miércoles, 9 de junio de 2010

Los recursos públicos no son sagrados

Por Juan Antonio Ruiz Romero

La escena, sin lugar a duda, formará parte de la historia patria contemporánea. En uno de los salones de la Casa de Nariño, 170 congresistas de la bancada de gobierno y de recién llegados de otras fuerzas se reunieron con el presidente Uribe para celebrar la victoria del candidato oficial Juan Manuel Santos en la primera vuelta. El emocionado anfitrión los recibió con desayuno a todo dar. Lo que se les olvidó a todos, incluyendo al inquilino de Palacio, es que la cuenta por el servicio alimenticio prestado, no la pagaron el partido de La U., ni los congresistas, sino los contribuyentes colombianos.

Para ser más claros, una reunión política, a la cual por Constitución no podía participar el presidente de la República, fue celebrada en la misma casa de gobierno y la atención a los visitantes, todos santistas, fue pagada con recursos públicos. Y lo peor, nadie dijo nada. Fue tan evidente, tan directa, tan poco disimulada la participación del mandatario Álvaro Uribe en la campaña presidencial, que se consideró normal el balance de la votación con los congresistas, la invitación a cerrar filas para la segunda vuelta y el cargo del desayuno al Presupuesto Nacional.

Ese mensaje de parcialidad, de preferencia, de participación indebida en política del presidente, símbolo de la unidad nacional, termina generando un mensaje contradictorio de “todo vale”; del “poder es para poder” y “los recursos públicos son para beneficiar a los amigos, los socios políticos y los financiadores de las campañas”.

Es tan ligera, desequilibrada y manifiesta la forma como se manejan los dineros del Estado, son tan evidentes las mafias de los contratistas; las redes de concesionarios e intermediarios, que una campaña y un candidato tuvieron que recordarles a los ciudadanos que los recursos públicos son sagrados y que la buena inversión del presupuesto debe revertir en riqueza social.

Son tan poco sagrados los recursos públicos, que los gobernadores, alcaldes y funcionarios los terminan utilizando como cuota inicial para apuntalar sus futuras aspiraciones. Es habitual encontrar revistas, plegables, cuñas radiales y programas televisivos, en dónde el mandatario, por obra y gracia de sus asesores publicitarios, se convierte en la única imagen para mostrar del departamento o del municipio.

En el reciente informe de gestión de la Gobernación de Risaralda en 2009, el mandatario seccional Víctor Manuel Tamayo aparece en 43 fotografías; con lo cual supera ampliamente las 32 apariciones impresas del ex gobernador Carlos Alberto Botero, en su balance del 2007.

Son tan poco sagrados los recursos públicos que, por ejemplo en nuestra ciudad, la empresa Aguas y Aguas se gasta más de cinco millones de pesos, en un aviso publicitario de una página completa en el periódico, full color, con una foto de la gerente Maria Irma Noreña, para mostrar que “su compromiso con Pereira es transparente”.
Y son tan poco sagrados los recursos públicos que el ex secretario de gobierno de Pereira John Diego Molina, hoy asesor privado y precandidato a la alcaldía, utilizó el año pasado - para atender diferentes compromisos políticos- 400 millones de pesos del presupuesto destinado originalmente a la construcción de los módulos para la reubicación de los vendedores informales de la zona céntrica de la ciudad.

Hoy aún no hay módulos, pero si una campaña en marcha.

miércoles, 2 de junio de 2010

Lo que cuesta tener un ministro

Por Juan Antonio Ruiz Romero

En los medios de comunicación no lo quieren. En Bogotá se ha ganado un espacio en ese mundo cerrado y peligroso que se conoce como la alta política. En Pereira, tanto los que lo conocen de tiempo atrás como los que no, han denigrado de sus decisiones, las cuales consideran más cercanas al trapecismo que a la ortodoxia liberal.

Quedan muy pocas trazas del que fuera joven seguidor de Luis Carlos Galán; impúber, pero valeroso columnista de La Tarde y El Espectador; brillante concejal del Nuevo Liberalismo; juicioso constitucionalista; el hombre de mostrar de la nueva generación política pereirana; el heredero de César Gaviria; el que como presidente de la Cámara votó en contra de la absolución de Samper; el inquieto precandidato presidencial de 2006.

