miércoles, 24 de septiembre de 2008

El Síndrome del "deje así"
Por Juan Antonio Ruiz Romero,
jueves 14 de agosto de 2008
Para cualquier persona racional del mundo, los hechos cotidianos que suceden en Colombia son inexplicables. La primera página de ayer del periódico La tarde, es un buen ejemplo de las historias imposibles, descabelladas e inexplicables que forman parte de nuestro diario acontecer.
El título lo resumía todo: “Día movido en la Corte”. Primero fue el respaldo total dado por la Corte Suprema de Justicia al magistrado Iván Velásquez, en quien reposa todo el proceso de la ‘parapolítica’; después la Sala Penal del máximo tribunal abrió una investigación preliminar en contra del senador del Polo Democrático Alternativo Gustavo Petro, por haber supuestamente manipulado testigos y haber interferido en la justicia. Más tarde hizo lo mismo con la senadora Piedad Córdoba”.
Pero además de ese desenfreno informativo y judicial, el general Mario Montoya, comandante del Ejército fue acusado por un paramilitar desmovilizado de entregarle a las AUC “una camioneta provista con una caleta donde fueron ocultados siete fusiles, como regalo al desaparecido comandante del Bloque Metro de las Autodefensas, Carlos Mauricio García Fernández, también conocido como ‘Doble Cero’ o ‘Rodrigo’”.
Y como si fuera poco, la Fiscalía General de la Nación consideró que las pruebas de los posibles nexos del ex presidente del Senado Luis Humberto Gómez Gallo con el Bloque Tolima de las AUC no “eran suficientemente contundentes” para seguir con la investigación en su contra y ordenó su libertad.
No sé porqué todos estos hechos recientes, sumados a las grabaciones de la ex presidenta del Senado Nancy Patricia Gutiérrez que comprometían con actuaciones indebidas al magistrado Iván Velásquez; las declaraciones del nuevo presidente del Congreso Hernán Andrade de que existe un “cartel del falso testimonio” y que el mismo presidente Uribe volviera a arremeter contra las altas cortes, al asegurar que existe un “roscograma en la justicia colombiana”; se terminan pareciendo cada vez más a la inolvidable canción “Burundanga” de la “Guarachera de Cuba, Celia Cruz:
“Songo le dio a borondongo, borondongo le dio a BernabéBernabé le pegó a muchilanga; le echó a burundangales hinchan los pies, Monina….”
Y el tema se complica mucho más porque lo que están logrando, unos y otros, en los continuos escándalos sobre los cada vez más visibles e inocultables nexos de grupos armados ilegales con la política colombiana, no es que los ciudadanos cuestionen, protesten, controvierten, se expresen y exijan respuestas como en la canción:
“¿Por qué fue que songo le dio a borondongoporque borondongo le dio a bernabépor qué bernabé le pegó a muchilangapor qué muchilanga le echó a burundangaporque burundanga le hinchan los pies?
Todo lo contrario. Es tal el desbarajuste institucional, la radicalización de las posiciones en el gobierno, en las cortes, en los columnistas de los medios informativos; el uso político de la justicia y el ataque a la justicia como medio político; que, en últimas, los colombianos de a pie, están cansados de unas peleas que ni siquiera entienden y están concluyendo, a priori, que todos están salpicados, que todos son corruptos y que nadie se salva de esta hecatombe.
Y el riesgo es que “como todos están untados”, mejor dejemos así las cosas y no removamos demasiado lo que pasó. ¿Será que las víctimas del conflicto estarán de acuerdo con ese borrón y cuenta nueva, porque aquí no ha pasado nada?
Para cualquier persona racional del mundo, los hechos cotidianos que suceden en Colombia son inexplicables. La primera página de ayer del periódico La tarde, es un buen ejemplo de las historias imposibles, descabelladas e inexplicables que forman parte de nuestro diario acontecer.El título lo resumía todo: “Día movido en la Corte”. Primero fue el respaldo total dado por la Corte Suprema de Justicia al magistrado Iván Velásquez, en quien reposa todo el proceso de la ‘parapolítica’; después la Sala Penal del máximo tribunal abrió una investigación preliminar en contra del senador del Polo Democrático Alternativo Gustavo Petro, por haber supuestamente manipulado testigos y haber interferido en la justicia. Más tarde hizo lo mismo con la senadora Piedad Córdoba”.Pero además de ese desenfreno informativo y judicial, el general Mario Montoya, comandante del Ejército fue acusado por un paramilitar desmovilizado de entregarle a las AUC “una camioneta provista con una caleta donde fueron ocultados siete fusiles, como regalo al desaparecido comandante del Bloque Metro de las Autodefensas, Carlos Mauricio García Fernández, también conocido como ‘Doble Cero’ o ‘Rodrigo’”.Y como si fuera poco, la Fiscalía General de la Nación consideró que las pruebas de los posibles nexos del ex presidente del Senado Luis Humberto Gómez Gallo con el Bloque Tolima de las AUC no “eran suficientemente contundentes” para seguir con la investigación en su contra y ordenó su libertad.No sé porqué todos estos hechos recientes, sumados a las grabaciones de la ex presidenta del Senado Nancy Patricia Gutiérrez que comprometían con actuaciones indebidas al magistrado