Por Juan Antonio Ruiz Romero, septiembre 2 de 2010
Sin duda uno de los temas más interesantes para escribir y opinar cada año es el de las fiestas aniversarias de la ciudad.
El editorial del domingo de LA TARDE se me anticipó en algunos de esos puntos: “Las denominadas fiestas estuvieron desordenadas, excesivamente ruidosas y se centraron en el consumo de alcohol y no en la expresión de la llamada pereiranidad”.
“Fue evidente la desorganización de la empresa contratada para la realización de los diferentes eventos, muchos de los cuales fueron cancelados a última hora”.
“Salvo la presencia de un programa de la televisión nacional, que se realizó en Ciudad Victoria, las fiestas sólo fueron conocidas y referenciadas por los medios locales. Muy pocos colombianos supieron que aquí estaba pasando algo llamado fiestas de la cosecha, para celebrar nuestra cultura. Si se miden las fiestas por el número de borrachos que hubo en las calles, por el cierre de vías y por las horas perdidas de sueño, hay que decir que fueron un éxito.”
Para no volver sobre lo mismo, quisiera profundizar sobre algunos aspectos, quizás no tan públicos, pero que marcaron también la celebración. La contratación de un operador privado para que comercializara las fiestas fue un auténtico fiasco. Los únicos patrocinadores no oficiales fueron Bavaria, el distribuidor de Licores de Antioquia y Carrefour, o sea los mismos que han estado vinculados en los últimos años.
Se le apostó buena parte del esfuerzo promocional a eventos que fracasaron: Al Showbol solo fueron 600 personas. En la Carpa Cabaret, el primer día los asistentes se quedaron esperando la presentación de Hebert Vargas. Luego que no busquen otras explicaciones para la cancelación de las presentaciones de Pastor López y el Cuarteto Imperial. La corrida de toros, por la fecha, estaba condenada de antemano.
Ante la quiebra de Carpa Cabaret, el municipio tuvo que asumir los 110 millones de pesos de los costos del concierto de Willie Colón, tal vez el evento cumbre de las fiestas. Ni siquiera la lluvia espantó a los seguidores del salsero. Eso sí, los asistentes a la Plaza Cívica se dieron cuenta y pudieron diferenciar, en vivo y en directo, quién sabe cantar y quién, sin ser buen músico, es exitoso tarareando música popular.
Ojalá que la capacidad, talento y humildad demostrados por Willie Colón ante las 20 mil personas que desbordaron la Plaza Cívica fuera aprendido por otros personajes. El farandulero Padre Chucho, como si fuera una estrella del Hollywood celestial, exigió una escolta de 12 miembros de la Policía nacional. Ni que hubiera venido a Pereira a reunirse con el secretariado de las Farc. Y es que en eso, a los organizadores de las Fiestas y a la Policía se les fue la mano: el domingo 22 de agosto, recibieron a Jota Mario Valencia y a sus compañeros de Muy Buenos Días, como si fueran jefes de Estado y los trasladaron al hotel con escoltas motorizados.
Si la precaria labor adelantada por “el comercializador de las fiestas”, fue recibir los dineros del Instituto de Cultura, las secretarías de despacho y las empresas de servicios, el mismo municipio podía efectuar dicha tarea. ¿O sería que deseaban eludir la acción de los organismos de control sobre el destino final de esos dineros públicos?
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