miércoles, 19 de mayo de 2010

Una ciudad desteñida

Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 13 de mayo

En los distintos sitios a los que uno asiste como periodista o como ciudadano, el tema de discusión es: ¿Qué está pasando con Pereira?

A diferencia de otros momentos, en los que los comentarios se referían a los nuevos proyectos en construcción, a las obras del Sistema de Transporte Masivo; a los componentes de renovación urbana; los alcances de la educación gratuita; lo que se percibe en las últimas semanas es un tono de preocupación y angustia. El mismo que han exteriorizado los editorialistas de La Tarde y de El Diario del Otún, dirigentes políticos y gremiales, e incluso, copartidarios del señor alcalde.

Cualquiera podría decir que en la actualidad se están ejecutando obras: La glorieta de la calle 50 con Avenida de las Américas; las vías por valorización; los colegios por concesión; la primera fase del anillo longitudinal; la Ciudadela El Remanso; la Avenida San Mateo, la ampliación del estadio Hernán Ramírez Villegas…

Pero, creo que los comentarios y la percepción, así sea parcial e incompleta, sobre la gestión de la administración municipal van más allá de las inversiones y las obras. Es una sensación de agotamiento, de desazón, de desesperanza…se perdió la confianza en quienes están al frente de nuestra ciudad. Una ciudad que vemos descolorida, sucia, descuidada, como si no tuviera dolientes. Y eso también, en parte, es culpa nuestra.

Nadie duda de la capacidad de convocatoria del alcalde. Lo que pasa es que no la aprovecha para potenciar soluciones a los temas de ciudad, sino solo para apagar incendios mediáticos y dolores de cabeza temporales. Como el del desempleo y los homicidios, que regresan cada mes recargados, con las cifras del Dane y del Consejo de Seguridad.

El gran problema y él lo sabe desde el principio, es que se encuentra muy solo. Un gabinete de muy bajo perfil, en donde varios están pensando más en su futuro personal que en el presente de la ciudad y unos asesores, más acostumbrados a elogiar que a corregir.

Hace unas semanas, el alcalde de Cali preguntó en un Consejo de Gobierno a sus colaboradores quienes se iban a postular para las elecciones del año entrante, con el fin de saber con quién cuenta hasta el final.

Aquí, el alcalde de Pereira debería hacer lo mismo. Pero, además, pedirles la renuncia lo más pronto posible y efectuar los ajustes para el año y medio de gobierno que queda, a ver si logran dar un “timonazo” a la administración y recobra la confianza que le brindaron los pereiranos en las urnas. Hay decisiones que pueden ser impopulares, pero hay que tomarlas y pronto.

El líder, y mucho más cuando es político, tiene que saber escuchar, pedir consejo, construir soluciones y ante todo, aplicar correctivos. Yo quisiera seguir creyendo en el alcalde de Pereira, a pesar de que el tiempo se le está acabando.

miércoles, 5 de mayo de 2010

No podemos equivocarnos

Por Juan Antonio Ruiz Romero

En una columna reciente asegurábamos que, en el caso de los candidatos presidenciales colombianos: “Si hay con quién”, teniendo en cuenta su formación, estilo, trayectoria y propuestas políticas, en dónde hay para todos los gustos.

Más allá de cualquier consideración partidista o de las mismas encuestas, nadie niega el brillo intelectual de Rafael Pardo; la claridad conceptual de Gustavo Petro; la preparación de Germán Vargas Lleras; el entusiasmo de Noemí Sanín; la honestidad e inteligencia de Antanas Mockus y la formación académica de Juan Manuel Santos.

La decisión de los votantes sobre quién será el nuevo presidente o presidenta, implicará desde los ejercicios mentales y muy racionales, hasta los emocionales, en donde primarán las simpatías, los desafectos y lo que los analistas llaman “el voto útil”, entre quienes encabezan los sondeos de opinión. Algunos compararán entre lo hecho y lo dejado de hacer por los aspirantes. La conformación de sus equipos de trabajo y las sombras en su pasado de figuras públicas. Unos votarán por la continuidad de la guerra y otros le apostarán a la educación y a la cultura ciudadana, como fórmula para reconstruir la esperanza.

Y mientras avanza la campaña presidencial, empiezan, en forma paralela, los preparativos, visitas y acercamientos de quienes aspiran a suceder a Israel Londoño en la alcaldía de Pereira. A uno le podría parecer un poco prematuro, teniendo en cuenta que las elecciones son en octubre del año entrante. Pero si tenemos en cuenta que la mayoría de aspirantes son funcionarios públicos que deben renunciar, y que en febrero o marzo del año entrante deberán efectuarse consultas internas de los partidos para elegir sus candidatos, entendemos los cronogramas tan anticipados.

