jueves, 12 de abril de 2012

Las historias de Yeimi y Wang

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Aunque Yeimi vivía en las calles de Pereira y el joven Wang nació en Anhui, una de las provincias más pobres de China, sus tristes historias terminan concatenadas en un mundo global, pero dolorosamente deshumanizado.

Ella, de solo 13 años, deambulaba por los parques de la capital risaraldense buscando la forma de conseguir las drogas, de las cuales era adicta y que la habían convertido en un caso perdido para su familia.

Él, un adolescente de 17 años, que tentado por la moda y la tecnología, vendió un riñón a un grupo de traficantes de órganos, para comprarse un teléfono celular iPhone y una tableta personal iPad.

En plena Semana Santa, Yeimi murió de una sobredosis de cocaína, cuando se encontraba en compañía de un joven de 21 años, en una vivienda de la comuna del Rio.

En pleno año del Dragón, Wang sufre de insuficiencia renal y compareció ante un tribunal en la ciudad de Chenzhou, en la provincia de Hunan, para revelar los detalles del oscuro negocio y de la cirugía efectuada en abril del año pasado.

Mientras la familia de Yeimi se lamenta de la suerte de la jovencita, ¿quién se preocupa del futuro incierto de otros dos hermanos, menores de edad, que podrían correr con la misma suerte?

En las imágenes que le dieron la vuelta al mundo, aparece la atribulada madre de Wang, llorando en medio del desespero, pidiendo que alguien le explique en qué momento su hijo tomó una decisión tan impulsiva, sin medir las consecuencias para su salud.

En una enérgica declaración, la senadora Gilma Jiménez del Partido Verde, advirtió sobre las responsabilidades compartidas en la muerte de Yeimy: una familia que renunció a la responsabilidad de ver por ella y que tampoco reportó a las autoridades el estado de adicción de la niña. Un gobierno y una sociedad para la cual es natural ver a niños y niñas prostituirse en los parques y en las calles y en donde las anunciadas intervenciones sociales son solo cosméticas y para los medios informativos. Niños y niñas, adictos a las drogas que venden sus cuerpos y son sólo parte del paisaje urbano.

El Gobierno de la China ordenó la captura de cinco personas, entre ellas el cirujano que operó a Wang, acusándolos de daño intencional y de jugar con la salud del adolescente, quien, por aquello de las cadenas de intermediarios, solo recibió la décima parte de los 35 mil dólares, en que se negoció su riñón en el mundo de los trasplantes clandestinos.

Quizás Yeimi nunca se enteró de dónde quedaba China ni de la forma como traficantes de órganos se lucran con la salud del prójimo.

Quizás Wang se enteré a través del internet, en su iPhone y en su iPad, que en una lejana ciudad suramericana llamada Pereira, una jovencita de 13 años, vendió su vida por 25 mil pesos que vale un gramo de cocaína.

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