El columnista del periódico LaTarde de Pereira, Colombia, Juan Antonio Ruiz Romero fue seleccionado dentro del grupo de finalistas del Premio Semana-Petrobras “El país contado desde las regiones”, cuya ceremonia de premiación será el miércoles 12 de noviembre de Bogotá.
Los trabajos nominados fueron publicados en el último año en la columna “En un rincón del alma” y participan en la categoría: “Mejor columna de opinión o blogger”.
Ruiz Romero es comunicador social-periodista, se desempeña como director de la Franja Informativa de la emisora radial Ecos 1360 en lazona cafetera colombiana y desde hace 5 años es columnista semanal del periódico LaTarde.
martes, 28 de octubre de 2008
miércoles, 22 de octubre de 2008
¿Y ahora...
quién podrá defendernos?
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 23
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 23
Cuándo el recientemente fallecido representante a la Cámara José Fernando Castro Caicedo se desempeñó como Defensor del Pueblo propuso “la ligadura de trompas a las trabajadoras sexuales, como un mecanismo para evitar los hijos no deseados”.
A pesar de la bienintencionada argumentación que soportaba la propuesta, al funcionario le llovieron todo tipo de críticas y cuestionamientos porque, más allá de sus consideraciones personales, la naturaleza del cargo que ocupaba: “Defensor del Pueblo” le impedía pronunciarse sobre un aspecto que vulneraba la libertad individual de las mujeres que ejercen dicho oficio.
Y es que, a veces, a los funcionarios se les olvida que sus declaraciones incluyen también la dignidad o cargo que representan. El único que todavía cree que puede separar sus opiniones como ministro, de sus responsabilidades como político y sus sentimientos familiares, es el Ministro del Interior y Justicia Fabio Valencia Cossio, quién trata de mantener equilibrio sobre la cuerda floja en que lo puso el juicio a su hermano Guillermo León, por los delitos de enriquecimiento ilícito, concierto para delinquir, violación de asunto sometido a reserva, falsedad por destrucción de documento y favorecimiento de información privilegiada a grupos criminales.
Me da la impresión que la historia de José Fernando Castro se está repitiendo en Risaralda, con las infortunadas declaraciones del Defensor Regional del Pueblo Luis Carlos Leal Vélez, quién en entrevista con el periódico La Tarde, publicada el sábado 18 de octubre pasado aseguró sin temblarle la voz:
“Yo pienso que no solamente debería haber pena de muerte para los violadores, sino también para los corruptos, los que deberían estar expuestos en esas vallas ante todo el mundo. ¿Dígame cuántos casos de “delincuencia de cuello blanco” se conoce (sic) que han investigado? Ninguno.”
Aunque soy un creyente sin vacilaciones de la libertad de expresión, debo tomar distancia del pronunciamiento del señor Defensor del Pueblo en Risaralda. Quizás como persona y hasta como abogado, Leal Vélez, pueda ser partidario, promotor, líder, simpatizante de la pena de muerte. En este caso no importa si la condena es para los violadores de niños, para los corruptos o para los transgresores de una norma u otra.
El tratadista del Derecho Néstor Osuna Patiño, Director del Departamento Constitucional de la Universidad Externado de Colombia, asegura que “el Defensor tiene una importante atribución relacionada con la formación de opinión pública, la cual es, sin duda, la más importante de sus atribuciones, aunque sea a la vez la más difusa. El Defensor tiene el poder de denuncia pública, esto es, el encargo de poner el dedo en la llaga en materia de violaciones de derechos humanos y de dificultades para su plena realización. Mediante esta vocería, se espera que el Defensor del Pueblo constituya uno de los motores de la sociedad en la construcción de tejido social, de respeto y de convivencia civilizada”.
Aquí lo realmente preocupante es que una de las cabezas visibles del Ministerio Público en Risaralda, quién ostenta la dignidad de Defensor del Pueblo, “amparo de los ciudadanos y conciencia de la opinión pública”, se haya referido de una manera tan alegre y descuidada sobre la pena de muerte y, pocos días después, exteriorice su preocupación por lo que llamó “limpieza social” de habitantes de la calle. ¿Cómo contradictorio, no?