Por ello, apenas acabe la contienda presidencial, tendremos que abrir un debate en Pereira para analizar cuál es el tipo de mandatarios que esperamos para los primeros cargos del municipio y del departamento. Si es suficiente para un candidato ser el ahijado del senador o del representante a la Cámara; si queremos un alcalde, manejado a control remoto, desde un directorio político o desde el exterior; si la capacidad de una persona como administrador se mide por los cargos que ocupó en nombre de su jefe político o si seguimos creyendo que el alcalde debe ser un todero, que se encargue de todos los problemas del municipio, desde la pobreza y el desempleo hasta la tapada de huecos, el traslado de un maestro, el estímulo al emprendimiento y la construcción de unas huellas veredales. O incluso, si a esos cargos debe volver un repitente.

Lo primero que deben hacer los interesados en postularse a la Alcaldía de Pereira y a la Gobernación y que son funcionarios públicos es renunciar. Nos parece que no tiene presentación que secretarios de despacho y asesores, vayan por ahí, en ejercicio de sus cargos, ambientando sus candidaturas y buscando respaldos. Todos tienen derecho a aspirar, pero también tienen que ponerse la mano en el corazón y preguntarse, con toda sinceridad, si están lo suficientemente calificados para asumir el manejo de la ciudad.

En Pereira, necesitamos un alcalde que no solo tenga respaldo político, sino sobre todo reconocimiento y respeto ciudadano. Y eso no se compra, sino se gana. Por eso, aún estamos a tiempo, ya que no podemos equivocarnos.

miércoles, 28 de abril de 2010

¿Qué será lo que tenemos?

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Sin duda debe ser un encanto especial. Algo vibrante, único, genético. Pereira tiene una atracción infinita, tentadora, absorbente. Estamos de moda. El problema es que no fue como resultado de la estrategia de City Marketing y de los esfuerzos entre sectores público y privado. Nos pusieron en boca de todos, a las malas, a empellones, aprovechándose de lo amables y acogedores que somos.

Cero y van tres. La primera fue la columnista colombo española Salud Hernández, quién, luego de una visita relámpago de dos días, se atrevió a aseverar con un facilismo irresponsable que Pereira era la cuna de la prostitución, por encima de Las Vegas, Bangkok, Amsterdam o La Habana. Cuando conoció la reacción de las autoridades, en ese momento encabezadas por una gobernadora y una alcaldesa, la periodista dio por terminado el debate en forma unilateral.

Unos años más tarde, el escritor Gustavo Bolívar, aunque nació en Girardot y creció en Bogotá, le pareció atractivo incluir a Pereira como sede de la historia de la novela de ficción que lo consagró en el mundo de la narcoliteratura y del éxito de ventas, basado en el dolor ajeno. Revisemos lo que dice Wikipedia sobre el particular: “Sin tetas no hay paraíso” generó todo tipo de polémicas en el país, por su lenguaje descarnado y real y por haber desarrollado su trama en Pereira, una ciudad estigmatizada por el narcotráfico y la prostitución donde se produjeron algunas protestas contra el libro y la serie, encabezadas por el alcalde de la ciudad.”

En mayo de 2006, la revista Semana publica un informe titulado Baby Sicario, sobre un joven de 13 años, acusado de homicidio y quién fue rescatado por sus compañeros del Centro de Reeducación Marceliano Ossa. En febrero de 2008, la misma revista vuelve a abordar el tema de las pandillas y el microtráfico de drogas en Pereira y Dosquebradas y, con gran originalidad, lo bautiza: “Los Baby Sicarios”.

Por eso, lo que hizo el programa de televisión REC Reporteros Cuatro del canal 4 del grupo Prisa de España fue retomar la idea y venir a construirla, a como diera lugar. Vale la pena recordar que ese espacio de “periodismo investigativo” se estaba lanzando el viernes pasado 23 de abril y necesitaba “ganar audiencia a como diera lugar”. De acuerdo con lo demostrado por la periodista Angela María Villegas en el canal Une, las entrevistas con los muchachos del Marceliano Ossa fueron un montaje, amarillista, de testimonios ficticios, en donde le pidieron a los muchachos que contaran “historias escabrosas y extremas”. Las órdenes de ingreso al Centro de Reeducación de los tres entrevistados son por hurto agravado, extorsión y complicidad en un homicidio. Ninguno de los tres es un “baby sicario”.

