Por Juan Antonio Ruiz Romero
Durante el gobierno del presidente Guillermo León Valencia, el Congreso de la República, a través de la ley 48 de 1962, estableció la pensión vitalicia para los ex presidentes. En 1978, mediante otra ley, se fijó que “La pensión de los ex presidentes de la República equivaldrá a la asignación mensual que por todo concepto corresponda a los Senadores y Representantes." O sea, que en 2009, los ex mandatarios, tanto los buenos como los malos, devengan un salario de 21 millones de pesos al mes.
Sin embargo, parece que la pensión es lo de menos. Por alguna razón inevitable, los ex presidentes, tanto los buenos como los malos, caen en la tentación de opinar sobre lo divino y lo humano, de formular recomendaciones, comentarios, correctivos y, en ocasiones, hasta se atreven a opinar en abierta contraposición con lo que fueron sus decisiones y actos de gobierno.
Hace varios años, un dirigente político aseguró que “los ex presidentes eran como muebles viejos, que nadie sabía en donde acomodar”. Pero eso fue en el siglo pasado, en donde los ex mandatarios eran de edad madura y asumían el rol del abuelo consejero.
En los últimos 15 años, el protagonismo de los ex presidentes colombianos ha crecido en forma proporcional con su participación en la política partidista, los círculos de poder y en las cuotas burocráticas. Al fin y al cabo, nunca habíamos tenido ex presidentes entre los 50 y los 60 años. Tal vez por eso, no se sienten jubilados.
Antes de dejar este mundo, y con el respaldo ofrecido al gobierno Uribe, el ex presidente Turbay Ayala consiguió que a su hijo lo nombraran Contralor General, a su hija embajadora en Uruguay y a su nieta Comisionada Nacional de Televisión.
El ex presidente del elefante, Ernesto Samper Pizano, tiene cuotas personales en el gabinete del alcalde de Bogotá Samuel Moreno y cada cierto tiempo, gracias a algunos medios de comunicación, se convierte en “suprema autoridad moral y ética” para referirse a cientos de temas, sin importar que en su gobierno hubiera utilizado triquiñuelas, malabarismos jurídicos y favores personales, con el único objetivo de mantenerse en el poder. Y como si fuera poco se va para Ecuador, en donde para conseguir palmaditas en la espalda, califica el bombardeo al campamento donde murió Raúl Reyes, como “episodio bochornoso".
Y en los últimos meses, reapareció recargado el más nuevo de los ex presidentes: Andrés Pastrana, dedicado a lanzarle piedras a todo el mundo.”Que Juan Manuel Santos intentó un golpe de estado”. Que Estados Unidos le dio al gobierno las coordenadas dónde se encuentran los jefes de las FARC”. “Qué ni se les ocurra suspender el Plan Colombia”. Que Noemí Sanín debe renunciar para postularse a la Presidencia”. Que la política exterior quedó en manos de foráneos”. Que el canciller se extralimitó en sus funciones. Que no va a volver a la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores”.
Ojalá los ex mandatarios se fueran a los cuarteles de invierno, a escribir sus memorias y siguieran el ejemplo del ex presidente Belisario Betancur, quién luego de los hechos del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero, se dedicó a la literatura, a beber aguardiente y a escribirle poemas a su esposa Dalita.
miércoles, 18 de marzo de 2009
miércoles, 11 de marzo de 2009
El “rollo” de Nicolás Calle
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Cuándo vimos la noticia publicada no la podíamos creer. Tan escueta como sobrecogedora: Un reportero gráfico de la ciudad detenido por cargos de extorsión y posibles vínculos con el Frente Aurelio Rodríguez de las FARC.
Debo confesar que sentí una amarga mezcla de tristeza, preocupación y desconsuelo. Nicolás Calle Guerra fue mi compañero de trabajo, cuando me desempeñé como jefe de redacción de El Diario del Otún.
Tenía un talento excepcional. Una mirada diferente para captar el instante que se vuelve eterno con una buena foto. Simpático, inventor de cuentos, recursivo frente a los inconvenientes.
Su figura condensada, nariz y cachetes colorados parecidos a los del Enanito Gruñón de Blancanieves, llevaron a que el ex alcalde de Pereira César Castillo lo bautizara Guri Guri, aquella versión tropical del Hombre de las Nieves, que popularizó la telenovela “Calamar” en 1989 y 1990.
Nicolás Calle presentó sus fotografías en varias salas y sitios de la ciudad. Participó en varios premios de periodismo gráfico y logró reconocimientos por la calidad de su trabajo, de méritos indiscutibles. Sin embargo, algunos problemas personales, lo terminaron alejando de los medios impresos en los que se había ganado un espacio por sus capacidades innatas.