Iván Velásquez; las declaraciones del nuevo presidente del Congreso Hernán Andrade de que existe un “cartel del falso testimonio” y que el mismo presidente Uribe volviera a arremeter contra las altas cortes, al asegurar que existe un “roscograma en la justicia colombiana”; se terminan pareciendo cada vez más a la inolvidable canción “Burundanga” de la “Guarachera de Cuba, Celia Cruz:“Songo le dio a borondongo, borondongo le dio a BernabéBernabé le pegó a muchilanga; le echó a burundangales hinchan los pies, Monina….”Y el tema se complica mucho más porque lo que están logrando, unos y otros, en los continuos escándalos sobre los cada vez más visibles e inocultables nexos de grupos armados ilegales con la política colombiana, no es que los ciudadanos cuestionen, protesten, controvierten, se expresen y exijan respuestas como en la canción:“¿Por qué fue que songo le dio a borondongoporque borondongo le dio a bernabépor qué bernabé le pegó a muchilangapor qué muchilanga le echó a burundangaporque burundanga le hinchan los pies? Todo lo contrario. Es tal el desbarajuste institucional, la radicalización de las posiciones en el gobierno, en las cortes, en los columnistas de los medios informativos; el uso político de la justicia y el ataque a la justicia como medio político; que, en últimas, los colombianos de a pie, están cansados de unas peleas que ni siquiera entienden y están concluyendo, a priori, que todos están salpicados, que todos son corruptos y que nadie se salva de esta hecatombe. Y el riesgo es que “como todos están untados”, mejor dejemos así las cosas y no removamos demasiado lo que pasó. ¿Será que las víctimas del conflicto estarán de acuerdo con ese borrón y cuenta nueva, porque aquí no ha pasado nada?
Para cualquier persona racional del mundo, los hechos cotidianos que suceden en Colombia son inexplicables. La primera página de ayer del periódico La tarde, es un buen ejemplo de las historias imposibles, descabelladas e inexplicables que forman parte de nuestro diario acontecer.El título lo resumía todo: “Día movido en la Corte”. Primero fue el respaldo total dado por la Corte Suprema de Justicia al magistrado Iván Velásquez, en quien reposa todo el proceso de la ‘parapolítica’; después la Sala Penal del máximo tribunal abrió una investigación preliminar en contra del senador del Polo Democrático Alternativo Gustavo Petro, por haber supuestamente manipulado testigos y haber interferido en la justicia. Más tarde hizo lo mismo con la senadora Piedad Córdoba”.Pero además de ese desenfreno informativo y judicial, el general Mario Montoya, comandante del Ejército fue acusado por un paramilitar desmovilizado de entregarle a las AUC “una camioneta provista con una caleta donde fueron ocultados siete fusiles, como regalo al desaparecido comandante del Bloque Metro de las Autodefensas, Carlos Mauricio García Fernández, también conocido como ‘Doble Cero’ o ‘Rodrigo’”.Y como si fuera poco, la Fiscalía General de la Nación consideró que las pruebas de los posibles nexos del ex presidente del Senado Luis Humberto Gómez Gallo con el Bloque Tolima de las AUC no “eran suficientemente contundentes” para seguir con la investigación en su contra y ordenó su libertad.No sé porqué todos estos hechos recientes, sumados a las grabaciones de la ex presidenta del Senado Nancy Patricia Gutiérrez que comprometían con actuaciones indebidas al magistrado Iván Velásquez; las declaraciones del nuevo presidente del Congreso Hernán Andrade de que existe un “cartel del falso testimonio” y que el mismo presidente Uribe volviera a arremeter contra las altas cortes, al asegurar que existe un “roscograma en la justicia colombiana”; se terminan pareciendo cada vez más a la inolvidable canción “Burundanga” de la “Guarachera de Cuba, Celia Cruz:“Songo le dio a borondongo, borondongo le dio a BernabéBernabé le pegó a muchilanga; le echó a burundangales hinchan los pies, Monina….”Y el tema se complica mucho más porque lo que están logrando, unos y otros, en los continuos escándalos sobre los cada vez más visibles e inocultables nexos de grupos armados ilegales con la política colombiana, no es que los ciudadanos cuestionen, protesten, controvierten, se expresen y exijan respuestas como en la canción:“¿Por qué fue que songo le dio a borondongoporque borondongo le dio a bernabépor qué bernabé le pegó a muchilangapor qué muchilanga le echó a burundangaporque burundanga le hinchan los pies? Todo lo contrario. Es tal el desbarajuste institucional, la radicalización de las posiciones en el gobierno, en las cortes, en los columnistas de los medios informativos; el uso político de la justicia y el ataque a la justicia como medio político; que, en últimas, los colombianos de a pie, están cansados de unas peleas que ni siquiera entienden y están concluyendo, a priori, que todos están salpicados, que todos son corruptos y que nadie se salva de esta hecatombe. Y el riesgo es que “como todos están untados”, mejor dejemos así las cosas y no removamos demasiado lo que pasó. ¿Será que las víctimas del conflicto estarán de acuerdo con ese borrón y cuenta nueva, porque aquí no ha pasado nada?
Se fue... con sus
zapatos de pom pom

Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 31 de julio

En un momento en que la música en el hemisferio norte estaba cruzada por Los Beatles, Elvis Presley y The Monkees; y en los países de habla hispana por Enrique Guzmán, Sandro de América, Marisol, Raphael, el Dúo Dinámico y Fórmula V, incursionaron tímidamente unas voces colombianas que también querían ser oídas.

La radio era la gran compañía de aquellos días, en donde la televisión era en blanco y negro, con solo tres canales y unas pocas horas diarias de emisión. En esas ondas radiales, al lado de Kalimán -que también despidió hace algunas semanas de la vida terrena a Gaspar Ospina, quién le diera vida con su voz- surgieron esos cantantes colombianos, que siguiendo las tendencias internacionales, empezaron a mostrar su talento e inquietudes artísticas.

Eran los días en los cuales Pablus Gallinazus salía siempre a caminar, en busca de una flor para mascar; en que Angela y Consuelo “Las Hermanitas Singer” nos decían que “Usted abusó, sacó provecho de mí, abusó”; en que el barranquillero Luis Gabriel advertía que “esto de ser artista es mejor que trabajar, aunque a veces pasen cosas que no deben pasar” y cuando el intérprete sanandresano Christopher nos contaba que “Sobre la cima, de una montaña, un hombre grita cosas extrañas”…

