Por Juan Antonio Ruiz Romero
Para algunos es una actitud de arrogancia. Para otros de cinismo. Unos más piensan que simplemente es el resultado del ejercicio del poder. Un poder que engolosina y no se quiere soltar.
Enigmático, canoso, con el rostro cansado, tras sus anteojos. Muy pocas veces lo volvieron a ver sonriente. Se esconde en sus recuerdos. Yo, el Supremo. El Otoño del patriarca. El ex presidente en su laberinto. Las venas abiertas de América Latina.
Primero, fue el juicio por violaciones a los derechos humanos y masacres por parte de grupos de ultraderecha, patrocinados desde el mismo gobierno. La primera condena: 25 años de cárcel.
Después, dos sentencias por cargos de corrupción, al entregar 15 millones de dólares, de recursos públicos, para pagar favores políticos a un asesor presidencial. Algo así como un Agro Ingreso Seguro, pero a la peruana.
Esta semana aceptó ser responsable de los cargos de espionaje telefónico, soborno de congresistas y compra ilegal de medios de comunicación, con dineros del Estado.
El ex presidente Alberto Fujimori, quién modificó la Constitución peruana para permitir su reelección en dos ocasiones y terminó huyendo al comenzar el tercer mandato, afronta una cuarta condena judicial y el pago de una indemnización equivalente a 1,6 millones de dólares al Estado y un millón de dólares a los agraviados.
Fujimori aceptó los cargos en su contra, con lo cual evitó que comparecieran en el proceso no menos de cien testigos, entre ellos el escritor Mario Vargas Llosa y el ex secretario general de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar, quienes fueron víctimas de interceptación telefónica cuando como candidatos enfrentaron a Fujimori en 1990 y 1995, respectivamente. Algo así como un ceviche peruano a la Watergate.
De acuerdo con la investigación del Fiscal José Peláez, el ex presidente pagó a congresistas opositores para que se pasaran a las filas del fujimorismo. La diferencia es que allá pagaron en dólares, frente a cámaras ocultas de televisión. Aquí, para la primera reelección se entregaron notarías como premio y subsidios no reembolsables del Ministerio de Agricultura y, para la segunda reelección, se aprobó una reforma política que convertía en legal y permitido “el transfuguismo”.
Cuándo leía las noticias acerca del juicio a Fujimori, sentí la tranquilidad de que gracias a la política de Seguridad Democrática, en Colombia no tendremos que vivir ninguna de esas situaciones tan dramáticas y dolorosas que tuvieron que afrontar nuestros hermanos peruanos.
Ni “falsos positivos” que permitieran fortalecer la imagen de las Fuerzas Armadas, en su lucha contra Sendero Luminoso. Ni vergonzosos casos de corrupción de miembros del gobierno. Ni abuso del poder y utilización de información privilegiada para beneficio de los familiares y amigos del gobernante. Ni “chuzadas” telefónicas ilegales a líderes de la oposición, magistrados y periodistas. Ni compra de conciencias y de apoyos. Siquiera estamos en Colombia y no en un país subdesarrollado como Perú.
martes, 29 de septiembre de 2009
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Los samurai conservadores
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Sin dudas es una imagen para la historia. Un momento que no se veía ni siquiera cuándo se posesionaron los últimos gobernadores de origen conservador. Todos a una, los más entrañables y veteranos representantes del partido se congregaron para librar una nueva batalla. Ojalá no sea la última.
A la cita de esta semana con el gobernador de Risaralda Víctor Manuel Tamayo asistieron, en pleno, una treintena de exponentes de la más pura esencia del ser conservador. De esos que ya no quedan muchos, dirían por ahí. Personas decentes, rectas, pulquérrimas, con profundas convicciones y criterios innegociables.
Llegaron unidos por el mismo objetivo, quienes bebieron de las fuentes patriarcales de José Eusebio Caro y Mariano Ospina Rodríguez. Aquellos de las tendencias históricas del partido. Los que votaron por Guillermo León Valencia, Misael Pastrana, Evaristo Sourdís, Belisario Betancur, Álvaro Gómez Hurtado, Rodrigo Lloreda, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe.
Ese ilustre grupo, compuesto por las reservas morales de la colectividad, que están por encima del bien y del mal, exteriorizó con energía y caballerosidad su malestar por la llegada por la puerta de atrás y a través de los resquicios que dejó abierta la reforma política, de personas que nunca han pertenecido a la colectividad, ni por tradición, ni por filosofía, ni por militancia.
Ante la insigne presencia del notablato conservador que lo miraba expectante, el mandatario seccional se encontró con algunas dificultades para explicarles que él no tenía nada que ver con la llegada de Samy Merheg y Ricardo Valencia al partido, pero que, “dadas las nuevas circunstancias”, el conservatismo debía aprovechar el momento histórico para fortalecerse.