El “omnipresidente”
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 16
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 16
El actual presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez, es considerado por los analistas como un verdadero maestro de la micropolítica. Desde el día en que se posesionó, el 7 de agosto de 2002, empezó a viajar a los más distantes rincones del país para estar cerca de sus compatriotas y escuchar sus inquietudes.
Los consejos Comunitarios se convirtieron en el espacio televisivo semanal para conocer las necesidades, proyectos y problemas de los distintos departamentos y, en donde, el presidente escucha, responde, ordena, anuncia, regaña, promete y despacha, por encima de los gobernadores y alcaldes, a quienes termina reemplazando.
En uno de esos escenarios públicos, Uribe ordenó la detención del secretario de gobierno de Buenaventura, porque fue acusado de actos de corrupción. Luego, ante las quejas de malos manejos de las Administradoras del Régimen Subsidiado de salud, ARS, anunció que dichas empresas serían eliminadas y reemplazadas por las Cajas de Compensación Familiar, decisión que más adelante echó para atrás. Meses más tarde, en Magdalena, destituyó, en vivo y en directo, a unas funcionarias de Bienestar Familiar de quiénes recibió denuncias.
Todas fueron decisiones de un presentador-presidente y no las de un abogado juicioso y ponderado, que desde sus tiempos en la Universidad de Antioquia aprendió aquello “del debido proceso”.
Frente a los presidentes enclaustrados en el Palacio de San Carlos y, luego, en la Casa de Nariño, Uribe aparece visitando a damnificados de las inundaciones; inaugurando el puesto de salud de Mocoa; expresándole el pésame a las viudas de los ex diputados del Valle asesinados por las FARC y a la familia del niño muerto por su propio padre. El Jefe del Estado aparece trotando por el Central Park de Nueva York; dándole el teléfono de su despacho a un compatriota residente en la Gran Manzana; sacando canecas con cianuro del río Magdalena; se aparece de sorpresa en las emisoras y estaciones de televisión para que lo entrevisten y hasta protagonizó, un duelo verbal, en plena plaza de Bolívar de Bogotá, con el profesor Gustavo Moncayo, luego de que el caminante por la paz le quitara durante varios días el protagonismo en los noticieros, durante su larga travesía entre Nariño y la capital colombiana.
En todo congreso, convención, simposio, coloquio, asamblea anual o reunión gremial, el mandatario colombiano es el invitado central, para la ceremonia de instalación o la de clausura.
Antes de la era Uribe, la visita de un presidente a una ciudad o pueblo colombiano era un hecho histórico y memorable, que se celebraba con día cívico, izada de bandera, actos culturales, banda marcial y “corbata a la moda”, cual Rin Rin Renacuajo. Ahora, no. Incluso, en ciudades como Pereira, ya perdimos la cuenta de la cantidad de veces que nos ha honrado con su presencia el señor presidente.
Por eso, porque nos tiene mal acostumbrados, uno se pregunta cuáles serían las razones por las que el primer mandatario se abstuvo de reunirse con las autoridades indígenas de Colombia, que lo invitaron el martes pasado a una Minga en María Piendamó, en el departamento del Cauca.
El presidente no puede ser sólo para los dirigentes gremiales, los empresarios y los principales centros del poder político, económico y social, que lo admiran y lo respetan. El omnipresidente, que a través de los medios informativos está en todas partes, debe atender a todos los colombianos. Y todos, son todos…
jueves, 9 de octubre de 2008
¿Adormecidos o narcotizados?
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 9
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 9
En un interesante conversatorio con los congresistas, dirigentes gremiales y medios de comunicación, el general José David Guzmán, comandante de la Policía en la región Cafetera, reconoció que “el narcotráfico es el principal problema de seguridad que tenemos en Risaralda y del cual se desprenden numerosos delitos como los homicidios, los ajustes de cuentas y las venganzas personales”.
La verdadera trascendencia de dicha declaración es que, durante mucho tiempo, las autoridades gubernamentales, los organismos de seguridad, los medios informativos y los ciudadanos nos hicimos los de la vista gorda. Considerábamos “casos aislados” los hechos relacionados con la producción, tráfico y consumo de drogas ilícitas y calificábamos las muertes violentas, la extorsión y el sicariato como “coletazos de la guerra entre los carteles de Cali, Medellín y Norte del Valle”.