Desde que se rasuró el bigote, que en su juventud le permitió parecer mucho más maduro; el ex senador Rodrigo Rivera Salazar se transformó. Quizás su permanencia de un año en los Estados Unidos, lo convirtió en un ser pragmático, menos idealista, que piensa más en su proyección y en sus metas personales.

A su regreso al país, el abogado unilibrista, se dedicó a promover la tesis obduliana del “estado de Opinión” para justificar el referendo reeleccionista, en abierta contradicción con lo que aprendió de sus profesores de Derecho Constitucional.

Durante una visita a finales de 2009 a Pereira, el recién graduado en locuacidad uribista aseguró que “era necesario encontrar al responsable político de los falsos positivos” y cuando le preguntaron si era el Presidente Uribe, Rivera dijo que “No, sino el Ministro de Defensa Juan Manuel Santos.”

Para cualquier otra persona ese hubiera sido un paso al vacío. Para Rivera no. Conocido el fallo de inexequibilidad del referendo reeleccionista por parte de la Corte Constitucional y una vez en firme la candidatura presidencial de Juan Manuel Santos por el Partido de La U. el dirigente pereirano fue designado Director Político de la campaña. Ni siquiera el ofrecimiento de ser candidato presidencial del Partido de Integración Nacional, PIN, lo iba a desviar de su objetivo principal.

Con pulso de relojero y toda su sapiencia de 12 años como congresista, Rivera se dedicó a aceitar la maquinaria del uribismo, acercando a los viejos conocidos del liberalismo, entre ellos sus ex compañeros Germán Aguirre, Juan Carlos Valencia y Diego Patiño; así como a congresistas, diputados y concejales de todo el país.

En las huestes victoriosas de La U. se da como un hecho la designación de Rodrigo Rivera Salazar como Ministro del Interior y Justicia, apenas se cumpla el partido de trámite de la segunda vuelta, y como reconocimiento a la “actitud seria, comprometida y desinteresada con la campaña de Santos”.
Con cierto sarcasmo, un amigo me decía que se imaginaba en agosto próximo, a todos los que hablaron mal de Rivera durante el último año, haciendo cola para saludarlo y brindarle sus respetos, cuando lo nombren ministro del despacho. No importa cómo. Al fin, un ministro pereirano.

Yo quiero un presidente…

Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 27 de mayo de 2010

Varias personas se preguntan si fueron las encuestas de intención de voto las que terminaron polarizando a los colombianos entre las candidaturas de Santos y Mockus; o si, es el país mismo, luego de ocho años de uribismo, el que experimenta esa radicalización de fuerzas, en donde no caben los puntos medios. Yo me inclinó más por lo segundo.

Pero, para no caer en el juego de los buenos y los malos; los partidarios del gobierno y la oposición y en los calificativos de “apátridas”, a quienes expresen opiniones diferentes, entregaré algunas de las características que, en mi concepto particular, deberá tener el nuevo presidente de Colombia.

Yo quiero un presidente inteligente, estructurado, conocedor de la realidad nacional y que se atreva a proponer soluciones creativas, a problemas de gran impacto social como la pobreza, el desempleo, la penetración del narcotráfico en la sociedad y la calidad de la salud, la educación y los servicios domiciliarios.

Yo quiero un presidente que cumpla la Constitución y las leyes y no termine adecuando las normas para beneficio personal, así cuente con altos niveles de popularidad.

Yo quiero un gobierno de mentes abiertas, en donde se construyan políticas públicas con la participación ciudadana y de las organizaciones de la sociedad civil.

Yo quiero un gobierno en donde la mujer no sea un adorno, sino un actor social con propuestas, inquietudes y responsabilidades.

Yo quiero un gobierno en donde los recursos públicos sean sagrados, en donde los impuestos y las inversiones se manejen con pulcritud y en donde se cierren las puertas a la corrupción.

Yo quiero un gobierno en donde se focalicen los dineros del Estado para superar las desigualdades sociales y no para aumentarlas con subsidios a los más ricos, en detrimento de los más pobres.

Yo quiero un Estado colombiano, con una justicia fuerte y un gobierno sensible con el dolor de las víctimas y no cómplice de los victimarios.

Yo quiero un presidente sin temor a la crítica, acostumbrado a escuchar a los demás, a trabajar en equipo y a tomar decisiones, por impopulares que ellas sean.