Esa última frase casi ocasiona un infarto colectivo. Una taquicardia azul y adolorida se tomó el recinto, en donde algunos se preguntaban si lo que habían oído era cierto, viniendo de los labios de la persona a la cual el partido le entregó el aval y la responsabilidad de defender los postulados históricos de la colectividad.
Uno de los mayores motivos de indignación colectiva de los oráculos conservadores fueron las declaraciones entregadas por el aspirante al Senado Samy Merheg al periódico La Tarde, en donde confesó, con cierta ingenuidad: “La verdad cuando fui a Bogotá a conocer el directorio nacional me gustó mucho lo que vi y tomé la decisión el mismo día” y cuando agrega las razones que lo llevaron a solicitar la inscripción en esa fuerza política: “Todos los conservadores saben quién es Samy Merheg, saben que es un padre de familia, que es una persona respetuosa, trabajadora, creyente, de alguna manera saben que mi forma de vida representa mucho los principios conservadores”.
La subrepticia llegada de Sammy Merheg y Ricardo Valencia al seno del partido, considerada normal y hasta bienvenida por las nuevas generaciones conservadoras, tuvo un efecto inesperado: despertó el indomable espíritu guerrero de los samurai conservadores que, otra vez, se declararon en pie de lucha.
Sin dudas es una imagen para la historia. Un momento que no se veía ni siquiera cuándo se posesionaron los últimos gobernadores de origen conservador. Todos a una, los más entrañables y veteranos representantes del partido se congregaron para librar una nueva batalla. Ojalá no sea la última.
A la cita de esta semana con el gobernador de Risaralda Víctor Manuel Tamayo asistieron, en pleno, una treintena de exponentes de la más pura esencia del ser conservador. De esos que ya no quedan muchos, dirían por ahí. Personas decentes, rectas, pulquérrimas, con profundas convicciones y criterios innegociables.
Llegaron unidos por el mismo objetivo, quienes bebieron de las fuentes patriarcales de José Eusebio Caro y Mariano Ospina Rodríguez. Aquellos de las tendencias históricas del partido. Los que votaron por Guillermo León Valencia, Misael Pastrana, Evaristo Sourdís, Belisario Betancur, Álvaro Gómez Hurtado, Rodrigo Lloreda, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe.
Ese ilustre grupo, compuesto por las reservas morales de la colectividad, que están por encima del bien y del mal, exteriorizó con energía y caballerosidad su malestar por la llegada por la puerta de atrás y a través de los resquicios que dejó abierta la reforma política, de personas que nunca han pertenecido a la colectividad, ni por tradición, ni por filosofía, ni por militancia.
Ante la insigne presencia del notablato conservador que lo miraba expectante, el mandatario seccional se encontró con algunas dificultades para explicarles que él no tenía nada que ver con la llegada de Samy Merheg y Ricardo Valencia al partido, pero que, “dadas las nuevas circunstancias”, el conservatismo debía aprovechar el momento histórico para fortalecerse.
Esa última frase casi ocasiona un infarto colectivo. Una taquicardia azul y adolorida se tomó el recinto, en donde algunos se preguntaban si lo que habían oído era cierto, viniendo de los labios de la persona a la cual el partido le entregó el aval y la responsabilidad de defender los postulados históricos de la colectividad.
Uno de los mayores motivos de indignación colectiva de los oráculos conservadores fueron las declaraciones entregadas por el aspirante al Senado Samy Merheg al periódico La Tarde, en donde confesó, con cierta ingenuidad: “La verdad cuando fui a Bogotá a conocer el directorio nacional me gustó mucho lo que vi y tomé la decisión el mismo día” y cuando agrega las razones que lo llevaron a solicitar la inscripción en esa fuerza política: “Todos los conservadores saben quién es Samy Merheg, saben que es un padre de familia, que es una persona respetuosa, trabajadora, creyente, de alguna manera saben que mi forma de vida representa mucho los principios conservadores”.
La subrepticia llegada de Sammy Merheg y Ricardo Valencia al seno del partido, considerada normal y hasta bienvenida por las nuevas generaciones conservadoras, tuvo un efecto inesperado: despertó el indomable espíritu guerrero de los samurai conservadores que, otra vez, se declararon en pie de lucha.
¿Pereira, cómo vamos?
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 17 de septiembre
Desde que Mauricio Vega Lemus estaba en la presidencia ejecutiva de la Cámara de Comercio de Pereira, un grupo de ciudadanos le propuso constituir en la ciudad un esquema similar al de ¿Bogotá, cómo vamos?, que permite analizar indicadores, éxitos de los programas gubernamentales y formular los ajustes requeridos en la ejecución de políticas públicas.