En medio de ese variado panorama musical, Ana y Jaime sorprendían con su música protesta y esos versos, en su momento contestatarios y todavía tan actuales: “Tu patria es mi patria, tu problema es mi problema; gente gente; tu bandera es mi bandera: amarillo, oro; azul, mar azul y el pobre rojo, sangra que sangra que sangra que sangra…”
Y entre todas esas voces, una figura engominada, camisa de terlenka, con pantalones bota de campana y zapatos de plataforma que imitaba los movimientos de cadera de Elvis y Sandro: Oscar Golden, un artista que interpretaba letras entre sencillas y provocadoras, en una época bastante pudorosa: “Que sea mi cuerpo alegre carrilera por la que corran tus manitas frías, que pasen palmo a palmo por mi tierra, hasta que se confundan con las mías”.
Algunos puristas dicen que esa música no decía nada y tratan de deslegitimar las letras y a los artistas indicando que no eran profundos. Sin embargo, fueron el resultado de un entorno y lo mismo podría decirse de muchas bandas y grupos en español o en otros idiomas, en donde las letras son simples y repetitivas.
Incluso, el reconocido profesor universitario y columnista Edison Marulanda nos recuerda que desde la filosofía, hay juiciosos tratados académicos en donde se menciona que “a través de las baladas, toda una generación aprendió de las alegrías y dolores del amor”.
Un aprendizaje del amor, en ocasiones machista, imponente y dominador como el de “El romance del cacique y la cautiva”: “Reclina niña tu frente sobre mí que aquí reina un fresco ambiente y en las montañas se siente un perfume de alelí. Reclinada y ya cautiva, amorosa y sensitiva, en brazos de Amoremí, quien te ama con ansia ardiente, reclina niña tu frente sobre mí. Qué más quieres mi cristiana para ti…”

O esas letras sin pretensiones, escritas para rimar y bailar con la música: “Está latiendo mi corazón ay, otra vez me vuelve a suceder; es que a mi chica la tengo que ver y viene con zapatos de pom pom. Pom pom pom pom pom pom pom pom arde mi corazón”.

Seguro muchos de nosotros, desde hace tiempo, olvidamos las canciones de Oscar Golden, pero, a todos, de alguna manera, nos retumbó la memoria y tarareamos, con algo de nostalgia: “Soy como tú ya lo sabes, amante latino. Ay, vivo de las mujeres, la noche y el vino. Pero si quieres, mi vida, te llevo conmigo, hasta donde Dios diría tendrás mi cariño…” Adiós a Oscar Golden y a sus zapatos de pom pom.

domingo, 27 de julio de 2008

A romper los diques

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Cuándo se produjo el terremoto del 25 de enero de 1999 en la zona cafetera colombiana, una de las situaciones que más me conmovió fue escuchar a cientos de personas quejarse “porque no habían alcanzado a despedirse de sus seres queridos”.

Hombres curtidos por el sol y las adversidades que lloraban desconsolados porque la muerte se les llevó a los hijos y dejó heridas y diferencias sin resolver.

Mujeres adoloridas, que entre los escombros de la casa, se lamentaban porque no pudieron reconciliarse con sus padres o hermanos y darían lo que fuera por una nueva oportunidad de verlos.

“Ojalá le hubiera dicho cuánto me importaba”… “La verdad discutimos por una tontería, pero nos dejamos de hablar”…“Si yo supiera lo que iba a pasar…” fueron algunas de las frases recurrentes después de la tragedia.

A veces pensamos que “las cosas malas” solo les pasan a los demás y a nosotros no. Y por ello, como si los afectos fueran una lavadora o un carro, los controlamos y los entregamos a pedacitos, a mediano y largo plazo, en cómodas cuotas mensuales a 36, 48 o 60 meses, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo disponible.

Volvemos el amor, la ternura, la amistad, la solidaridad una transacción más. Cómo este me quiere, yo le devuelvo cincuenta gramos de cariño. Cómo esta me miró mal, que sufra con un litro de mi indiferencia. Como estos son buena gente, se ganaron el derecho a un abrazo y dos palmaditas en la espalda. Como aquellos me simpatizan, los recompenso con una sonrisa y tres cuartos, a la semana. Pero no más…

Para algunos es más fácil prestarle dinero al otro que escucharlo. Y es que, en general, nos da un temor enorme expresar los sentimientos. “–Es que se aprovechan de mí”.“-Ya viví experiencias muy dolorosas, por eso me tengo que cuidar…” dicen.

