Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 27 de mayo de 2010
Varias personas se preguntan si fueron las encuestas de intención de voto las que terminaron polarizando a los colombianos entre las candidaturas de Santos y Mockus; o si, es el país mismo, luego de ocho años de uribismo, el que experimenta esa radicalización de fuerzas, en donde no caben los puntos medios. Yo me inclinó más por lo segundo.
Pero, para no caer en el juego de los buenos y los malos; los partidarios del gobierno y la oposición y en los calificativos de “apátridas”, a quienes expresen opiniones diferentes, entregaré algunas de las características que, en mi concepto particular, deberá tener el nuevo presidente de Colombia.
Yo quiero un presidente inteligente, estructurado, conocedor de la realidad nacional y que se atreva a proponer soluciones creativas, a problemas de gran impacto social como la pobreza, el desempleo, la penetración del narcotráfico en la sociedad y la calidad de la salud, la educación y los servicios domiciliarios.
Yo quiero un presidente que cumpla la Constitución y las leyes y no termine adecuando las normas para beneficio personal, así cuente con altos niveles de popularidad.
Yo quiero un gobierno de mentes abiertas, en donde se construyan políticas públicas con la participación ciudadana y de las organizaciones de la sociedad civil.
Yo quiero un gobierno en donde la mujer no sea un adorno, sino un actor social con propuestas, inquietudes y responsabilidades.
Yo quiero un gobierno en donde los recursos públicos sean sagrados, en donde los impuestos y las inversiones se manejen con pulcritud y en donde se cierren las puertas a la corrupción.
Yo quiero un gobierno en donde se focalicen los dineros del Estado para superar las desigualdades sociales y no para aumentarlas con subsidios a los más ricos, en detrimento de los más pobres.
Yo quiero un Estado colombiano, con una justicia fuerte y un gobierno sensible con el dolor de las víctimas y no cómplice de los victimarios.
Yo quiero un presidente sin temor a la crítica, acostumbrado a escuchar a los demás, a trabajar en equipo y a tomar decisiones, por impopulares que ellas sean.
Yo quiero un presidente con ética pública, que diga la verdad, que acepte sus errores y sea capaz de corregirlos.
Yo quiero un presidente comprometido con la defensa de la vida de las personas y para quien los derechos humanos sean más importante que las recompensas para eliminar al enemigo.
Yo quiero un presidente con mirada y comportamientos transparentes.
¿Será mucho pedir?
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