No es remota la época en que grandes capos del negocio de la droga eran identificados como “el comerciante colombo-alemán Carlos Lehder Rivas”; el empresario, el dueño de un equipo de fútbol, el inversionista o el reconocido caballista.
En los años 80, se generalizó el concepto según el cual “en Colombia producimos cocaína para que la consuman los gringos y los europeos”, con lo cual, de alguna manera nos lavábamos las manos porque, supuestamente, el daño no era aquí. Dicha hipótesis se ratificó con la declaración de Carlos Lehder, desde la clandestinidad, en donde, con su discurso nacionalista y contra la extradición, aseveró que “la cocaína era la bomba atómica de los países pobres para atacar al imperialismo”.
El gran problema actual de Colombia, México, Perú y otros países productores, es que el consumo doméstico de drogas ilícitas, va en ascenso y desbordó la capacidad de reacción de la policía y los organismos de seguridad. Por cada negocio legal y formal que ingresa a la economía, aparecen decenas de expendios ilegales de sustancias tóxicas en los barrios y veredas, caracterizados por una inmensa capacidad de transformación, que les permite moverse de sitio, evadir la acción judicial y corromper a todo nivel.
Es tan compleja la situación de consumo de drogas en nuestros países, que se deben pensar soluciones mucho más ambiciosas, que la simple penalización de la dosis personal, iniciativa gubernamental cuatro veces frustrada en su trámite ante el Congreso colombiano.
La semana pasada, el presidente mexicano, Felipe Calderón, presentó ante las cámaras legislativas de su país una reforma para despenalizar la posesión de pequeñas cantidades de drogas. La iniciativa del mandatario propone que no sean castigados penalmente los farmacodependientes a los que autoridades le encuentren hasta 2 gramos de marihuana o de opio, 50 miligramos de heroína, 500 miligramos de cocaína y 40 miligramos de metanfetamina, entre otros narcóticos.
"Lo que se busca es no tratar como delincuente al adicto, sino como un enfermo y darle tratamiento psicológico o médico" indica la exposición de motivos. La medida puede tener amigos y detractores, pero por lo menos buscan nuevos mecanismos para enfrentar el multimillonario comercio de las drogas ilícitas.
De acuerdo con lo expresado esta semana por el secretario general de la OEA José Miguel Insulza en la Primera Reunión de Ministros de Seguridad Pública de las Américas, que se cumplió en Ciudad de México: “El tráfico de drogas procesadas en América Latina genera ingresos por 320 mil millones de dólares al año. La mayor parte de los países latinoamericanos no tienen un Producto Interior Bruto de ese tamaño”.
Frente a esa realidad, es bueno proponer una amplia reflexión social y académica, porque desde hace varios años nuestras sociedades están cada vez más narcotizadas.
viernes, 3 de octubre de 2008
Los niños no son el futuro
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 2
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 2
A pesar de su corta edad, Luis Santiago Lozano era uno de los 18 millones 260 mil niños y niñas colombianos para los cuáles se expidió en noviembre de 2006, la nueva Ley de Infancia y Adolescencia.
Según la abogada Beatriz Linares, una de las promotoras desde la Alianza por la Niñez, la nueva ley aspiraba a convertir en sujetos de derechos a más de 2.8 millones de niños y niñas en edad escolar por fuera del sistema educativo, a 2.7 millones de niños y niñas explotados laboralmente; a 2.5 millones que viven en situación de miseria e indigencia, a cerca de 100 mil que se crecen en las instituciones de protección por abandono o peligro; a alrededor de 10 mil utilizados y reclutados por los grupos armados al margen de la ley; a unos 18 mil adolescentes infractores; a 14 mil niños y niñas víctimas cada año de delitos sexuales; a más de 11 mil niños y niñas maltratados en sus espacios familiares y escolares y a los 9 niños y niñas que mueren cada día en Colombia en forma violenta.
Nueve niños y niñas cada día. O sea que, al lado del caso de Luis Santiago que, por obvias razones, mereció todo el despliegue informativo y hasta visita presidencial a la familia, otros ocho niños y niñas “se nos van al cielo” cada día, sin que merezcan una reseña, una mirada, una lágrima.