Generalizar es demasiado fácil y puede ocasionar injustos señalamientos. En Pereira, como en muchos sitios del país y del mundo, hay marginalidad, pobreza, crimen organizado, mujeres prepago y jóvenes delincuentes.

Pero decir que nuestra ciudad es cuna de la prostitución, el narcotráfico y los niños sicarios sería como afirmar que todos los españoles no se bañan, son xenófobos, machistas, maltratadores, ventajosos, borrachines y promiscuos.

El Top de los mal queridos

Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 22 de abril

Hay situaciones, que por donde uno las mire, carecen de una explicación lógica. El ejercicio de la política, con las simpatías y desafectos que genera, es una de ellas. Me explico. La gran mayoría de los ciudadanos tiene un mal concepto de los dirigentes políticos, habla “pestes” de ellos, dice que “no los quiere ver ni en pintura”, pero cuándo se los encuentra, todo el discurso se silencia, se acerca, les sonríe, les saluda y, si alcanza, les da palmaditas en la espalda.

De alguna manera, quiénes escogen la política como una opción de vida saben a qué atenerse. Conocen que es una profesión desprestigiada, con muchas sombras y sospechas. Pero algo tendrá como retribución, directa o indirecta, en la medida en que se mantienen por ese camino.

En el caso de la dirigencia política risaraldense hay tres casos en la actualidad, tal vez los más visibles, en donde los odios y resentimientos que acumulan son proporcionales al poder que alcanzan.

El Top de los Mal queridos lo encabeza por estrecho margen, el ex congresista revocado Octavio Carmona Salazar. Sagaz, con profundo olfato, hábil en la componenda. Aunque ni él ni su esposa trabajan, la política les genera ingresos para vivir y para invertir millonarias sumas en campañas. Hoy, la sociedad con el gobernador Tamayo y un buen número de alcaldes, mantiene a Carmona vigente, aunque muchos le hagan el feo y quieran, desde tiempo atrás, sacarlo del escenario político regional.

En la segunda casilla, aparece el reelegido representante a la Cámara Diego Patiño Amariles, a quién la virulencia de la pasada campaña electoral, de seguro también le aumentó el número de no simpatizantes. Aunque el dirigente liberal, de recordada trayectoria como gobernante no convence como congresista, tiene el reto de reorganizar su partido en Risaralda, fracturado por los personalismos y sin yeso a la vista. En sus manos de ingeniero, está la oportunidad de ser constructor de unidad o ser recordado, simplemente, como el “Rey de los Escombros”.

El tercer clasificado en el Top de los Mal queridos es el senador electo Carlos Enrique Soto Jaramillo. Él, que siendo el presidente departamental del Partido de La U., tuvo que luchar contra encopetados pereiranos que, a sus espaldas en Bogotá, trataron de moverle la silla y buscar candidatos alternos “más representativos”. A Soto le coquetean, lo buscan para alianzas y se lo aguantan por el poder político y burocrático que acumula, pero no lo quieren con sinceridad.

Las razones del podio de los Mal queridos pueden ser muchas. Una puede ser sin duda el agotamiento de los votantes con los nombres de Carmona, Patiño y Soto que desde hace 20 años son protagonistas de la vida política regional. Otra, el origen popular de los tres dirigentes, que, desde luego, genera algunas prevenciones en los tradicionales círculos de poder.

Y la tercera explicación, podría ser que, con excepción de Patiño, los otros dos miembros del ranking, a pesar de su falta de estudios profesionales, se convirtieron en “doctores” de la política y alcanzaron curules en el Congreso, meta vedada a muchos no tan hábiles, pero si más preparados.

A diferencia del maestro Echandía que se preguntaba: ¿El Poder para qué?, Carmona, Patiño y Soto si conocen la respuesta: para repartirlo con sus amigos, aunque tengan que cantar a dúo con Javier Solís: “Ay que agonía, pobre de mi ser malquerido, aun asi de noche y día (la política) vive conmigo”.

miércoles, 14 de abril de 2010

Hacia la legalidad democrática

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Más allá de las frases cortas, llamativas y efectistas que marcan la actual campaña electoral, una de las reflexiones más interesantes la hizo el profesor Antanas Mockus, al referirse al daño que el narcotráfico y la “cultura de la trampa” le están haciendo al país.

El ex alcalde de Bogotá considera que los colombianos debemos decantar una posición frente al narcotráfico. Mientras un porcentaje, así sea pequeño, de la población lo avala, lo justifica, lo encuentra razonable e incluso vota por personajes que han tenido vínculos con el crimen organizado, es claro que somos víctimas de una flexibilidad moral que afecta a la sociedad en su conjunto.