La respuesta del dirigente gremial y de sus sucesores fue que “era una propuesta demasiado costosa” y que “la administración municipal podía incomodarse con ese tipo de programa”.
Ahora, cuando el esquema de ¿Cómo vamos? se extendió a Cartagena, Barranquilla, Medellín y se prepara el de Bucaramanga, Comfamiliar Risaralda asumió la tarea de ambientarlo en Pereira. Y eso está bien. Más que una auditoría o una labor de control político, fiscal o disciplinario, paralelo al que por ley efectúan el Concejo municipal, la Contraloría, la Procuraduría y la Personería, este tipo de mecanismos buscan, desde la sociedad civil, examinar el alcance, beneficio social, proyección y significado de las políticas de gobierno, la prospectiva de desarrollo económico y social de la ciudad y la revisión del manejo y destinación de los recursos públicos.
Es un modelo similar a la “gobernanza”, tan en boga en distintos países y que analiza seis niveles de la relación de los ciudadanos con el Estado: 1. Rendición de cuentas 2. Estabilidad política y falta de violencia 3. Efectividad gubernamental 4. Calidad de la regulación 5. Estado de derecho y 6. Control de la corrupción.
Lo que no está bien es que a la primera reunión informativa y de organización de ¿Pereira, cómo vamos?, hayan llegado uno a uno y, como sin querer queriendo, los miembros fundadores de Pereira Unida, que se presentaron a los medios de comunicación y a la ciudad como un grupo de estudio de los temas citadinos y que, a mediano plazo, desea interactuar en la política activa con candidatos a la alcaldía, la Gobernación y las corporaciones.
Si quieren participar desde ahora en política que lo digan de frente y abiertamente. Buena falta le hacen a Pereira, liderazgos con otras visiones, orígenes y enfoques. Personas y profesionales capaces, preparados, que se le midan a reemplazar a tanto mediocre, escondido en los partidos de “la coalición de gobierno” o en la carencia de cuadros directivos de los movimientos que ostentan el poder.
Pero, lo en mi concepto, no se puede aceptar de ninguna manera, es el hecho de que ilustres personajes quieran aprovecharse del esfuerzo, dedicación y recursos económicos que implica el ejercicio de ¿Pereira, cómo vamos?, para que sirva como soporte programático de la campaña que desean proponerle a la ciudad.
Si se quiere construir una alternativa política válida y diferente para Pereira, el camino implica planeación, creatividad, paciencia y mucho trabajo de campo. Lo demás tiene el mismo aire acomodado y oportunista, que tanto les cuestionamos a los políticos tradicionales.
Desde que Mauricio Vega Lemus estaba en la presidencia ejecutiva de la Cámara de Comercio de Pereira, un grupo de ciudadanos le propuso constituir en la ciudad un esquema similar al de ¿Bogotá, cómo vamos?, que permite analizar indicadores, éxitos de los programas gubernamentales y formular los ajustes requeridos en la ejecución de políticas públicas.
La respuesta del dirigente gremial y de sus sucesores fue que “era una propuesta demasiado costosa” y que “la administración municipal podía incomodarse con ese tipo de programa”.
Ahora, cuando el esquema de ¿Cómo vamos? se extendió a Cartagena, Barranquilla, Medellín y se prepara el de Bucaramanga, Comfamiliar Risaralda asumió la tarea de ambientarlo en Pereira. Y eso está bien. Más que una auditoría o una labor de control político, fiscal o disciplinario, paralelo al que por ley efectúan el Concejo municipal, la Contraloría, la Procuraduría y la Personería, este tipo de mecanismos buscan, desde la sociedad civil, examinar el alcance, beneficio social, proyección y significado de las políticas de gobierno, la prospectiva de desarrollo económico y social de la ciudad y la revisión del manejo y destinación de los recursos públicos.
Es un modelo similar a la “gobernanza”, tan en boga en distintos países y que analiza seis niveles de la relación de los ciudadanos con el Estado: 1. Rendición de cuentas 2. Estabilidad política y falta de violencia 3. Efectividad gubernamental 4. Calidad de la regulación 5. Estado de derecho y 6. Control de la corrupción.
Lo que no está bien es que a la primera reunión informativa y de organización de ¿Pereira, cómo vamos?, hayan llegado uno a uno y, como sin querer queriendo, los miembros fundadores de Pereira Unida, que se presentaron a los medios de comunicación y a la ciudad como un grupo de estudio de los temas citadinos y que, a mediano plazo, desea interactuar en la política activa con candidatos a la alcaldía, la Gobernación y las corporaciones.
Si quieren participar desde ahora en política que lo digan de frente y abiertamente. Buena falta le hacen a Pereira, liderazgos con otras visiones, orígenes y enfoques. Personas y profesionales capaces, preparados, que se le midan a reemplazar a tanto mediocre, escondido en los partidos de “la coalición de gobierno” o en la carencia de cuadros directivos de los movimientos que ostentan el poder.
