Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 1 de julio de 2010
Cada gobernante tiene su estilo. Eso hay que tratar de entenderlo y respetarlo. Lo que pasa es que, a veces, los mandatarios son tercos y les brindan el respaldo a personas que no dan la talla para desempeñar un puesto.
Los casos de los Ministros de Protección Social Diego Palacio y de Transporte Andrés Uriel Gallego son contundentes. A pesar de su incompetencia manifiesta, de los problemas irresolutos en sus carteras y su displicencia frente a la crítica, el presidente Uribe se la jugó con ellos, a pesar de que restaban más que sumaban a la imagen del gobierno nacional.
En Pereira sucede algo similar. A pesar del consenso sobre la debilidad y evidentes carencias del equipo de colaboradores inmediatos del alcalde Israel Londoño, el jefe del gobierno municipal ha desaprovechado sucesivas oportunidades para conseguir un gabinete más competente y efectivo.
Como si fuera un ajedrecista de trayectoria, el alcalde Israel nos ha demostrado en dos años y medio de gestión, su habilidad para hacer enroques y, a la vez, un gran temor de efectuar cambios estructurales. En su ánimo de tener contentos a todos, en especial a sus socios y aliados políticos, el mandatario cree, a ciegas, que quien no sirvió en un cargo, puede, por obra y gracia del Espíritu Santo, “hacer el oficio” en otro.
En treinta meses, los cambios más trascendentales en la administración municipal son el paso de un gris secretario de Gobierno como Jhon Diego Molina a la Asesoría privada; del Asesor Privado Omar Alonso Toro a Gobierno; el cambio de Jairo Ordilio Torres de la Secretaría de Hacienda a Planeación; de la Secretaría Jurídica Liliana Valencia a la gerencia de Multiservicios; del comando de Bomberos a la Dirección operativa de Control Físico y viceversa y, según se dice en octubre próximo, el enroque largo: la designación de Diana Milena Pulgarín, quien fuera asesora privada y hoy gerente del Aeropuerto, en la gerencia de Aguas y Aguas.
Los enroques, que se hacen con el beneplácito de los jefes políticos, también incluyen cambios en doble vía de funcionarios del gobierno municipal al departamental.
Aunque desde hace varias semanas se habla de la necesidad de ajustes en el equipo del alcalde para emprender la recta final de su mandato, todo parece indicar que, como en las anteriores ocasiones, los cambios de estos días serán cosméticos y los aspirantes a la alcaldía y al Concejo que trabajan en la administración van a seguir devengando hasta octubre y aprovechando su cargo para beneficio electoral.
Con esas decisiones, el alcalde no tiene mayor capacidad de maniobra ni de exigir demasiados resultados. Su margen de operación es bastante estrecho. Tal parece que aplica el viejo adagio “Preferir malo conocido (desde que tenga buen respaldo político) a bueno por conocer”.
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