Yo quiero un presidente con ética pública, que diga la verdad, que acepte sus errores y sea capaz de corregirlos.

Yo quiero un presidente comprometido con la defensa de la vida de las personas y para quien los derechos humanos sean más importante que las recompensas para eliminar al enemigo.

Yo quiero un presidente con mirada y comportamientos transparentes.

¿Será mucho pedir?

miércoles, 19 de mayo de 2010

La fórmula del sabor

Por Juan Antonio Ruiz Romero

La historia comenzó el siglo pasado. Eran los años de la postguerra. De la Segunda Guerra mundial, toca aclarar, en este país, que lleva 200 años en conflictos de todo tipo. Un ciudadano suizo, andariego, llegó por estos lares y decidió asentarse durante una temporada en Pereira. Esa decisión de Max Jourdan Bidell, que se volvió permanente, le cambió la vida a él y le trajo medio siglo de nuevos sabores a una ciudad que empezaba a sacar la cabeza y a hacerse notoria.

Es increíble que iniciando los años 60, sin estudios de City Marketing ni agencias de publicidad: “El Bolívar Desnudo”, Camisas Jarcano, el ciclista Rubén Darío Gómez; los vestidos Valher y Pastelería Lucerna se convirtieran en la imagen de la que, poco tiempo después, se convertiría en la capital del nuevo departamento de Risaralda.

Y para quienes dudan aún que de los grandes problemas surgen las grandes soluciones, vale la pena recordar la historia de los primeros turrones de Lucerna. En los primeros años, la pastelería y los helados exigían gran cantidad de yemas de huevo como materia prima, pero sobraban las claras. Don Max hizo las consultas con su maestro pastelero y acordaron crear una línea de productos, basándose en viejas recetas españolas e italianas. Así, con la mezcla de claras de huevo, azúcares y maní, nació uno de los productos emblema de la empresa colombo-suiza.

Cada año, Lucerna fabrica alrededor de cien millones de turrones, tanto el tradicional de maní, como los cubiertos de chocolate o aquellos con sabor a café, vainilla, limón y otras variedades. Los mismos que se consiguen en cualquier ciudad colombiana, en Centroamérica y en los mercados para latinos de Estados Unidos, España y Francia.

Después de medio siglo en el mercado, con 145 empleos directos, tres centros de producción; dos salas de té en Pereira y Armenia; dos puntos de venta en Unicentro y el Aeropuerto Matecaña, Lucerna emprende un nuevo reto: incursionar en el apetecido sector de las golosinas, chocolates y caramelos, que vende más de 700 mil millones de pesos al año en Colombia.

Un año demoró la preparación, ajustes, registros y lanzamiento de las nuevas marcas de chocolates: Nuga Nuga, Nuga Blanc y Nuga Melt, en empaques personales de 40 gramos, con los cuales buscan atender un segmento más amplio, a través de una estrategia de comercialización tienda a tienda, con la cual esperan atender inicialmente al Triángulo del Café y luego a mercados locales de Cali, Medellín y Bogotá.

La experiencia de Lucerna es un ejemplo empresarial exitoso, que sirve como referencia para la ciudad. Un manejo administrativo serio, planificado, con un equipo competente, especializado, en donde los directivos no son cuota política y donde los empleados trabajan por la empresa y no solo pensando en su beneficio personal.

Una ciudad desteñida

Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 13 de mayo

En los distintos sitios a los que uno asiste como periodista o como ciudadano, el tema de discusión es: ¿Qué está pasando con Pereira?

A diferencia de otros momentos, en los que los comentarios se referían a los nuevos proyectos en construcción, a las obras del Sistema de Transporte Masivo; a los componentes de renovación urbana; los alcances de la educación gratuita; lo que se percibe en las últimas semanas es un tono de preocupación y angustia. El mismo que han exteriorizado los editorialistas de La Tarde y de El Diario del Otún, dirigentes políticos y gremiales, e incluso, copartidarios del señor alcalde.

