Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 9 de febrero de 2012
Aunque por estos lares, el único que habla con frecuencia de milagros es el pastor Pablo Portela, que los convirtió en fuente de vida, ya va siendo hora que nuestra dirigencia política se encomiende al panteón de los dioses y al santoral (incluyendo al presidente) para ver quién logra el “milagro” de construir el Plan de vivienda para las familias afectadas por las inundaciones del río Cauca en La Virginia.
Después de cuatro años de anuncios, inundaciones, pujas en la negociación del predio, albergues temporales, formulación del proyecto, desbordamiento del río, diferencias políticas y más inundaciones, ahora resulta que el predio adquirido a la ex senadora Maria Isabel Mejía por 4 mil millones de pesos no cumple con los requisitos técnicos y debería rellenarse 70 centímetros más para protegerlo del río. Esa nivelación del terreno costaría alrededor de 6 mil millones de pesos y fue lo que hizo estallar en cólera al gobernador Botero, quién se niega a destinar esa cifra para un lleno, cuando hay tantas y tan apremiantes necesidades en La Virginia y los demás municipios.
El problema es que volvemos al punto de inicio. La Virginia ha sido en realidad una finca: Balsillas, propiedad de la excongresista Mejía Marulanda, rodeada por cientos de casas que crecieron en forma desordenada, en los pocos terrenos disponibles, incluyendo zonas de inundación del río. Hoy, sus posibilidades de expansión urbana para desarrollar vivienda son mínimas. Depende de la finca en marras o del predio Miralindo, en poder de la Dirección Nacional de Estupefacientes y el cual se encuentra en proceso de extinción de dominio.
Creo que ha llegado el momento de las grandes decisiones y la oportunidad de que la ex gobernadora Maria Isabel Mejía pase a la historia, siguiendo el ejemplo de grandes personalidades de la vida nacional.
Si Fernando Botero pudo donar sus esculturas y cuadros al Museo de Antioquia y su colección privada de cuadros de grandes artistas al Museo Botero; si el exministro pereirano Bernardo Ramírez donó su biblioteca personal al Área Cultural del Banco de la República de su ciudad natal; si Julio Mario Santodomingo le regaló un Centro Cultural a Bogotá y 24 mil millones de pesos para becas a la Universidad de los Andes; si Luis Carlos Sarmiento financió 400 apartamentos en Usme para los afectados por el invierno, creo que ha llegado el momento de ver como una de las más emblemáticas figuras de la política del departamento en los últimos 40 años entrega, en donación, los predios que se requieren para el Plan de Vivienda de La Virginia.
Al fin y al cabo, la doctora María Isabel está pensionada por el Congreso y nadie duda de su estabilidad económica. Es soltera y sin hijos, lo que le permite tomar una decisión libre, sin comprometer el patrimonio familiar. De otra parte, su hermana Victoriana, la brillante embajadora en Alemania y hoy en Suecia, no creo que dependa de Balsillas para poder vivir.
Propongo que de concretarse la donación del lote, el proyecto de vivienda de La Virginia lleve el nombre de una de las más ilustres hijas de Risaralda y quién, puedo asegurar, nunca sería olvidada, por aquellos damnificados que cada tres meses tienen que salir corriendo de sus casas porque se les metió el agua del Rio Cauca.
¡Doctora Maria Isabel: Usted tiene la palabra!
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