miércoles, 25 de abril de 2012
“Por querer hacer bonito…”
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Todos reconocemos en la canciller María Ángela Holguín su prudencia y buen juicio que la han llevado a reconstruir las deterioradas relaciones diplomáticas que existían en el vecindario, en el momento en que llegó al cargo.
Sin duda la juerga del personal del Servicio Secreto de los Estados Unidos en Cartagena y el incumplimiento del pago a sus acompañantes, mereció demasiada prensa y terminó opacando otros temas discutidos en la Cumbre de las Américas.
La ofensiva publicitaria por el mal comportamiento del personal de custodia del presidente Obama llevó a que incluso la aerolínea estadounidense Spirit ofreciera a Cartagena como destino de turismo sexual: “Más sexo por sus dólares”.
Pero, como el conocido refrán de los abuelos, a veces “por querer hacer bonito, hacemos feo”. En una infortunada salida, con la mejor intención de defender a la Cartagena turística, cuna de grandes eventos y Patrimonio Mundial de la Humanidad, la canciller cayó en las peligrosas generalizaciones y en los mismos estereotipos que tanto daño le hacen a nuestro país ante el mundo. Revisemos en detalle:
“A mí me genera mucha tristeza porque se ha vuelto como si Cartagena fuera la culpable. El culpable es el Servicio Secreto”, manifestó la canciller. Hasta ahí, iba bien. Y agregó: “La prostitución existe en todas partes”. Una verdad incontrastable, pero en ese punto debió guardar silencio. Pero, la traicionó la lengua: “Donde hay un hombre hay prostitución”, aseguró la diligente Ministra de Relaciones Exteriores.
En sus oportunas y habituales reflexiones, el periodista Hernando Ayala, Observador del Desarrollo Inclusivo y de Disnnet Prensa Social, recuerda que “La palabra tiene poder. Las generalizaciones tajantes son las grandes enemigas del periodismo, diplomacia, comunicación, convivencia inclusiva. Es como aquello "todos los hombres son iguales de... infieles, perros, desleales…" (sentido peyorativo) o " todas las mujeres son… aquello y lo otro." (peyorativo, negativo). Ayala formula dos preguntas provocadoras: ¿Será que donde hay hombres sin dinero hay prostitución? o ¿Y si no hay hombres se acaba la prostitución?
El comportamiento “impropio” de los escoltas del Servicio Secreto de EE.UU en Cartagena sirvió también para visibilizar situaciones conocidas, pero que se prefieren mantener en silencio. El gigantesco negocio de la prostitución, desde lo más exclusivo hasta lo marginal; la secreta complacencia de los hoteles que permiten el ingreso de las damiselas, entre las 11 de la noche y las 6 de la mañana, con el pago de un cargo adicional y la actitud machista y prepotente de los gringos que originaron el escándalo y terminaron perdiendo sus puestos por la incapacidad de honrar su palabra y pagar lo que habían pactado.
En eso si tiene razón la canciller: La culpa no fue de Cartagena, sino de los disipados integrantes del Servicio Secreto. Disipados y faltones, agregaría yo.
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