miércoles, 8 de septiembre de 2010

De microtráfico y miopías

Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 26 de agosto 2010

Desde mediados de la década de los 80, el director de noticias de Caracol Pereira Herney Ocampo Cardona acuñó una frase, que repite con cierta periodicidad y sigue vigente hoy en día: “Dosquebradas es una bomba social”.

En su corta historia, el que fuera un corregimiento de Santa Rosa de Cabal ha tenido un accidentado camino. Desde la misma aprobación de la ordenanza que le dio vida administrativa -según reconoció uno de los promotores- las irregularidades han marcado el sino de Dosquebradas.

Un municipio que- también en concepto del doctor Herney- estuvo más de 20 años “ en obra negra”. Un territorio, sin ningún tipo de planificación urbana, que fue creciendo en forma desordenada y caótica, a lo largo de la Avenida Simón Bolívar.

Sucesivos gobernantes, que con alguna honrosa excepción, se caracterizaron por su falta de preparación y mediocridad. Alcaldes que solo demostraron capacidad de administrar para sus amigos y de beneficiarse con los dineros públicos.

Con los millones de pesos que se destinaron a lo largo de muchos años para el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado de Dosquebradas, se habría podido dotar de agua potable a los demás municipios de Risaralda, diferentes a Pereira. Y del manejo de dichos recursos, nadie rindió cuentas.

Dosquebradas, a lo largo de su historia, se ha manejado a la ligera. Con unos concejales, que cobraban sesiones a las que nunca asistieron y que, aunque fueron destituidos por la Procuraduría y suspendidos para ejercer cargos públicos, regresan triunfales, como si nada, para seguir explotando las arcas municipales.

Por eso, no debe extrañar la compleja situación de zozobra e inseguridad que se está viviendo en varios sectores de Dosquebradas -similar a los que ocurre en sitios de Pereira, Santa Rosa de Cabal y La Virginia-, en donde la presencia de organizaciones delictivas, vinculadas al microtráfico de drogas y a la extorsión, han ocasionado enfrentamientos armados y la muerte de numerosas personas.

Ante los hechos violentos ocurridos en julio pasado en el barrio Buenos Aires, la administración municipal se demoró 11 días para convocar un Consejo Extraordinario de Seguridad. El martes en la noche, hecho similares sacudieron a los barrios Las Violetas y El Japón, dejando un saldo de tres muertos y cuatro heridos.

El gobierno dosquebradense habla de ampliación del pie de fuerza policial, de indagación sobre los responsables de los crímenes, de resocialización de pandilleros, de centros de Convivencia, de plan Desarme en los colegios, de mantener la restricción del parrillero para las motocicletas. Pero se le olvida lo básico: la intervención social.

El problema radica en la miopía y falta de grandeza de un gobierno, como el de Luz Ensueño Betancur, el cual considera que pierde autonomía y capacidad de acción si trabaja de la mano con los alcaldes del Área Metropolitana y la Gobernación.

Sin duda, la alcaldesa de Dosquebradas tiene ojos bonitos, pero le falta visión.

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