Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 8 de julio de 2010
Después de seguir durante un mes, a veces por gusto, a veces por obligación, el desarrollo del Mundial de Suráfrica 2010, quedan sin duda numerosos aprendizajes, tanto para los fanáticos del fútbol como para los demás ciudadanos.
El primero de ellos es la demostración de la importancia de pensar en grande y de atreverse. Suráfrica lo hizo y no solo para el evento futbolero. Más allá de la adecuación de los estadios y del monumental Centro Internacional de Prensa, la Copa Mundo fue la excusa apropiada para la construcción y mejoramiento de infraestructura aeroportuaria, férrea, vial, de transporte masivo, telecomunicaciones, servicios públicos y hasta para la implementación de un nuevo sistema de “justicia express”, basado en la oralidad y que busca una mayor eficiencia y eficacia del aparato judicial.
Parece increíble, pero como resultado del “apartheid”, en pleno siglo XXI, Suráfrica era una nación en donde no existía un Sistema de Transporte Masivo. Los blancos, en su gran mayoría, contaban con vehículo propio, lo mismo que los mestizos con mayores ingresos. Para el resto de surafricanos, que son el 79% de la población y en su mayoría negros, existían microbuses bastante precarios, manejados por una mafia que no quería ceder el control del negocio.
Uno de los retos que asumió el presidente Nelson Mandela para recomponer la unidad nacional y convertir a Suráfrica en “el país del arco iris”, donde hubiera espacio y derechos para todos, fue el diseño y construcción de un Sistema Integrado de transporte, que uniera los servicios de Tren de Alta velocidad, con buses por carril exclusivo, similares a Trasmilenio y Megabús.
En esos escenarios de la cotidianidad; en deportes como el rugby y el fútbol; y con las políticas de Verdad y Reconciliación, Suráfrica avanza en un complejo proceso de reorganización social, en donde todavía hay altos índices de pobreza, inseguridad y profundas desigualdades, ya que el 80% de la tierra productiva está en manos de las minorías blancas.
Otra de las enseñanzas que deja Suráfrica 2010, es la importancia de planificar, pensar y actuar en equipo. Desde la primera ronda del torneo futbolero fueron quedando eliminadas las selecciones que le apostaron al talento, la sorpresa y la capacidad de las individualidades. Uruguay, Holanda, Alemania y España llegaron hasta la ronda de definiciones porque lograron cohesionar una estructura colectiva, en donde las calidades e inspiración personal son para el beneficio conjunto y no para el brillo de una sola persona.
Y una última lección. Los británicos, con miras a los Juegos Olímpicos de 2012, ya prohibieron las ruidosas “vuvuzelas” de Suráfrica, por el daño auditivo que causan.
Nosotros, en Pereira y en Colombia, debemos adoptar un acuerdo municipal, avalado
por la alcaldía, la Secretaría de Salud y el Instituto de Audiología, en donde basados en los niveles de contaminación auditiva de esas cornetas se adopte una restricción similar.
No quisiera imaginarme que en el Mundial de Fútbol Sub 20 del año entrante en Colombia, lo único que podamos copiarle a los surafricanos sea su estruendosa forma de asistir a los estadios.
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