Cualquiera podría decir que en la actualidad se están ejecutando obras: La glorieta de la calle 50 con Avenida de las Américas; las vías por valorización; los colegios por concesión; la primera fase del anillo longitudinal; la Ciudadela El Remanso; la Avenida San Mateo, la ampliación del estadio Hernán Ramírez Villegas…

Pero, creo que los comentarios y la percepción, así sea parcial e incompleta, sobre la gestión de la administración municipal van más allá de las inversiones y las obras. Es una sensación de agotamiento, de desazón, de desesperanza…se perdió la confianza en quienes están al frente de nuestra ciudad. Una ciudad que vemos descolorida, sucia, descuidada, como si no tuviera dolientes. Y eso también, en parte, es culpa nuestra.

Nadie duda de la capacidad de convocatoria del alcalde. Lo que pasa es que no la aprovecha para potenciar soluciones a los temas de ciudad, sino solo para apagar incendios mediáticos y dolores de cabeza temporales. Como el del desempleo y los homicidios, que regresan cada mes recargados, con las cifras del Dane y del Consejo de Seguridad.

El gran problema y él lo sabe desde el principio, es que se encuentra muy solo. Un gabinete de muy bajo perfil, en donde varios están pensando más en su futuro personal que en el presente de la ciudad y unos asesores, más acostumbrados a elogiar que a corregir.

Hace unas semanas, el alcalde de Cali preguntó en un Consejo de Gobierno a sus colaboradores quienes se iban a postular para las elecciones del año entrante, con el fin de saber con quién cuenta hasta el final.

Aquí, el alcalde de Pereira debería hacer lo mismo. Pero, además, pedirles la renuncia lo más pronto posible y efectuar los ajustes para el año y medio de gobierno que queda, a ver si logran dar un “timonazo” a la administración y recobra la confianza que le brindaron los pereiranos en las urnas. Hay decisiones que pueden ser impopulares, pero hay que tomarlas y pronto.

El líder, y mucho más cuando es político, tiene que saber escuchar, pedir consejo, construir soluciones y ante todo, aplicar correctivos. Yo quisiera seguir creyendo en el alcalde de Pereira, a pesar de que el tiempo se le está acabando.

miércoles, 5 de mayo de 2010

No podemos equivocarnos

Por Juan Antonio Ruiz Romero

En una columna reciente asegurábamos que, en el caso de los candidatos presidenciales colombianos: “Si hay con quién”, teniendo en cuenta su formación, estilo, trayectoria y propuestas políticas, en dónde hay para todos los gustos.

Más allá de cualquier consideración partidista o de las mismas encuestas, nadie niega el brillo intelectual de Rafael Pardo; la claridad conceptual de Gustavo Petro; la preparación de Germán Vargas Lleras; el entusiasmo de Noemí Sanín; la honestidad e inteligencia de Antanas Mockus y la formación académica de Juan Manuel Santos.

La decisión de los votantes sobre quién será el nuevo presidente o presidenta, implicará desde los ejercicios mentales y muy racionales, hasta los emocionales, en donde primarán las simpatías, los desafectos y lo que los analistas llaman “el voto útil”, entre quienes encabezan los sondeos de opinión. Algunos compararán entre lo hecho y lo dejado de hacer por los aspirantes. La conformación de sus equipos de trabajo y las sombras en su pasado de figuras públicas. Unos votarán por la continuidad de la guerra y otros le apostarán a la educación y a la cultura ciudadana, como fórmula para reconstruir la esperanza.

Y mientras avanza la campaña presidencial, empiezan, en forma paralela, los preparativos, visitas y acercamientos de quienes aspiran a suceder a Israel Londoño en la alcaldía de Pereira. A uno le podría parecer un poco prematuro, teniendo en cuenta que las elecciones son en octubre del año entrante. Pero si tenemos en cuenta que la mayoría de aspirantes son funcionarios públicos que deben renunciar, y que en febrero o marzo del año entrante deberán efectuarse consultas internas de los partidos para elegir sus candidatos, entendemos los cronogramas tan anticipados.

Por ello, apenas acabe la contienda presidencial, tendremos que abrir un debate en Pereira para analizar cuál es el tipo de mandatarios que esperamos para los primeros cargos del municipio y del departamento. Si es suficiente para un candidato ser el ahijado del senador o del representante a la Cámara; si queremos un alcalde, manejado a control remoto, desde un directorio político o desde el exterior; si la capacidad de una persona como administrador se mide por los cargos que ocupó en nombre de su jefe político o si seguimos creyendo que el alcalde debe ser un todero, que se encargue de todos los problemas del municipio, desde la pobreza y el desempleo hasta la tapada de huecos, el traslado de un maestro, el estímulo al emprendimiento y la construcción de unas huellas veredales. O incluso, si a esos cargos debe volver un repitente.