Si miramos lo que representan esas cifras, tenemos que concluir que, en Colombia, “los niños no son el futuro”, porque ni siquiera les estamos garantizando el presente.
El artículo 44 de la Constitución colombiana establece: “Son derechos fundamentales de los niños: la vida, la integridad física, la salud y la seguridad social, la alimentación equilibrada, su nombre y nacionalidad, tener una familia y no ser separados de ella, el cuidado y amor, la educación y la cultura, la recreación y la libre expresión de su opinión. Serán protegidos contra toda forma de abandono, violencia física o moral, secuestro, venta, abuso sexual, explotación laboral o económica y trabajos riesgosos. Gozarán también de los demás derechos consagrados en la Constitución, en las leyes y en los tratados internacionales ratificados por Colombia.
La familia, la sociedad y el Estado tienen la obligación de asistir y proteger al niño para garantizar su desarrollo armónico e integral y el ejercicio pleno de sus derechos. Cualquier persona puede exigir de la autoridad competente su cumplimiento y la sanción de los infractores. Los derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás”.
Incluso nuestra norma constitucional fue más lejos y en el artículo 42 determina que “Los hijos habidos en el matrimonio o fuera de él, adoptados o procreados naturalmente o con asistencia científica, tienen iguales derechos y deberes.”
Lástima que Luis Santiago y los otros ocho niños y niñas que mueren a diario por hechos violentos en Colombia y los millones que sufren todo tipo de tropelías, desconozcan, en su mayoría, las buenas normas escritas y aprobadas por los adultos para proteger los derechos de infantes y adolescentes.
Nuevas andanzas del Quijote
Por Juan Antonio Ruiz Romero, septiembre 25
Nos cuenta la página de Internet de BBC Mundo, que Don Quijote, el inolvidable personaje literario viajó “de La Mancha a los Andes, gracias a la organización no gubernamental española 'Un mundo amigo', que puso en marcha, por segundo año consecutivo, el rodaje de la serie de televisión sobre la vida del hidalgo en tierras latinoamericanas”.
Por Juan Antonio Ruiz Romero, septiembre 25
Nos cuenta la página de Internet de BBC Mundo, que Don Quijote, el inolvidable personaje literario viajó “de La Mancha a los Andes, gracias a la organización no gubernamental española 'Un mundo amigo', que puso en marcha, por segundo año consecutivo, el rodaje de la serie de televisión sobre la vida del hidalgo en tierras latinoamericanas”.
La producción está titulada 'En un lugar del planeta' como homenaje al conocido comienzo de la novela de Miguel de Cervantes.
El seriado se propone mostrar a niños de España y América Latina los diferentes tipos de vida que llevan los más pequeños en lugares como Guatemala, Perú y Colombia, a través de las aventuras y la visión del caballero andante, que en esta ocasión viaja, no a caballo, sino a bordo de un autobús llamado, como su corcel, Rocinante.
De inmediato, empecé a imaginarme lo que podría ser esa presencia sorprendente y maravillosa de Don Quijote por algunas ciudades colombianas. “Una monedita, por favor” sería lo primero que le pedirían algunas personas, al ver la cara de europeo del ilustre visitante. Luego, al darse cuenta que el emblemático personaje no carga ni un real, le darán la espalda, sin siquiera preguntarle las razones de su visita.
Mientras camina por la plaza central, mirando la iglesia y las construcciones cercanas, personal uniformado de la unidad de Espacio Público se le acerca y le pide su licencia o permiso para caminar disfrazado por las calles de la ciudad y comprobante autenticado del diploma que lo acredita como Teatrero o Actor Protagónico.
–Debe ser uno de esos que nos mandan de otra ciudad - asegura el guardacalles y ante el silencio del personaje, le pide que se retire del lugar. El paro judicial lo salvó de ser llevado ante un juzgado de garantías por “escándalo en vía pública”. Al fin y al cabo, esas mallas pegadas al cuerpo, son bastante sospechosas y de mal gusto.