Pero, lo en mi concepto, no se puede aceptar de ninguna manera, es el hecho de que ilustres personajes quieran aprovecharse del esfuerzo, dedicación y recursos económicos que implica el ejercicio de ¿Pereira, cómo vamos?, para que sirva como soporte programático de la campaña que desean proponerle a la ciudad.
Si se quiere construir una alternativa política válida y diferente para Pereira, el camino implica planeación, creatividad, paciencia y mucho trabajo de campo. Lo demás tiene el mismo aire acomodado y oportunista, que tanto les cuestionamos a los políticos tradicionales.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Partida de tránsfugas
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Cuándo yo era niño -estoy hablando del siglo pasado- la palabra tránsfuga era todo un insulto. Significaba traidor, esquirol, entregado, desertor, fugitivo. En pocas palabras, una persona que renunció a sus principios. Bueno, era la época en que la gente tenía principios. Ahora, todo es diferente.
Aunque Colombia alcanzó en 2005, el honor de ser el primer país en América Latina en aprobar una ley de Bancadas, que evitaba el transfuguismo o la doble militancia, al establecer que la curul pertenecía al partido o movimiento político y no a la persona elegida, en los últimos meses, el retroceso ha sido dramático.
La premisa con la que se construyó la ley, que fortalecía a los partidos frente a las microempresas personales y electorales y que buscaba la prevalencia de las ideas frente a los negocios y los beneficios personales, fue retomada en Brasil, en 2007, en donde, a pesar de la feroz oposición de los que sabemos, fue aprobada con el nombre de “Ley de fidelidad partidista”.
La misma Ley de Bancadas establecía que si un dirigente no se hallaba a gusto dentro de un partido o movimiento debía renunciar a su curul (y a sus ingresos) para inscribirse en otra organización.
Sin embargo, la reforma política de 2009, hirió de muerte a la Ley de Bancadas. Mientras, de frente al país, decretaba “la muerte política para quienes hayan sido condenados por narcotráfico, por delitos de lesa humanidad y que tengan nexos con guerrilla o paramilitarismo”, creaba, a espaldas de los colombianos, un pequeño engendro de la más fina estirpe genética del Valenciacossismo que les permitió a los actuales congresistas dejar su partido para aspirar a la reelección por otro diferente, sin renunciar a la curul ni a los salarios.
Para evitar la incómoda intervención de los Tribunales de Ética de los partidos y de las Cortes, la reforma estableció que por el transfuguismo, en este caso, no se aplicarán sanciones por doble militancia ni procesos de pérdida de investidura. Y después, como si nada, el ex comisionado de Paz y sus correligionarios tienen el descaro de autodenominar al partido de La U como: “La casa grande de los uribistas”.
Fue tan grande la grieta que se abrió con el controvertido parágrafo, que hemos escuchado desde las más elementales hasta las más creativas y elaboradas disculpas para justificar el voltiarepismo. Desde el que, sincero y directo, dice que se fue del partido “porque me dio la gana” hasta la sublime expresión acrobática de quién asegura que “fueron los demás militantes de la colectividad los que cambiaron de ideología”.
Como vamos y con la entrada en vigencia del parágrafo único de la reforma política de 2009 que consagra “el voltiarepismo” como una forma legal y aceptada de ejercer la política en Colombia, a partir del próximo lunes 14 de septiembre, va a ser muy frecuente escuchar en las sedes del Congreso, las Asambleas y los concejos, el llamamiento a lista, por orden alfabético, de los “Honorables tránsfugas”.
Cuándo yo era niño -estoy hablando del siglo pasado- la palabra tránsfuga era todo un insulto. Significaba traidor, esquirol, entregado, desertor, fugitivo. En pocas palabras, una persona que renunció a sus principios. Bueno, era la época en que la gente tenía principios. Ahora, todo es diferente.
Aunque Colombia alcanzó en 2005, el honor de ser el primer país en América Latina en aprobar una ley de Bancadas, que evitaba el transfuguismo o la doble militancia, al establecer que la curul pertenecía al partido o movimiento político y no a la persona elegida, en los últimos meses, el retroceso ha sido dramático.
La premisa con la que se construyó la ley, que fortalecía a los partidos frente a las microempresas personales y electorales y que buscaba la prevalencia de las ideas frente a los negocios y los beneficios personales, fue retomada en Brasil, en 2007, en donde, a pesar de la feroz oposición de los que sabemos, fue aprobada con el nombre de “Ley de fidelidad partidista”.