Yo creo que Nicolás se perdió por los recovecos intrincados del camino. Por esos rincones en que, a veces, nos extraviamos por falta de brújula y de claridad. Por sitios, momentos y decisiones que son de la inexpugnable profundidad del ser y en los cuales no se permite la presencia de la familia o de los buenos amigos.
Inquieto, tramador, ventajoso, mentirosillo, durante la última década, se desempeñó en actividades polifacéticas, quizás para subsistir, quizás para mantener la visibilidad que había logrado en periódicos, revistas y como reportero gráfico del Palacio municipal.
Se vinculó con la organización comunal de su barrio. Acompañó a varias candidaturas y aspirantes a cargos públicos. Pidió y recibió dinero por dichos respaldos. A pesar de tener más de 35 años en ese momento, participó en la elección de los primeros Consejos municipales de Juventud en Pereira. Apareció como gestor y promotor cultural de diferentes eventos. Hace algunos años, fue candidato al Concejo municipal de Dosquebradas. Y en el último tiempo, estuvo radicado en Pueblo Rico, cerca de las comunidades indígenas. De esa última labor hay varias fotografías que testimonian la imponencia visual y sentido estético de su trabajo.
Esta semana, Nicolás volvió al sitio que como reportero gráfico había visitado decenas de veces. La diferencia es que, en esta ocasión, él no estaba detrás de la cámara sino frente a ella.
Y aunque la foto del periódico salió desenfocada a propósito, detrás de la cabeza gacha y avergonzada del detenido, a mi memoria regresó la imagen burlona y coloreta del “Guri Guri” que conocí hace veinte años.
Cuándo vimos la noticia publicada no la podíamos creer. Tan escueta como sobrecogedora: Un reportero gráfico de la ciudad detenido por cargos de extorsión y posibles vínculos con el Frente Aurelio Rodríguez de las FARC.
Debo confesar que sentí una amarga mezcla de tristeza, preocupación y desconsuelo. Nicolás Calle Guerra fue mi compañero de trabajo, cuando me desempeñé como jefe de redacción de El Diario del Otún.
Tenía un talento excepcional. Una mirada diferente para captar el instante que se vuelve eterno con una buena foto. Simpático, inventor de cuentos, recursivo frente a los inconvenientes.
Su figura condensada, nariz y cachetes colorados parecidos a los del Enanito Gruñón de Blancanieves, llevaron a que el ex alcalde de Pereira César Castillo lo bautizara Guri Guri, aquella versión tropical del Hombre de las Nieves, que popularizó la telenovela “Calamar” en 1989 y 1990.
Nicolás Calle presentó sus fotografías en varias salas y sitios de la ciudad. Participó en varios premios de periodismo gráfico y logró reconocimientos por la calidad de su trabajo, de méritos indiscutibles. Sin embargo, algunos problemas personales, lo terminaron alejando de los medios impresos en los que se había ganado un espacio por sus capacidades innatas.
Yo creo que Nicolás se perdió por los recovecos intrincados del camino. Por esos rincones en que, a veces, nos extraviamos por falta de brújula y de claridad. Por sitios, momentos y decisiones que son de la inexpugnable profundidad del ser y en los cuales no se permite la presencia de la familia o de los buenos amigos.
Inquieto, tramador, ventajoso, mentirosillo, durante la última década, se desempeñó en actividades polifacéticas, quizás para subsistir, quizás para mantener la visibilidad que había logrado en periódicos, revistas y como reportero gráfico del Palacio municipal.
Se vinculó con la organización comunal de su barrio. Acompañó a varias candidaturas y aspirantes a cargos públicos. Pidió y recibió dinero por dichos respaldos. A pesar de tener más de 35 años en ese momento, participó en la elección de los primeros Consejos municipales de Juventud en Pereira. Apareció como gestor y promotor cultural de diferentes eventos. Hace algunos años, fue candidato al Concejo municipal de Dosquebradas. Y en el último tiempo, estuvo radicado en Pueblo Rico, cerca de las comunidades indígenas. De esa última labor hay varias fotografías que testimonian la imponencia visual y sentido estético de su trabajo.
Esta semana, Nicolás volvió al sitio que como reportero gráfico había visitado decenas de veces. La diferencia es que, en esta ocasión, él no estaba detrás de la cámara sino frente a ella.
Y aunque la foto del periódico salió desenfocada a propósito, detrás de la cabeza gacha y avergonzada del detenido, a mi memoria regresó la imagen burlona y coloreta del “Guri Guri” que conocí hace veinte años.