Incluso, el cantante vallenato Jorge Celedón, que se veía muy raro de saco y corbata en la Casa Blanca, asegura en una de sus canciones que: “Uno quiere pa' que lo quieran; uno ama pa' que lo amen; uno no da la vida entera pa' que lo engañen, pa' que lo engañen…”

Por ese temor, al desamor, a sufrir, a la tristeza, dosificamos los afectos y los repartimos como pastillitas de chicle: para dar un poquito de sabor, a unos cuántos, porque no alcanzan para todos.

Hay que romper los diques y permitir que el amor se desborde e inunde nuestras vidas. Y ojalá no sea demasiado tarde.

El Nobel de Literatura Vicente Aleixandre dijo que “la vida era un relámpago entre dos oscuridades”. Calderón de la Barca se preguntaba: “¿Qué es la vida? Un frenesí”. Y se volvía a preguntar: “¿Qué es la vida? Una ilusión; una sombra, una ficción…”

Que no se nos olvide, la filosofía del cantor popular antioqueño que nos recuerda cada día que: “La vida… es un ratico”.
Avisos provocativos

Por Juan Antonio Ruiz Romero

De alguna manera, los avisos clasificados de los periódicos de una ciudad muestran las tendencias del mercado, gustos ciudadanos, altibajos de la economía y particularidades en la demanda y en la oferta de servicios.

Por eso, con cierto deleite malsano y aprovechando algunas horas libres, me dediqué a indagar sobre lo que ofrecen dichos anuncios.
El primero que me llamó la atención fue uno que necesitaba “Banqueras: Contrato con todas las garantías de ley, además de comisiones. Disponibilidad inmediata y experiencia comercial”. Lo que el aviso no mencionaba era el banco que hacía la oferta laboral, ni si las comisiones eran en dólares, en euros o en revaluados pesos.
Seguí revisando, entre curioso e inquieto, y me encontré con quienes ofrecen préstamos, en 4 horas, a los jubilados, empleados de empresas del estado, miembros del magisterio y de la fuerza pública, “a bajos intereses”, con cómodos descuentos por nómina o en hipotecas. Mejor dicho, otra variedad de “banqueros”.
Luego, al ver un aviso en que ofrecían 60 puestos, pensé que era una vajilla para una familia grande. O para esas gerentes de empresas de telecomunicaciones que hace 5 años compraron, con plata oficial, vajillas chinas de 100 millones de pesos. Pero no, eran 60 puestos para “personal ambos sexos”. ¿Estarían buscando hermafroditas? Por eso, tal vez, había tantos cargos disponibles.
Y si fuera por los clasificados, uno pensaría que las cifras de colombianos en el exterior, se multiplicarían por cien. Cantidad de avisos con la frase: “Motivo viaje vendo…casas, carros, motos, electrodomésticos recién estrenados o negocios bien acreditados.”A pesar de la letra pequeñita de los avisos, el ejercicio estaba resultando bastante simpático.
De pronto me encontré con uno, que pensé era una invitación para ir al gimnasio, para rebajar barriga, con novedosas técnicas reductoras. Sin embargo, descubrí que estaba equivocado cuando me enteré que “las masajistas” eran “lindas niñas universitarias que te ofrecen compañía” y “preciosas chicas, seductoras, provocativas. 24 horas”.
Preferí evitarme problemas, aunque todavía me pregunto como será aquello de permanecer 24 horas en la plenitud de la seducción y la provocación, cuando uno duerme una siesta y se levanta despeinado, barbado y urgido de enjuague bucal.Por eso, mientras hacía gárgaras refrescantes, casi me trago el agua cuando leí: “Club Swinger invita gran fiesta, sexo en vivo, shows, videos, full intercambio, chica sorpresa” y otro en donde se ofrecen “la seducción y la sexualidad en vivo, lindas modelos play boy te seducirán al ritmo de la música y algo más.”
De inmediato, me entró el interés por saber con qué música seducen a sus visitantes. Porque si es con “Soy un hombre soltero” de Johnny Rivera o “La Batidora” de Don Omar, de seguro, que no serán muchos los clientes.
Cuando ya iba a dejar el periódico a un lado me encontré con el más insinuante, atrevido y pecaminoso de los anuncios. Tenía un dibujo y el sello de “La Original”. Su invitación directa y sin palabras rimbombantes: “Deliciosos perniles. No contiene hueso ni grasa”. Es el aviso de una venta de lechona tolimense, que me solucionó el almuerzo de hoy.