La misma Ley de Bancadas establecía que si un dirigente no se hallaba a gusto dentro de un partido o movimiento debía renunciar a su curul (y a sus ingresos) para inscribirse en otra organización.
Sin embargo, la reforma política de 2009, hirió de muerte a la Ley de Bancadas. Mientras, de frente al país, decretaba “la muerte política para quienes hayan sido condenados por narcotráfico, por delitos de lesa humanidad y que tengan nexos con guerrilla o paramilitarismo”, creaba, a espaldas de los colombianos, un pequeño engendro de la más fina estirpe genética del Valenciacossismo que les permitió a los actuales congresistas dejar su partido para aspirar a la reelección por otro diferente, sin renunciar a la curul ni a los salarios.
Para evitar la incómoda intervención de los Tribunales de Ética de los partidos y de las Cortes, la reforma estableció que por el transfuguismo, en este caso, no se aplicarán sanciones por doble militancia ni procesos de pérdida de investidura. Y después, como si nada, el ex comisionado de Paz y sus correligionarios tienen el descaro de autodenominar al partido de La U como: “La casa grande de los uribistas”.
Fue tan grande la grieta que se abrió con el controvertido parágrafo, que hemos escuchado desde las más elementales hasta las más creativas y elaboradas disculpas para justificar el voltiarepismo. Desde el que, sincero y directo, dice que se fue del partido “porque me dio la gana” hasta la sublime expresión acrobática de quién asegura que “fueron los demás militantes de la colectividad los que cambiaron de ideología”.
Como vamos y con la entrada en vigencia del parágrafo único de la reforma política de 2009 que consagra “el voltiarepismo” como una forma legal y aceptada de ejercer la política en Colombia, a partir del próximo lunes 14 de septiembre, va a ser muy frecuente escuchar en las sedes del Congreso, las Asambleas y los concejos, el llamamiento a lista, por orden alfabético, de los “Honorables tránsfugas”.
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Todos estamos contagiados
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Las pruebas de laboratorio efectuadas al señor presidente confirmaron el diagnóstico. El jefe de Estado también tiene el virus, que progresivamente nos viene contagiando a todos.
Es un virus de origen desconocido. De composición molecular indeterminada aún, pero de alta peligrosidad. Su expansión por el mundo y el impacto generado por sus continuas mutaciones es tal, que ya fue considerado una pandemia.
A pesar de todos los dolores, maluqueras, decaimiento y episodios febriles de nuestra historia, a los colombianos la complicada virosis nos tomó por sorpresa: Estamos contagiados de indiferencia.
Algunos miembros de la fuerza pública, que llevan 9, 10 y 11 años en poder de la guerrilla de las FARC, envían pruebas de vida y el país, atolondrado por el referendo y los juegos eliminatorios al Mundial de Fútbol de Suráfrica 2010, sigue impávido, distante, sin inmutarse.
“-Mamita, cuídese mucho y tómese los medicamentos.
–Hija, estás muy grande y muy linda. Te mando un abrazo.
–Hermano, le recomiendo a la familia, mientras puedo volver a verlos.
–No se preocupen por mi, estoy bien. Los amo mucho y pienso que ya falta poco.”
Frente a esos testimonios, que podrían ser el de cualquiera de nosotros, se nos acabaron las frases de cajón, las palmaditas en la espalda y “los sentimientos de solidaridad porque entendemos lo que están sintiendo”.
Doce indígenas de la comunidad Awá, entre ellos seis niños, fueron asesinados en el departamento de Nariño y nosotros estamos preocupados por organizar marchas mundiales contra Hugo Chávez y no contra los responsables de ese repudiable crimen.
El DANE y Planeación Nacional informan que, gracias a las políticas del actual gobierno, en Colombia hay solo 20 millones de pobres y 8 millones de indigentes; pero nuestras conversaciones giran alrededor del gol que le anotó Anthony de Ávila con 46 años al Santa Fe y si Teófilo Gutiérrez debe ser titular en el partido frente a Ecuador.
La Corte Suprema de Justicia dicta orden de captura contra el vicepresidente del partido Conservador Alirio Villamizar por enriquecimiento ilícito y recibir prebendas del gobierno para votar la primera reelección y sus compañeros del Directorio nacional guardan absoluto y cómplice silencio. Tal vez la abrupta cancelación de la consulta interna de esa colectividad, los dejó sin palabras.
Sin duda, los colombianos estamos contagiados. No nos ha servido demasiado esa antiquísima costumbre de “lavarnos las manos”, con cualquier excusa. Ni tampoco de ponernos tapabocas, ya que en nuestro caso, los utilizamos para evitar los olores de una sociedad apática, enmohecida y descompuesta.
El virus nos terminó afectando a todos. Se fue inoculando en forma lenta, constante, devastadora. La fiebre de nuestra indiferencia se volvió crónica y, lo peor, para esa enfermedad social, no hay vacuna que pueda salvarnos.