¿Qué será lo que tienen ellos?
Por Juan Antonio Ruiz Romero
¿Qué pueden tener el común dos personas tan disímiles en sus criterios e ideología como el presidente de la República Álvaro Uribe Vélez y el ex magistrado y actual cabeza visible del Polo Democrático Alternativo Carlos Gaviria Díaz?
O, en qué se parecen el precandidato conservador y ex ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias, autoproclamado vocero de la nueva generación de la seguridad democrática”; la senadora liberal del intercambio humanitario, Piedad Córdoba; el matemático y ex alcalde Sergio Fajardo y la ex candidata a la alcaldía de Bogotá por el Polo Maria Emma Mejía?
La misma pregunta se podría extender a la literatura, el arte y la cultura popular. ¿Qué semejanza hay entre Héctor Abad Facio Lince, Fernando Vallejo, el poeta nadaísta Gonzalo Arango, el pintor Fernando Botero, el cantante Darío Gómez o los humoristas “Tola y Maruja” o Vargas Vil?
O también en el deporte. ¿Qué coincidencia pueden tener el golfista Camilo Villegas; ex campeón mundial de ciclismo Martín Emilio “Cochise” Rodríguez y el controvertido portero hasta hace algunos meses del Deportivo Pereira René Higuita?
En el sector empresarial y financiero: ¿Cuál es el punto de confluencia de Bancolombia, Nacional de Chocolates, Cementos Argos, Galletas Noel, Suramericana de Seguros, Fabricato, Industrias Alimenticias Zenú o Colcafé?
Y hasta en el bajo mundo. ¿Además de su carrera delictiva, qué más identifica a personajes de tan triste recordación como Pablo Escobar Gaviria, los hermanos Fidel, Carlos y Vicente Castaño y Diego Fernando Murillo, alias “Don Berna”?
La respuesta es una sola. Todos son antioqueños. Admirados u odiados, originales o copias; creativos, perversos, brillantes o diferentes. Para bien o para mal, Antioquia ha construido una sólida estructura social, económica, política y empresarial, tanto legal como ilegal, que los ha convertido en un país dentro del mismo país. Las proclamas independentistas de la República Federal de Antioquia que fueron comunes en los años 70 y 80 quedaron atrás, cuando los paisas se dieron cuenta que no necesitaban separarse de Colombia para asumir su manejo.
Hoy, el Sindicato Antioqueño genera el 8 por ciento del Producto Interno Bruto del país y es propietario de 125 empresas, entre ellas el Hotel de Pereira, que dejó 2 mil millones de pesos en utilidades durante 2008. Además en la Presidencia de la República tienen a un antioqueño, que lleva 6 años y medio en el cargo y quiere seguir cuatro años más. Eso si, para evitar riegos, tienen varios precandidatos en la reserva.
¿Cuándo será que en Pereira y Risaralda vamos a tener liderazgos tan fuertes, no como resultados de esfuerzos y brillos individuales, sino como fruto de procesos de identificación de talentos, educación, formación y relevo generacional? Otro reto para el sesquicentenario de nuestra capital.
¿Qué pueden tener el común dos personas tan disímiles en sus criterios e ideología como el presidente de la República Álvaro Uribe Vélez y el ex magistrado y actual cabeza visible del Polo Democrático Alternativo Carlos Gaviria Díaz?
O, en qué se parecen el precandidato conservador y ex ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias, autoproclamado vocero de la nueva generación de la seguridad democrática”; la senadora liberal del intercambio humanitario, Piedad Córdoba; el matemático y ex alcalde Sergio Fajardo y la ex candidata a la alcaldía de Bogotá por el Polo Maria Emma Mejía?
La misma pregunta se podría extender a la literatura, el arte y la cultura popular. ¿Qué semejanza hay entre Héctor Abad Facio Lince, Fernando Vallejo, el poeta nadaísta Gonzalo Arango, el pintor Fernando Botero, el cantante Darío Gómez o los humoristas “Tola y Maruja” o Vargas Vil?
O también en el deporte. ¿Qué coincidencia pueden tener el golfista Camilo Villegas; ex campeón mundial de ciclismo Martín Emilio “Cochise” Rodríguez y el controvertido portero hasta hace algunos meses del Deportivo Pereira René Higuita?
En el sector empresarial y financiero: ¿Cuál es el punto de confluencia de Bancolombia, Nacional de Chocolates, Cementos Argos, Galletas Noel, Suramericana de Seguros, Fabricato, Industrias Alimenticias Zenú o Colcafé?