Al considerar que debemos pasar de la “seguridad democrática” a la legalidad democrática, Mockus asegura que esa política implica un no al crimen, a la corrupción, al atajo y a la trampa.

De acuerdo con Administrador Cultural de la Universidad Javeriana y magister en Estudios Culturales Oscar Hernández Salgar: “El narcotráfico ha potenciado en Colombia una cultura en la que es justificable salirse de la ley -por ejemplo usando la violencia- para adquirir poder. Esa cultura es algo que tienen en común los guerrilleros de las Farc, “Los Rastrojos”, los políticos del PIN, y algunos niños que desde las comunas de Medellín aspiran a ser otro Pablo Escobar, otro Chupeta, otro Don Berna. Pero la cultura del narcotráfico no se ha limitado a los círculos cercanos de los narcotraficantes. La cultura mafiosa ha terminado haciendo cada vez más débiles los límites morales, legales y culturales de grandes sectores de la población. A muchos no les parece grave evadir uno que otro impuesto de vez en cuando, o saltarse la letra pequeña cada cierto tiempo - "¡Pero si yo no le hago daño a nadie. El estado no siente!"-. Estamos más acostumbrados que otras sociedades a darnos permisos, a forzar los límites y a usar atajos para "facilitar las cosas". No es que todo esto sea un fruto del narcotráfico, pero nadie puede desconocer que el narcotráfico ha logrado sacar lo peor de muchos colombianos. Y una de esas peores cosas es la cultura de la trampa y el atajo.”

Cuándo revisamos en la vida diaria esos conceptos son más cercanos para nosotros de lo que pensamos. Con la experiencia que le da su labor, el comandante de la Regional de la Policía Nacional en el Eje Cafetero, general José David Guzmán concluye que el microtráfico de drogas es un factor de gran incidencia en la seguridad ciudadana y el responsable de numerosas muertes violentas, por venganzas y ajustes de cuentas.

Esa situación se refleja, no solo en las cifras de homicidios, sino en hechos dolorosos vividos en Pereira en los últimos meses como balaceras en centros comerciales, en los barriosvías y hasta en el campus de la principal universidad pública de la ciudad. Es cierto que durante 2009, se lograron reducir de 734 a 591 los homicidios en el departamento de Risaralda y que en Pereira se bajó de 400 muertes violentas a 297. El problema es que la causa estructural se mantiene, se muta y se transforma.

Quizás, tras ocho años de multimillonarios presupuestos para la guerra, es el momento de redireccionar la visión de país y regresar a lo básico: pensar que en Colombia todos tengamos derecho a la vida, porque es sagrada.

Si hay con quién…

Por Juan Antonio Ruiz Romero, 24 de marzo de 2010

Más allá de las consideraciones jurídicas, uno de los más valiosos aportes del fallo de la Corte Constitucional sobre el referendo reeleccionista fue que, por fin, permitió visibilizar a las personas, que desean suceder al presidente Uribe.

El primer debate televisivo de esta semana, a pesar de las restricciones de tiempo, de temas y a la dificultad de profundizar sobre las propuestas de cada uno, nos permitió a los colombianos trasnochadores formarnos una idea más clara de lo que son y lo que representan los distintos aspirantes presidenciales.

La oferta es variada: desde académicos que incursionaron en la política como Mockus y Fajardo; veteranos del servicio público como Santos y Noemí y exitosos políticos de carrera como Vargas Lleras, Pardo y Petro.

Es claro que unos son más telegénicos (atractivos ante la pantalla televisiva) que otros: Fajardo registra bien, es desenvuelto, con poder de síntesis y sabe manejar el tiempo a la perfección. Noemí resplandece ante las cámaras y proyecta simpatía, aunque se le notan vacíos conceptuales, producto de sus años en las embajadas de Colombia en Europa. Pardo, tan gris y poco carismático con la gente, lució seguro, claro y espontáneo. Mockus, haciendo un gran esfuerzo intelectual, trató de condensar en un minuto, tesis sobre lo que deben ser políticas públicas y consensos nacionales frente al narcotráfico, la presencia norteamericana en bases colombianas y la necesidad de darle valor agregado de conocimiento y tecnología a las exportaciones colombianas.