Las pruebas de laboratorio efectuadas al señor presidente confirmaron el diagnóstico. El jefe de Estado también tiene el virus, que progresivamente nos viene contagiando a todos.
Es un virus de origen desconocido. De composición molecular indeterminada aún, pero de alta peligrosidad. Su expansión por el mundo y el impacto generado por sus continuas mutaciones es tal, que ya fue considerado una pandemia.
A pesar de todos los dolores, maluqueras, decaimiento y episodios febriles de nuestra historia, a los colombianos la complicada virosis nos tomó por sorpresa: Estamos contagiados de indiferencia.
Algunos miembros de la fuerza pública, que llevan 9, 10 y 11 años en poder de la guerrilla de las FARC, envían pruebas de vida y el país, atolondrado por el referendo y los juegos eliminatorios al Mundial de Fútbol de Suráfrica 2010, sigue impávido, distante, sin inmutarse.
“-Mamita, cuídese mucho y tómese los medicamentos.
–Hija, estás muy grande y muy linda. Te mando un abrazo.
–Hermano, le recomiendo a la familia, mientras puedo volver a verlos.
–No se preocupen por mi, estoy bien. Los amo mucho y pienso que ya falta poco.”
Frente a esos testimonios, que podrían ser el de cualquiera de nosotros, se nos acabaron las frases de cajón, las palmaditas en la espalda y “los sentimientos de solidaridad porque entendemos lo que están sintiendo”.
Doce indígenas de la comunidad Awá, entre ellos seis niños, fueron asesinados en el departamento de Nariño y nosotros estamos preocupados por organizar marchas mundiales contra Hugo Chávez y no contra los responsables de ese repudiable crimen.
El DANE y Planeación Nacional informan que, gracias a las políticas del actual gobierno, en Colombia hay solo 20 millones de pobres y 8 millones de indigentes; pero nuestras conversaciones giran alrededor del gol que le anotó Anthony de Ávila con 46 años al Santa Fe y si Teófilo Gutiérrez debe ser titular en el partido frente a Ecuador.
La Corte Suprema de Justicia dicta orden de captura contra el vicepresidente del partido Conservador Alirio Villamizar por enriquecimiento ilícito y recibir prebendas del gobierno para votar la primera reelección y sus compañeros del Directorio nacional guardan absoluto y cómplice silencio. Tal vez la abrupta cancelación de la consulta interna de esa colectividad, los dejó sin palabras.
Sin duda, los colombianos estamos contagiados. No nos ha servido demasiado esa antiquísima costumbre de “lavarnos las manos”, con cualquier excusa. Ni tampoco de ponernos tapabocas, ya que en nuestro caso, los utilizamos para evitar los olores de una sociedad apática, enmohecida y descompuesta.
El virus nos terminó afectando a todos. Se fue inoculando en forma lenta, constante, devastadora. La fiebre de nuestra indiferencia se volvió crónica y, lo peor, para esa enfermedad social, no hay vacuna que pueda salvarnos.
jueves, 27 de agosto de 2009
Cuestionario a Ricardo Valencia
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Teniendo en cuenta que el directorio Conservador de Risaralda acogió esta semana la inscripción como candidato a la Cámara de Representantes del ingeniero Ricardo Valencia, esposo de la alcaldesa de Dosquebradas, propongo que se le aplique el siguiente cuestionario para determinar sus conocimientos, historia y afinidades conceptuales con la colectividad.
1. El jueves 4 de octubre de 1849, José Eusebio Caro y Mariano Ospina Rodríguez publicaron la declaración Política que inspiró la fundación del Partido Conservador. ¿Sabe usted a través de que medio informativo vio la luz pública dicho texto?
2. ¿En qué poblaciones de los hoy departamentos de Norte de Santander y Cundinamarca nacieron los dos fundadores del partido?
3. Diga si en los orígenes de la colectividad azul la siguiente frase es verdadera o falsa: “Nosotros no reconocemos como partido liberal rojo al Partido Liberal de Colombia, ni al que restableció en la Nueva Granada el orden constitucional”.
4. Si o no. “El partido conservador es el que reconoce y sostiene la moral del cristianismo y sus doctrinas civilizadoras contra la inmoralidad y las doctrinas corruptoras del materialismo y el ateísmo”.
5. Recuerda, antes del mandato de su copartidario Álvaro Uribe Vélez, dónde se acuñó la frase según la cual hay que fortalecer “La seguridad contra la arbitrariedad de cualquier género que sea”.
6. ¿Quién fue el presidente conservador que consideraba razas inferiores a los indios y a los negros y por ello, transformó el Instituto Etnológico Nacional en Instituto Colombiano de Cultura Hispánica?