Y hasta en el bajo mundo. ¿Además de su carrera delictiva, qué más identifica a personajes de tan triste recordación como Pablo Escobar Gaviria, los hermanos Fidel, Carlos y Vicente Castaño y Diego Fernando Murillo, alias “Don Berna”?
La respuesta es una sola. Todos son antioqueños. Admirados u odiados, originales o copias; creativos, perversos, brillantes o diferentes. Para bien o para mal, Antioquia ha construido una sólida estructura social, económica, política y empresarial, tanto legal como ilegal, que los ha convertido en un país dentro del mismo país. Las proclamas independentistas de la República Federal de Antioquia que fueron comunes en los años 70 y 80 quedaron atrás, cuando los paisas se dieron cuenta que no necesitaban separarse de Colombia para asumir su manejo.
Hoy, el Sindicato Antioqueño genera el 8 por ciento del Producto Interno Bruto del país y es propietario de 125 empresas, entre ellas el Hotel de Pereira, que dejó 2 mil millones de pesos en utilidades durante 2008. Además en la Presidencia de la República tienen a un antioqueño, que lleva 6 años y medio en el cargo y quiere seguir cuatro años más. Eso si, para evitar riegos, tienen varios precandidatos en la reserva.
¿Cuándo será que en Pereira y Risaralda vamos a tener liderazgos tan fuertes, no como resultados de esfuerzos y brillos individuales, sino como fruto de procesos de identificación de talentos, educación, formación y relevo generacional? Otro reto para el sesquicentenario de nuestra capital.
jueves, 26 de febrero de 2009
Menos ruido, más amabilidad
Dentro del estudio de prospectiva Visión Colombia, II Centenario 2019, se plantea un capítulo denominado “Construir Ciudades Amables”, en el cual se menciona que dentro de diez años, “cerca de 80% de la población colombiana vivirá en centros urbanos; y en estos se producirán transformaciones importantes de tipo económico, social y ambiental”.
De hecho, Risaralda, en este momento, ya cuenta con más del 88% de su población viviendo en las cabeceras urbanas. Y en el caso de Pereira, el 90% de los habitantes estamos distribuidos en 29 kilómetros cuadrados de zona urbana, que representan solo el 2,2% de la superficie total de 658 kilómetros cuadrados del municipio.
Según el documento de Planeación Nacional, “Las ciudades amables de 2019 darán acceso adecuado a servicios, equipamientos y espacio público a la totalidad de sus ciudadanos; facilitarán el desarrollo de actividades económicas locales y regionales; generarán los vínculos necesarios entre vivienda, lugar de trabajo y servicios; brindarán más oportunidades para la recreación y el esparcimiento; respetarán la identidad cultural y el medio ambiente, y permitirán la convivencia pacífica”.
El pequeño inconveniente es que Pereira, por su población, sus dinámicas sociales, económicas, culturales y comerciales; su localización y características de Ciudad-Región, no puede darse el lujo de esperar una década para avanzar en las metas definidas por el estudio de Prospectiva.
Por ello, se deben conocer y validar algunos esfuerzos mancomunados dirigidos a lograr que Pereira sea “una ciudad más amable”. Me refiero al trabajo de la administración municipal, FENALCO, la Carder y el concejal Juan Carlos Reinales que busca reducir los niveles de contaminación auditiva en los puntos más críticos.
Profesionales de la Carder y de la Dirección de Vigilancia y Control de Espacio Público emprendieron la labor de socialización, con los propietarios y administradores de los establecimientos comerciales, de las normas legales vigentes que prohíben el uso de cualquier tipo de perifoneo, parlantes y amplificadores para la actividad mercantil, ya que se consideran “elementos de contaminación sonora, que ocasionan pérdida paulatina de la audición; estrés, irritación, alteraciones en la conducta, dificultad para concentrarse y mantener un buen rendimiento laboral, hipertensión, taquicardia y hasta aumento del colesterol en la sangre”.
Esperemos que los negocios -sin necesidad de sanciones y con el propósito de tener una ciudad y un comercio más amable para los compradores- le bajen voluntariamente el volumen a sus parlantes o los apaguen, para que, como dice con ingenio y justificada razón, el presidente de la junta directiva de FENALCO, Germán Calle Zuluaga: “Que lo único que suene en los almacenes sea el sonido de las registradoras”.
De hecho, Risaralda, en este momento, ya cuenta con más del 88% de su población viviendo en las cabeceras urbanas. Y en el caso de Pereira, el 90% de los habitantes estamos distribuidos en 29 kilómetros cuadrados de zona urbana, que representan solo el 2,2% de la superficie total de 658 kilómetros cuadrados del municipio.