Vargas Lleras, que trató de ser simpático, a pesar de su rostro adusto, demuestra dominio de los temas, ganas y deseo de gustar. Petro logró lo imposible: que los televidentes, antes de fijarse en el cuello desarreglado de su camisa, se concentraran en sus tesis sobre equidad social, soberanía y redistribución de tierras, como requisito para superar el conflicto armado. Santos cumpliendo su libreto: “Uribe fue muy bueno y yo puedo reemplazarlo porque fui periodista, fui Ministro de Comercio Exterior, Ministro de Hacienda, Ministro de Defensa, fui, fui, fui…”

Aunque el debate demoró más de dos horas, vale la pena destacar el ambiente tranquilo y de respeto que caracterizó la jornada, en donde, incluso, hubo tiempo para el humor: Noemí confesó que era muy creyente, pero Santos no era de su devoción. Pardo le dijo “anticuado” a Vargas Lleras por entregarle un portafolio impreso y no digital. A propósito de la pregunta de si le habían “chuzado” sus conversaciones, Petro dijo que “habría que preguntarle a Juan Manuel”. Fajardo confundió referendo con consulta Caribe y el candidato de La U. aseguró que cuando estuvo en la Armada, los costeños le enseñaron a bailar.

Luego de este primer cara a cara entre los aspirantes presidenciales, uno como ciudadano, quisiera que cada semana o cada quince días, durante los dos meses que restan para las elecciones, se repitieran este tipo de debates televisados, para conocer en detalle la propuesta programática de cada partido y cada candidato, ya que por tiempo, horarios y desplazamientos va a ser muy difícil verlos a todos en persona.

Por lo pronto, y aunque la sombra del presidente Uribe sigue gravitando sobre la actual campaña electoral, los televidentes vimos que en quienes aspiran a sucederlo hay inteligencia, criterio, compromiso, formación académica, experiencia e ideas, para emprender el camino hacia un nuevo Bicentenario.

Bienvenidos a Merheglandia

Por Juan Antonio Ruiz Romero, marzo 17 de 2010

Así como un ratoncito se convirtió en la base del imperio Disney, yo propongo que, por un lado, interpretando las realidades políticas y, por otro, con la excusa de la próxima celebración de los 150 años de fundación de Pereira, le cambiemos el nombre a la ciudad en homenaje a nuestros nuevos dueños y colonizadores: los Merheg.

No tiene sentido pensar sólo en un Parque Temático de Flora y Fauna. Merheglandia sería toda una ciudad, como aquellas de las películas, en donde todos los ciudadanos tendrían derecho a una suscripción de televisión gratis, así la concesión no sea prorrogada. En las calles y campos de Merheglandia, correrían ríos de agua pura; no habría habitantes de la calle, porque todos serían recogidos, ya que molestan al turista y habría -por lo menos en las declaraciones de sus funcionarios- educación y salud gratuita para todas las personas.

Con Merheglandia si podremos consolidar nuestro potencial político. Para que partidos históricos fuertes y organizados, si podemos comprar las franquicias, las personerías jurídicas y acceder a las curules en Senado, Cámara de Representantes, Asambleas y Concejos y hasta tener, con año y medio de anticipación, a una diputada, candidata a la Gobernación. No importa que los opositores infaltables, queden azules de la rabia. Incluso al mismo genio de Walt Disney, lo acusaron de soñador de imposibles.

También la transformación del nombre de nuestra ciudad, nos abre nuevas dimensiones turísticas y empresariales: “Venga y conozca, cómo se fabrica un senador conservador, con materia prima y moldes de Colombia Viva”. “Por su visita a Merheglandia, reclame gratis un fin de semana con los gastos pagos en el exótico Vichada, con recorrido incluido por los cultivos de palma africana y los apacibles predios titulados a “campesinos de ciudad”.

Y que decir del comercio, eje de nuestra actividad económica y productiva. “Descubra cómo, por aquello de las exenciones y los buenos amigos en el gobierno, el lote en el cual se construye Alameda Centro Comercial, en el prestigioso y exclusivo sector de la Avenida Circunvalar de Pereira, pagaba impuesto predial en estrato 3”.

La cultura tampoco se puede quedar atrás en el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial de Merheglandia, la cual será una ciudad biligüe… Todos los ciudadanos, desde niños, tendrán que aprender a hablar, leer y pronunciar en un árabe impecable.

El verde paisaje cafetero, el desenfrenado crecimiento de una urbe sin puertas, la permisividad de una dirigencia política adormecida y la indiferencia de una ciudadanía pragmática sirven como fondo para esta historia, que sino fuera parte de nuestra realidad política, podría ser el libreto de una telenovela, ya que cuenta hasta con canal de televisión. Y hasta los nombres son de seriado mexicano: Habib, Juliana, Juan Sammy, Noel Ricardo, Alejandro, Jimmy y el bueno de Víctor Manuel.

Lo único que aún no sabemos en el maravilloso mundo de Merheglandia es quienes serán los protagonistas o si todos serán los malos de la película.