7. ¿En qué periodos el departamento de Risaralda tuvo 2 senadores y tres representantes a la Cámara de filiación conservadora?
8. ¿Sabe usted qué se conoció en Risaralda como Unificación Conservadora? ¿Quién fue Emiliano Isaza Henao? ¿En qué países sirvió como Embajador?
9. ¿Recuerda a que sectores representaba el Ospino pastranismo del cambio Social? ¿Sabe con el nombre de qué destacado líder conservador será bautizado el colegio de la Ciudadela Tokio, que se construye en la actualidad?
10. ¿Estaría dispuesto a acatar el siguiente párrafo, de la declaración de principios de esa organización política? “El Partido Conservador no quiere aumentar sus filas con hombres que dejan sus banderas por odios personales, y que no profesan teórica y prácticamente sus principios de su programa; por el contrario le convendría que si en sus filas se hallen algunos que no aceptan con sinceridad estos principios desertasen de una vez”.
Teniendo en cuenta que el directorio Conservador de Risaralda acogió esta semana la inscripción como candidato a la Cámara de Representantes del ingeniero Ricardo Valencia, esposo de la alcaldesa de Dosquebradas, propongo que se le aplique el siguiente cuestionario para determinar sus conocimientos, historia y afinidades conceptuales con la colectividad.
1. El jueves 4 de octubre de 1849, José Eusebio Caro y Mariano Ospina Rodríguez publicaron la declaración Política que inspiró la fundación del Partido Conservador. ¿Sabe usted a través de que medio informativo vio la luz pública dicho texto?
2. ¿En qué poblaciones de los hoy departamentos de Norte de Santander y Cundinamarca nacieron los dos fundadores del partido?
3. Diga si en los orígenes de la colectividad azul la siguiente frase es verdadera o falsa: “Nosotros no reconocemos como partido liberal rojo al Partido Liberal de Colombia, ni al que restableció en la Nueva Granada el orden constitucional”.
4. Si o no. “El partido conservador es el que reconoce y sostiene la moral del cristianismo y sus doctrinas civilizadoras contra la inmoralidad y las doctrinas corruptoras del materialismo y el ateísmo”.
5. Recuerda, antes del mandato de su copartidario Álvaro Uribe Vélez, dónde se acuñó la frase según la cual hay que fortalecer “La seguridad contra la arbitrariedad de cualquier género que sea”.
6. ¿Quién fue el presidente conservador que consideraba razas inferiores a los indios y a los negros y por ello, transformó el Instituto Etnológico Nacional en Instituto Colombiano de Cultura Hispánica?
7. ¿En qué periodos el departamento de Risaralda tuvo 2 senadores y tres representantes a la Cámara de filiación conservadora?
8. ¿Sabe usted qué se conoció en Risaralda como Unificación Conservadora? ¿Quién fue Emiliano Isaza Henao? ¿En qué países sirvió como Embajador?
9. ¿Recuerda a que sectores representaba el Ospino pastranismo del cambio Social? ¿Sabe con el nombre de qué destacado líder conservador será bautizado el colegio de la Ciudadela Tokio, que se construye en la actualidad?
10. ¿Estaría dispuesto a acatar el siguiente párrafo, de la declaración de principios de esa organización política? “El Partido Conservador no quiere aumentar sus filas con hombres que dejan sus banderas por odios personales, y que no profesan teórica y prácticamente sus principios de su programa; por el contrario le convendría que si en sus filas se hallen algunos que no aceptan con sinceridad estos principios desertasen de una vez”.
miércoles, 19 de agosto de 2009
Pereira, ciudad embriagadora
Por Juan Antonio Ruiz Romero
A la recordada descripción del maestro Luis Carlos González de Pereira como ciudad “querendona, trasnochadora y morena”, tendremos ahora que agregarle un nuevo ingrediente: embriagadora.
Por lo menos es lo que concluye cualquier ciudadano al ver como en los pasados festejos aniversarios, la administración municipal hipotecó su autonomía, su soberanía y su autodeterminación a la cervecería Bavaria y a las industrias licoreras de Antioquia y Valle, como si fueran militares y contratistas gringos.
No de otra manera se explica uno que se permitiera, de una manera ilimitada y sin control, la colocación, en las principales avenidas de la ciudad, de publicidad de la cervecera surafricana, propiedad de SABMiller. Y lo peor, es que se sienta un muy mal precedente en la antesala de la próxima campaña política, en donde los candidatos van a querer utilizar, de la misma manera que Bavaria, los postes y luminarias para instalar sus pendones y elementos promocionales.