Según el documento de Planeación Nacional, “Las ciudades amables de 2019 darán acceso adecuado a servicios, equipamientos y espacio público a la totalidad de sus ciudadanos; facilitarán el desarrollo de actividades económicas locales y regionales; generarán los vínculos necesarios entre vivienda, lugar de trabajo y servicios; brindarán más oportunidades para la recreación y el esparcimiento; respetarán la identidad cultural y el medio ambiente, y permitirán la convivencia pacífica”.
El pequeño inconveniente es que Pereira, por su población, sus dinámicas sociales, económicas, culturales y comerciales; su localización y características de Ciudad-Región, no puede darse el lujo de esperar una década para avanzar en las metas definidas por el estudio de Prospectiva.
Por ello, se deben conocer y validar algunos esfuerzos mancomunados dirigidos a lograr que Pereira sea “una ciudad más amable”. Me refiero al trabajo de la administración municipal, FENALCO, la Carder y el concejal Juan Carlos Reinales que busca reducir los niveles de contaminación auditiva en los puntos más críticos.
Profesionales de la Carder y de la Dirección de Vigilancia y Control de Espacio Público emprendieron la labor de socialización, con los propietarios y administradores de los establecimientos comerciales, de las normas legales vigentes que prohíben el uso de cualquier tipo de perifoneo, parlantes y amplificadores para la actividad mercantil, ya que se consideran “elementos de contaminación sonora, que ocasionan pérdida paulatina de la audición; estrés, irritación, alteraciones en la conducta, dificultad para concentrarse y mantener un buen rendimiento laboral, hipertensión, taquicardia y hasta aumento del colesterol en la sangre”.
Esperemos que los negocios -sin necesidad de sanciones y con el propósito de tener una ciudad y un comercio más amable para los compradores- le bajen voluntariamente el volumen a sus parlantes o los apaguen, para que, como dice con ingenio y justificada razón, el presidente de la junta directiva de FENALCO, Germán Calle Zuluaga: “Que lo único que suene en los almacenes sea el sonido de las registradoras”.
miércoles, 18 de febrero de 2009
Tecnología y letra menuda
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Con mucho tino, un experto en multimedia aseguraba que “colgar la información personal en una red social como Facebook, era similar a ubicar una valla con todos tus datos en la mitad de una gigantesca autopista”.
El auge desbordado en internet de “redes sociales”, como han terminado denominándolas, llevó a que miles de personas se registraran porque “•está de moda”, “facilita la comunicación” o “porque todo el mundo habla de eso y uno no se puede quedar atrás”.
El gran inconveniente es que, en el momento del registro nadie lee las cláusulas ni la letra pequeña del contrato. Ahora resulta que distintas organizaciones de consumidores reaccionaron indignadas porque “Facebook adquiría el derecho a usar libremente todo lo publicado por sus miembros, incluso cuando éstos ya se han dado de baja”.
La razón es apenas lógica: todos sus datos personales, familiares, fotografías, videos, comentarios y hasta sus romances, coqueteos y desilusiones, se convierten en parte de la base de datos de la red, la cual ya tiene 175 millones de usuarios en el mundo y se reserva el derecho de utilizarlos, como a bien tenga y en cualquier momento.
Vale la pena recordar que en este mundo no hay nada gratuito. La fortaleza de una red social, de un motor de búsqueda, de una página web o de un proveedor de correo electrónico es el número de usuarios. Esa base de datos, con edades, sexo, perfiles del usuario, formación académica, actividad laboral, nivel de ingresos y capacidad adqui$itiva vale una fortuna.
Mientras usted navega inocentemente, chatea con sus amigos aquí y allá, responde un e-mail, ingresa a una página web de noticias o deportes, paga los servicios públicos, cuelga las fotos de sus vacaciones, escribe comentarios sobre el presidente de su país, está dejando en la red su “huella digital virtual” de gustos, tendencias y afinidades, que son materia prima para agencias publicitarias, proveedores de bienes y servicios y hasta campañas políticas.
Y como si fuera poco, aparece “Latitude” el nuevo servicio de Google “que permite localizar, con el GPS de su teléfono móvil y cartografía digital, a los contactos suyos en todo momento”. Para algunos padres de familia sobreprotectores y novios celosos, la nueva herramienta parecería perfecta. Sin embargo, como ya se ha visto en otros casos, podría tener usos nefastos para facilitar el seguimiento de una persona, secuestrarla y hasta para atentar contra ella.
Alonso Hurtado, un abogado español experto en nuevas tecnologías, asegura que Latitude tendrá muchos más usos en un futuro: "Servirá para hacer una publicidad más localizada, relacionada con el sitio en dónde estemos".