Algunas cuadras más adelante, Don Quijote se encuentra con alguna familia acogedora y hospitalaria, que a pesar de no creerle el cuento de que es un caballero del medioevo, que busca a su enamorada Dulcinea, lo recibe con un plato de sopa caliente, arepa con mantequilla, calentao de fríjoles y una taza de café con leche.
Después de despedirse, intercambiar los números de sus teléfonos móviles y de prometer volver a verse, aquí o en las llanuras manchegas, el caballero continúa su recorrido. De repente, un motorizado de tránsito ordena detener a Rocinante. Revisa los documentos y resulta que carece de Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito contra Molinos de Viento, SOATMOV, y le inmovilizan el vehículo.
Don Quijote, entre molesto y confundido, empieza a deambular por las calles y en una esquina, salteadores de caminos le quitan la armadura, el escudo y la espada, que luego venden por kilos, en una chatarrería dedicada al reciclaje y que, desde hace algunos meses, se convirtió en empresa exportadora de cobre.
Desesperado, el hijo insigne de Don Miguel de Cervantes, se comunica con la embajada de España en Colombia y les pide colaboración para regresar a su país. En la delegación diplomática, le dicen que solo atienden de 8 de la mañana a 12 del día y que sería quijotesco ir si no cumple con todos los requisitos exigidos para otorgar las visas.
El ingenioso hidalgo, aburrido de tantos agravios y de tantos villanos, se embarca hacia la madre tierra. Sin embargo, al llegar allí, es detenido por tratar de ingresar a España con un pasaporte expedido en 1605, a nombre de un tal Alonso de Quijano. De inmediato, es deportado como cualquier inmigrante ilegal.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
Cuando no hay imposibles
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Jueves 18 de septiembre de 2008
Es una hormiguita, con propulsión a chorro. Alegre, inquieta, vital. Su presencia y compañía no pasan inadvertidas. Lectora voraz, creativa, amorosa y organizada al 200 por ciento.
Marta Leonor Ramírez es una colega periodista que además de una importante trayectoria en los medios regionales, se ganó el respeto de la gente por su trabajo juicioso, su dedicación y responsabilidad.
Para Martica no hay imposibles. Hace un poco más de veinte años, acababa de terminar sus estudios de periodismo en Bogotá y estaba repartiendo hojas de vida. Por aquellas cosas del azar, y durante una breve visita a Bucaramanga, se enteró que había una vacante en el periódico La Tarde de Pereira, que ya para entonces formaba parte del grupo nacional de medios que lidera Vanguardia Liberal.
Sin pensarlo dos veces y como si fuera una vieja amiga de la casa, Martica fue y pidió cita con el presidente del grupo empresarial, Alejandro Galvis Ramírez. Cuando le dijeron que se demoraba un poco porque estaba ocupado, ella dijo que esperaba. Tomó una revista y no se movió, ni siquiera cuando las personas del periódico salieron a almorzar. Siete u ocho horas después, y tal vez, entre curioso y sorprendido por la perseverancia de la jovencita, Galvis la hizo pasar. Cuál no sería su sorpresa, cuando se enteró que iba por la vacante en el periódico de Pereira.
Después de semejante muestra de decisión y constancia el puesto fue suyo.Cuándo llegó a Pereira, ciudad que solo conocía por referencias, se encontró con varios compañeros de la universidad y empezó a mostrar sus capacidades profesionales y su talento.
Pasó por diferentes medios de radio, prensa y televisión, fue asesora de varias entidades y Secretaria de Comunicaciones de la Gobernación de Risaralda, en los tiempos del “Rostro Humano y social con igualdad de oportunidades”.
Hoy, más allá de sus logros y trayectoria periodística, Marta Ramírez es una batalladora.
Desde hace más de un año lucha contra una enfermedad, que no ha podido quitarle su sonrisa y su entusiasmo.Cuando vemos, con su cabello corto y cenizo, a esta mujer valiente que irradia optimismo, sentimos que la vida nos cuenta una historia al oído y nos llama a exprimirle a cada día hasta la última gota.
Aquella Martica que durante veinte años nos regaló noticias, entrevistas y reportajes; hoy nos transmite fortaleza, decisión y valor, en AM, en FM y en Estéreo.
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