Pero eso no fue todo. Debido a que ya se había negociado el tablado principal de la Plaza Cívica con Aguardiente Blanco del Valle, se le entregó a Bavaria el tablado principal del parque Guadalupe Zapata de Cuba y se tomó la arbitraria decisión de autorizar dos “carpas” adicionales para la venta de cerveza en zona residencial; una, al lado del puente que comunica a Ciudad Victoria con la Circunvalar y la otra, en el sector de La Rebeca, sin consultar siquiera con los vecinos, que tuvieron una semana inolvidable: por el ruido y la amplificación musical hasta las 2 de la mañana.
Sin embargo, más allá de los acuerdos leoninos con los distribuidores de licores y cerveza, lo que llama la atención es la total permisividad de las autoridades con el expendio y consumo de bebidas embriagantes por parte de menores de edad, en total contravía con la ley 124 de 1994. En el sector de la Plaza Cívica, en los centros comerciales aledaños, por la Avenida Circunvalar y en el sector de Cuba fue habitual el desfile de jóvenes y adolescentes con botellas plásticas de un litro de Póker, quienes aprovecharon el Festival de la cerveza, a precio de oportunidades, autorizado por la alcaldía municipal.
Y eso que dizque tenemos el compromiso del señor alcalde y su administración de aprobar un proyecto de acuerdo, que ya está redactado, por medio del cual se adopta una Política pública de Protección a la Infancia y la Adolescencia de la ciudad de Pereira.
Cuenta la revista Cambio que la Fábrica de Licores de Antioquia vendió 35 mil millones de pesos durante la reciente Feria de las Flores en Medellín. Me embriaga la duda de saber cuáles fueron las cifras de ventas de los patrocinadores de las Fiestas de Pereira, porque no es justo ni responsable, que mientras ellos se llenan los bolsillos, a la ciudad sólo le queden de recuerdo botellas vacías, ciudadanos tambaleantes, un tufo de desilusión y la resaca de la complacencia gubernamental con el que pone la plata y las condiciones.
A la recordada descripción del maestro Luis Carlos González de Pereira como ciudad “querendona, trasnochadora y morena”, tendremos ahora que agregarle un nuevo ingrediente: embriagadora.
Por lo menos es lo que concluye cualquier ciudadano al ver como en los pasados festejos aniversarios, la administración municipal hipotecó su autonomía, su soberanía y su autodeterminación a la cervecería Bavaria y a las industrias licoreras de Antioquia y Valle, como si fueran militares y contratistas gringos.
No de otra manera se explica uno que se permitiera, de una manera ilimitada y sin control, la colocación, en las principales avenidas de la ciudad, de publicidad de la cervecera surafricana, propiedad de SABMiller. Y lo peor, es que se sienta un muy mal precedente en la antesala de la próxima campaña política, en donde los candidatos van a querer utilizar, de la misma manera que Bavaria, los postes y luminarias para instalar sus pendones y elementos promocionales.
Pero eso no fue todo. Debido a que ya se había negociado el tablado principal de la Plaza Cívica con Aguardiente Blanco del Valle, se le entregó a Bavaria el tablado principal del parque Guadalupe Zapata de Cuba y se tomó la arbitraria decisión de autorizar dos “carpas” adicionales para la venta de cerveza en zona residencial; una, al lado del puente que comunica a Ciudad Victoria con la Circunvalar y la otra, en el sector de La Rebeca, sin consultar siquiera con los vecinos, que tuvieron una semana inolvidable: por el ruido y la amplificación musical hasta las 2 de la mañana.
Sin embargo, más allá de los acuerdos leoninos con los distribuidores de licores y cerveza, lo que llama la atención es la total permisividad de las autoridades con el expendio y consumo de bebidas embriagantes por parte de menores de edad, en total contravía con la ley 124 de 1994. En el sector de la Plaza Cívica, en los centros comerciales aledaños, por la Avenida Circunvalar y en el sector de Cuba fue habitual el desfile de jóvenes y adolescentes con botellas plásticas de un litro de Póker, quienes aprovecharon el Festival de la cerveza, a precio de oportunidades, autorizado por la alcaldía municipal.
Y eso que dizque tenemos el compromiso del señor alcalde y su administración de aprobar un proyecto de acuerdo, que ya está redactado, por medio del cual se adopta una Política pública de Protección a la Infancia y la Adolescencia de la ciudad de Pereira.
Cuenta la revista Cambio que la Fábrica de Licores de Antioquia vendió 35 mil millones de pesos durante la reciente Feria de las Flores en Medellín. Me embriaga la duda de saber cuáles fueron las cifras de ventas de los patrocinadores de las Fiestas de Pereira, porque no es justo ni responsable, que mientras ellos se llenan los bolsillos, a la ciudad sólo le queden de recuerdo botellas vacías, ciudadanos tambaleantes, un tufo de desilusión y la resaca de la complacencia gubernamental con el que pone la plata y las condiciones.
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