Como quién dice, si saben que voy por la avenida Circunvalar, me llegan al celular, mensajes y ofertas promocionales de los restaurantes y negocios de ese sector.
Ya que la tecnología entró sin preguntar a nuestras vidas, bien vale que vayamos pensando cómo la utilizamos mejor, antes de que ella nos siga utilizando a su antojo.
Con mucho tino, un experto en multimedia aseguraba que “colgar la información personal en una red social como Facebook, era similar a ubicar una valla con todos tus datos en la mitad de una gigantesca autopista”.
El auge desbordado en internet de “redes sociales”, como han terminado denominándolas, llevó a que miles de personas se registraran porque “•está de moda”, “facilita la comunicación” o “porque todo el mundo habla de eso y uno no se puede quedar atrás”.
El gran inconveniente es que, en el momento del registro nadie lee las cláusulas ni la letra pequeña del contrato. Ahora resulta que distintas organizaciones de consumidores reaccionaron indignadas porque “Facebook adquiría el derecho a usar libremente todo lo publicado por sus miembros, incluso cuando éstos ya se han dado de baja”.
La razón es apenas lógica: todos sus datos personales, familiares, fotografías, videos, comentarios y hasta sus romances, coqueteos y desilusiones, se convierten en parte de la base de datos de la red, la cual ya tiene 175 millones de usuarios en el mundo y se reserva el derecho de utilizarlos, como a bien tenga y en cualquier momento.
Vale la pena recordar que en este mundo no hay nada gratuito. La fortaleza de una red social, de un motor de búsqueda, de una página web o de un proveedor de correo electrónico es el número de usuarios. Esa base de datos, con edades, sexo, perfiles del usuario, formación académica, actividad laboral, nivel de ingresos y capacidad adqui$itiva vale una fortuna.
Mientras usted navega inocentemente, chatea con sus amigos aquí y allá, responde un e-mail, ingresa a una página web de noticias o deportes, paga los servicios públicos, cuelga las fotos de sus vacaciones, escribe comentarios sobre el presidente de su país, está dejando en la red su “huella digital virtual” de gustos, tendencias y afinidades, que son materia prima para agencias publicitarias, proveedores de bienes y servicios y hasta campañas políticas.
Y como si fuera poco, aparece “Latitude” el nuevo servicio de Google “que permite localizar, con el GPS de su teléfono móvil y cartografía digital, a los contactos suyos en todo momento”. Para algunos padres de familia sobreprotectores y novios celosos, la nueva herramienta parecería perfecta. Sin embargo, como ya se ha visto en otros casos, podría tener usos nefastos para facilitar el seguimiento de una persona, secuestrarla y hasta para atentar contra ella.
Alonso Hurtado, un abogado español experto en nuevas tecnologías, asegura que Latitude tendrá muchos más usos en un futuro: "Servirá para hacer una publicidad más localizada, relacionada con el sitio en dónde estemos".
Como quién dice, si saben que voy por la avenida Circunvalar, me llegan al celular, mensajes y ofertas promocionales de los restaurantes y negocios de ese sector.
Ya que la tecnología entró sin preguntar a nuestras vidas, bien vale que vayamos pensando cómo la utilizamos mejor, antes de que ella nos siga utilizando a su antojo.
domingo, 15 de febrero de 2009
"Errores de buena fe"
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 12 de febrero
En el capítulo Cuarto, artículo 83, de la Constitución Política de Colombia se establece que “Las actuaciones de los particulares y de las autoridades públicas deberán ceñirse a los postulados de la buena fe, la cual se presumirá en todas las gestiones…”
Cuándo uno escucha los testimonios de los delegados del Comité Internacional de la Cruz Roja y del periodista-garante Daniel Samper, acerca de las dificultades y desconfianza que generó la presencia de aviones militares alrededor del sitio de la entrega de secuestrados por parte de las Farc, uno se pregunta si realmente cabe la declaración oficial del ministro de Defensa Juan Manuel Santos de que “los sobrevuelos fueron un error de buena fe”.
Tan de buena fe, como la utilización indebida del peto de la Cruz Roja Internacional por uno de los oficiales participantes en la Operación Jaque que, según declaración del presidente Uribe, “se puso nervioso al ver tanto guerrillero y temiendo por su vida sacó de su bolsillo un pedazo de tela con el emblema y se lo colocó sobre el chaleco”.
A mi me da la impresión, de que escudados en ese principio general del Derecho, se quiere explicar en nuestro país, la incapacidad de muchas de nuestras autoridades, líderes y dirigentes políticos, sociales, empresariales, de asumir las responsabilidades que les corresponden.