Lo primero que deben hacer los interesados en postularse a la Alcaldía de Pereira y a la Gobernación y que son funcionarios públicos es renunciar. Nos parece que no tiene presentación que secretarios de despacho y asesores, vayan por ahí, en ejercicio de sus cargos, ambientando sus candidaturas y buscando respaldos. Todos tienen derecho a aspirar, pero también tienen que ponerse la mano en el corazón y preguntarse, con toda sinceridad, si están lo suficientemente calificados para asumir el manejo de la ciudad.

En Pereira, necesitamos un alcalde que no solo tenga respaldo político, sino sobre todo reconocimiento y respeto ciudadano. Y eso no se compra, sino se gana. Por eso, aún estamos a tiempo, ya que no podemos equivocarnos.

miércoles, 28 de abril de 2010

¿Qué será lo que tenemos?

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Sin duda debe ser un encanto especial. Algo vibrante, único, genético. Pereira tiene una atracción infinita, tentadora, absorbente. Estamos de moda. El problema es que no fue como resultado de la estrategia de City Marketing y de los esfuerzos entre sectores público y privado. Nos pusieron en boca de todos, a las malas, a empellones, aprovechándose de lo amables y acogedores que somos.

Cero y van tres. La primera fue la columnista colombo española Salud Hernández, quién, luego de una visita relámpago de dos días, se atrevió a aseverar con un facilismo irresponsable que Pereira era la cuna de la prostitución, por encima de Las Vegas, Bangkok, Amsterdam o La Habana. Cuando conoció la reacción de las autoridades, en ese momento encabezadas por una gobernadora y una alcaldesa, la periodista dio por terminado el debate en forma unilateral.

Unos años más tarde, el escritor Gustavo Bolívar, aunque nació en Girardot y creció en Bogotá, le pareció atractivo incluir a Pereira como sede de la historia de la novela de ficción que lo consagró en el mundo de la narcoliteratura y del éxito de ventas, basado en el dolor ajeno. Revisemos lo que dice Wikipedia sobre el particular: “Sin tetas no hay paraíso” generó todo tipo de polémicas en el país, por su lenguaje descarnado y real y por haber desarrollado su trama en Pereira, una ciudad estigmatizada por el narcotráfico y la prostitución donde se produjeron algunas protestas contra el libro y la serie, encabezadas por el alcalde de la ciudad.”

En mayo de 2006, la revista Semana publica un informe titulado Baby Sicario, sobre un joven de 13 años, acusado de homicidio y quién fue rescatado por sus compañeros del Centro de Reeducación Marceliano Ossa. En febrero de 2008, la misma revista vuelve a abordar el tema de las pandillas y el microtráfico de drogas en Pereira y Dosquebradas y, con gran originalidad, lo bautiza: “Los Baby Sicarios”.

Por eso, lo que hizo el programa de televisión REC Reporteros Cuatro del canal 4 del grupo Prisa de España fue retomar la idea y venir a construirla, a como diera lugar. Vale la pena recordar que ese espacio de “periodismo investigativo” se estaba lanzando el viernes pasado 23 de abril y necesitaba “ganar audiencia a como diera lugar”. De acuerdo con lo demostrado por la periodista Angela María Villegas en el canal Une, las entrevistas con los muchachos del Marceliano Ossa fueron un montaje, amarillista, de testimonios ficticios, en donde le pidieron a los muchachos que contaran “historias escabrosas y extremas”. Las órdenes de ingreso al Centro de Reeducación de los tres entrevistados son por hurto agravado, extorsión y complicidad en un homicidio. Ninguno de los tres es un “baby sicario”.

Generalizar es demasiado fácil y puede ocasionar injustos señalamientos. En Pereira, como en muchos sitios del país y del mundo, hay marginalidad, pobreza, crimen organizado, mujeres prepago y jóvenes delincuentes.

Pero decir que nuestra ciudad es cuna de la prostitución, el narcotráfico y los niños sicarios sería como afirmar que todos los españoles no se bañan, son xenófobos, machistas, maltratadores, ventajosos, borrachines y promiscuos.