jueves, 15 de marzo de 2012

Pequeñas grandes tormentas

Por Juan Antonio Ruiz Romero

A diferencia de otros días, cuando los temas de conversación giran alrededor de la inseguridad, el desempleo o el oscuro panorama del Deportivo Pereira, esta semana, en cafés, tertuliaderos, oficinas públicas y salones de belleza solo se hablaba de la tormenta eléctrica de la madrugada del martes.

De acuerdo con el director del Observatorio Astronómico de la UTP José Darío Rodríguez, la tormenta se generó porque los gases que ha expulsado el Nevado del Ruiz, tienen muy cargada la atmósfera. "Cuando hay erupción de gases, estas partículas, que contienen mucho dióxido de azufre, se van a la atmósfera y ésta se carga, produciendo este tipo de fenómenos como el que vivimos en la madrugada del martes".

Mientras pensaba en los argumentos científicos de la desvelada colectiva, concluí que, por aquellas intrincadas razones de la condición humana, salvo algunos dormilones, para casi nadie pasó inadvertida dicha tormenta. Llama la atención cómo los mismos que, con ojeras y bostezos, les preguntamos a los demás cómo les fue con la maratón de truenos y relámpagos, pasamos por alto, las otras tormentas, quizás menos ruidosas, pero que también pasan a nuestro lado.

La primera podría ser una tormenta en el espectro electromagnético. Me refiero al estimado periodista y hombre de radio Hernando Uribe Uribe, quién, por fortuna, se encuentra en proceso de recuperación, luego de un susto que amenazó con llevárselo. A él, a su familia y a la empresa Todelar, en donde se desempeña como gerente, nuestro sentimiento de solidaridad y los votos para que lo tengamos pronto de regreso.

La segunda podría denominarse una tormenta con nubarrones que mantiene en la Unidad de Cuidados Intensivos de una clínica de la ciudad, a la joven comunicadora social y reportera gráfica del municipio de Pereira Rocío Andrea López Vélez, quién sufrió un accidente de tránsito el fin de semana, al regresar del cubrimiento de un acto público. Esperamos que su juventud, fuerza interior y amor por la vida le permitan evolucionar favorablemente.

Sin duda, en cada rincón de la ciudad, en cada barrio, en cada historia personal se encuentran desde grandes tormentas personales, hasta simples amagos de lluvia, que, si no se tramitan adecuadamente, pueden convertirse en inundaciones para el alma.

La pérdida de un ser querido, la ruptura de una relación afectiva, la discusión sin resolver con una personas cercana, la falta de un empleo estable, las deudas crecientes, la aparición de una enfermedad, los sueños incumplidos, las frustraciones, se convierten en una pesada carga que llena de nubes negras nuestra vida y puede generar rayos y centellas en la interacción con los demás.

Con un buen amigo y consulta especializada, procuremos que esas partículas, que contienen mucho dolor, tristeza y amargura, salgan a flote, antes de que produzcan descargas dañinas para el espíritu y los lazos afectivos.

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