Quisiera compartir algunas noticias recientes con los lectores, para que cada quién defina si hubo o no “errores de buena fe” en cada uno de los casos.
Dentro de un calabozo en la estación de policía del barrio Rafael Uribe Uribe, al sur de Bogotá, cuatro uniformados rociaron con gasolina y quemaron a dos jóvenes de 14 años de edad como castigo por mal comportamiento.
El viernes pasado, el Juzgado Octavo Civil Municipal de Cartagena, ordenó indemnizar con cien millones de pesos a dos jóvenes negras, a quienes, por su color de piel, se les negó el ingreso a dos discotecas ubicadas en un exclusivo sector de esa ciudad.
Hace una semana, nos informaban de un joven de Valledupar que por comprar 14 discos compactos piratas fue condenado a 48 meses de arresto por violar los derechos de autor.
Cuándo se revisa que la condena por comprar o vender música en la calle, es similar a la impuesta por lavado de activos a dos de los directivos de DMG o a las penas de cárcel de los congresistas vinculados con la parapolítica; uno termina pensando, eso sí -de buena fe- que es más grave conseguir en los andenes los éxitos de Johnny Rivera que ser testaferro del narcotráfico, cómplice de una defraudación masiva o compañero de andanzas de Salvatore Mancuso.
En el capítulo Cuarto, artículo 83, de la Constitución Política de Colombia se establece que “Las actuaciones de los particulares y de las autoridades públicas deberán ceñirse a los postulados de la buena fe, la cual se presumirá en todas las gestiones…”
Cuándo uno escucha los testimonios de los delegados del Comité Internacional de la Cruz Roja y del periodista-garante Daniel Samper, acerca de las dificultades y desconfianza que generó la presencia de aviones militares alrededor del sitio de la entrega de secuestrados por parte de las Farc, uno se pregunta si realmente cabe la declaración oficial del ministro de Defensa Juan Manuel Santos de que “los sobrevuelos fueron un error de buena fe”.
Tan de buena fe, como la utilización indebida del peto de la Cruz Roja Internacional por uno de los oficiales participantes en la Operación Jaque que, según declaración del presidente Uribe, “se puso nervioso al ver tanto guerrillero y temiendo por su vida sacó de su bolsillo un pedazo de tela con el emblema y se lo colocó sobre el chaleco”.
A mi me da la impresión, de que escudados en ese principio general del Derecho, se quiere explicar en nuestro país, la incapacidad de muchas de nuestras autoridades, líderes y dirigentes políticos, sociales, empresariales, de asumir las responsabilidades que les corresponden.
Quisiera compartir algunas noticias recientes con los lectores, para que cada quién defina si hubo o no “errores de buena fe” en cada uno de los casos.
Dentro de un calabozo en la estación de policía del barrio Rafael Uribe Uribe, al sur de Bogotá, cuatro uniformados rociaron con gasolina y quemaron a dos jóvenes de 14 años de edad como castigo por mal comportamiento.
El viernes pasado, el Juzgado Octavo Civil Municipal de Cartagena, ordenó indemnizar con cien millones de pesos a dos jóvenes negras, a quienes, por su color de piel, se les negó el ingreso a dos discotecas ubicadas en un exclusivo sector de esa ciudad.
Hace una semana, nos informaban de un joven de Valledupar que por comprar 14 discos compactos piratas fue condenado a 48 meses de arresto por violar los derechos de autor.
Cuándo se revisa que la condena por comprar o vender música en la calle, es similar a la impuesta por lavado de activos a dos de los directivos de DMG o a las penas de cárcel de los congresistas vinculados con la parapolítica; uno termina pensando, eso sí -de buena fe- que es más grave conseguir en los andenes los éxitos de Johnny Rivera que ser testaferro del narcotráfico, cómplice de una defraudación masiva o compañero de andanzas de Salvatore Mancuso.
jueves, 5 de febrero de 2009
Regresando a sus orígenes
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 5 de febrero de 2009
Tuvieron que transcurrir 469 años para que los habitantes de Cartago retomaran el camino hacia su propia historia.
A finales de julio o a principios de agosto de 1540, dependiendo de los cronistas, el Mariscal Jorge Robledo escogió para fundar la Villa de Cartago, una zona privilegiada que el mismo describió: "Asentada entre dos ríos en un asiento muy llano; hay muchas tierras y muy buenas, donde los cristianos tienen sus granjerías e labranzas; é a tres leguas de allí tienen muy grandes sabanas para criaderos de ganados...".
