la Alcaldía de Pereira, el senador Soto entregó su sapiente bendición al diputado Enrique Vásquez Zuleta, guerrero de mil batallas y heredero de la Casa de la Democracia. El ungido tiene una larga carrera política, con más constancia que brillo y es considerado, incluso por sus adversarios, un hombre decente, querido y de buen trato.

La inquietud que ronda en el ambiente es si esas dos buenas personas, que cuentan con el guiño de sus mentores políticos, podrán asumir como príncipes herederos o, si, los ciudadanos buscarán otras opciones diferentes a la “monarquía electoral”.

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