jueves, 10 de julio de 2008

Entre gustos si hay disgustos

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Como ciudadano colombiano, mayor de 18 años, residente en Pereira, periodista en ejercicio y columnista de La Tarde, me permito compartir con los lectores las razones que me llevan a admirar al presidente Álvaro Uribe y aquellas que me disgustan.

Me gusta el Álvaro Uribe trabajador, incansable, dedicado, que le entrega todo su tiempo y fuerzas a la función para la cual fue elegido ampliamente por sus compatriotas. Me disgusta el Álvaro Uribe que hizo a un lado a su esposa Lina y a sus hijos, porque el sabor del poder es más grato que el calor hogareño.

Me gusta el presidente cercano a las comunidades, sensible a sus necesidades, creativo en las soluciones. Me disgusta el presidente que promete y se compromete y carece de un equipo ejecutivo que cumpla lo prometido. Me gusta un presidente de alto vuelo; pero, me disgusta un gabinete ministerial y funcionarios del gobierno de tan bajo perfil.

Me gusta el Uribe valeroso, decidido, firme en sus convicciones. Pero me disgusta, el Uribe que ordena la captura del secretario de gobierno de Buenaventura por sospecha y la destitución de una funcionaria del ICBF en Magdalena, sin el debido proceso.

Me gusta el presidente que cree en las personas y confía en la buena fe de sus amigos. Sin embargo, me disgusta el presidente que “metió las manos al fuego” por la inocencia del ex director del Das Jorge Noguera y defendió, hasta último momento, a su primo, el ex frustrado asilado político, Mario Uribe.

Me gusta el mandatario que habla directo, de frente y sin tapujos. Pero, me disgusta cuándo se le va la lengua y ofende. Me gusta el presidente que recita las poesías de Jorge Robledo Ortiz, pero no el que regaña en público a su hijo, porque tiene las manos en el bolsillo y luego se excusa, con un mensaje de texto al teléfono celular.

Me gusta el presidente que hace yoga y toma goticas para la paciencia y no el mandatario explosivo que califica a la oposición de “guerrilleros de saco y corbata” y el que asegura que los magistrados de la Corte Suprema “cohonestan el terrorismo”.

Me gusta un Jefe de Estado, que a pesar de sus posiciones o precisamente por ellas, es respetado por la comunidad internacional. Me disgusta y me preocupa un Jefe de Estado que a todos los delincuentes: narcotraficantes, paramilitares y guerrilleros, los extradita a Estados Unidos.

Me gusta el presidente inteligente y audaz que, en la Cumbre del Grupo de Río, desarmó a Chávez, Correa y Ortega, cuando fue a saludarlos y a estrecharles la mano. Me disgusta el presidente convencido de ser una “inteligencia superior”, como lo calificó su aconductado asesor José Obdulio Gaviria.

Me gustaba el candidato Uribe que se comprometió a luchar contra “el clientelismo y la politiquería”. Me disgusta el presidente-candidato que tuvo que renunciar a esos propósitos en eras de lograr la primera reelección.

Me gusta el Uribe que, con su política de Seguridad Democrática, le permitió a millones de personas volver a viajar por las carreteras colombianas y modificar la percepción de seguridad y de confianza en el país. Me disgusta el Uribe que, cabalgando en el agreste potro de la Seguridad Democrática, cambia articulitos en la Constitución y promueve referendos para perpetuarse en el gobierno.

En fin, me gusta que los colombianos analicen, discutan, controviertan los logros y desaciertos de nuestro presidente. Lo que me disgusta es que evitemos el debate porque Uribe tenga un 91% de favorabilidad en las encuestas.