Esa tierra ondulada, fértil, de clima templado, rica en oro, fuentes hídricas, guaduales y propicia para los cultivos y la ganadería era Pereira. El nuevo asentamiento fue duramente atacado por las comunidades nativas de la familia Quimbaya, que vivían confederadas y distribuidas en por lo menos 80 cacicazgos. Por esa hostilidad de los aborígenes, el viejo Cartago fue reubicado 150 años después a orillas del río La Vieja, en el sitio que ocupa en la actualidad.
Ahora los cacicazgos son otros. Pero, como resultado de los mismo procesos centralistas, de desigualdad en la toma de decisiones y en la asignación de recursos que hace cuatro décadas desembocaron en la creación de los departamentos de Quindío y Risaralda, vuelven a surgir en Cartago y en varias municipalidades del norte del Valle, las voces, cada vez más organizadas y coherentes, que proponen una reorganización territorial.
De acuerdo con los nexos geográficos, sociales, comerciales, culturales y económicos entre Cartago y Pereira y los existentes entre Sevilla y Caicedonia con Armenia, distintos sectores ciudadanos proponen la separación de esos municipios del departamento del Valle y su anexión a Risaralda y Quindío.
Razones de peso los acompañan. Llevan un año pidiendo cita con el gobernador Abadía, quién se olvidó de los pueblos del Valle que existen al norte de Tuluá.
Porque si bien la infraestructura física, sanitaria y de servicios públicos del Valle es bastante aceptable, la crisis de empleo generada por la guerra al narcotráfico y a los negocios legales de los capos destapó la descomposición social, las inequidades y la miseria sobre la cual se había construido la otrora bonanza alrededor de los cultivos de caña de azúcar, sorgo y hatos ganaderos.
El debate sobre una posible anexión de Cartago a Risaralda hasta ahora comienza. Allí también habrá celos, intereses y sobre todo necesidades insatisfechas, porque eso es lo que acompaña la proclama independentista de la Villa de Robledo.
Sin embargo, algo que me encantaría de la anexión de Cartago es que tendrían que quitar el peaje que hoy nos separa de Puerto Caldas y del Valle del Cauca.
Tuvieron que transcurrir 469 años para que los habitantes de Cartago retomaran el camino hacia su propia historia.
A finales de julio o a principios de agosto de 1540, dependiendo de los cronistas, el Mariscal Jorge Robledo escogió para fundar la Villa de Cartago, una zona privilegiada que el mismo describió: "Asentada entre dos ríos en un asiento muy llano; hay muchas tierras y muy buenas, donde los cristianos tienen sus granjerías e labranzas; é a tres leguas de allí tienen muy grandes sabanas para criaderos de ganados...".
Esa tierra ondulada, fértil, de clima templado, rica en oro, fuentes hídricas, guaduales y propicia para los cultivos y la ganadería era Pereira. El nuevo asentamiento fue duramente atacado por las comunidades nativas de la familia Quimbaya, que vivían confederadas y distribuidas en por lo menos 80 cacicazgos. Por esa hostilidad de los aborígenes, el viejo Cartago fue reubicado 150 años después a orillas del río La Vieja, en el sitio que ocupa en la actualidad.
Ahora los cacicazgos son otros. Pero, como resultado de los mismo procesos centralistas, de desigualdad en la toma de decisiones y en la asignación de recursos que hace cuatro décadas desembocaron en la creación de los departamentos de Quindío y Risaralda, vuelven a surgir en Cartago y en varias municipalidades del norte del Valle, las voces, cada vez más organizadas y coherentes, que proponen una reorganización territorial.
De acuerdo con los nexos geográficos, sociales, comerciales, culturales y económicos entre Cartago y Pereira y los existentes entre Sevilla y Caicedonia con Armenia, distintos sectores ciudadanos proponen la separación de esos municipios del departamento del Valle y su anexión a Risaralda y Quindío.
Razones de peso los acompañan. Llevan un año pidiendo cita con el gobernador Abadía, quién se olvidó de los pueblos del Valle que existen al norte de Tuluá.
Porque si bien la infraestructura física, sanitaria y de servicios públicos del Valle es bastante aceptable, la crisis de empleo generada por la guerra al narcotráfico y a los negocios legales de los capos destapó la descomposición social, las inequidades y la miseria sobre la cual se había construido la otrora bonanza alrededor de los cultivos de caña de azúcar, sorgo y hatos ganaderos.
El debate sobre una posible anexión de Cartago a Risaralda hasta ahora comienza. Allí también habrá celos, intereses y sobre todo necesidades insatisfechas, porque eso es lo que acompaña la proclama independentista de la Villa de Robledo.
Sin embargo, algo que me encantaría de la anexión de Cartago es que tendrían que quitar el peaje que hoy nos separa de Puerto Caldas y del Valle del Cauca.
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